Cataratas de Iguazú: un paraíso natural

Una semana después de mi llegada a Río, volvería al Aeropuerto internacional de Galeao para tomar el vuelo a Foz de Iguazú, próxima parada del viaje por Sudamérica.

Con algo más de 250.000 habitantes, esta ciudad del estado de Paraná es conocida principalmente por dos cosas: su ubicación, a apenas unos kilómetros de la triple frontera, que une Brasil con Paraguay y Argentina, y sobre todo, por albergar el Parque Nacional de Iguazú, uno de los más conocidos del país gracias a las célebres cataratas que año tras año reciben a miles de visitantes de todo el mundo.

 

                                                  

                                           Aeropuerto de Foz de Iguazú                                 Entrada del Parque Nacional

 

A pesar de que pretendía realizar la totalidad del viaje a América del Sur por tierra, me dí cuenta de que el trayecto a Foz era mucho mejor realizarlo en avión. El precio del billete en bus desde Río ronda los 45€, similar al que ofrecen compañías aéreas como TAM, Gol o Azul, las ''lowcost'' brasileñas...sin embargo, la duración del viaje por carretera supera las 20 horas, que dependiendo de las lluvias o el estado de las carreteras puede llegar a las 27...mientras que el vuelo dura únicamente 2.

Tras salir de la terminal, me encontraría con el autobús de línea que en media hora conecta el aeropuerto con el centro de la ciudad. La primera impresión de Foz fue la de un lugar tranquilo, apacible y mucho más rural...en el que el turismo, a pesar de estar presente, no parece perturbar el día a día de la población.

Aquella tarde la dedicaría a recorrer el centro de la ciudad...un lugar sin grandes atractivos, más allá del tipismo de una ciudad del interior de Brasil, una mezquita y un templo budista (ambos de reciente construcción), unos precios más económicos que Río, y el ir y venir de comerciantes y especuladores que aprovechan la cercanía a Paraguay (visible al otro lado del río Paraná) para comprar y vender todo tipo de productos.

 

                                                  

                                      Panorámica del mirador principal                                Desde la pasarela del mirador

 

Tras una primera toma de contacto con Foz, dedicaría mi segundo día en la ciudad a visitar el verdadero motivo por el que me encontraba allí, las célebres Cataratas de Iguazú. Para ir desde Foz a las cataratas existen dos posibilidades: hacerlo a través de Puerto Iguazú, en el lado argentino, o desde el Parque Nacional do Iguaçu, en el lado brasileño y por el que terminaría decidiéndome.

El transporte entre Foz y el Parque Nacional es bastante bueno. Para llegar, tomaría el mismo autobús que había cogido, pero en sentido contrario, para llegar del aeropuerto a la ciudad (por menos de 1€ al cambio) ya que se encuentra en la misma dirección. En poco más de media hora, tras detenernos en el Parque de las Aves, otro de los lugares más visitados de la ciudad con más de 800 especies exóticas, llegaríamos a la entrada del Parque Nacional do Iguaçu.

Una vez allí, además de las taquillas en las que comprar la entrada (por el equivalente a 12€) encontraremos diferentes tiendas, restaurantes, cafeterías, mapas del parque...así como la parada de un segundo autobús que nos llevará al punto en el que se encuentran las cataratas.

 

                                                  

                                               La Garganta del Diablo                                               Junto a las Cataratas

 

Durante casi 20 minutos, mientras el autobús atravesaba gran parte del Parque Nacional, pude ver uno de los paisajes más verdes que había disfrutado... Al llegar a la última parada, comenzaría la ruta a pie de unas 2 horas en torno a la zona de las cataratas, que paisajísticamente iría ''de menos a más'', pues si al comienzo podían divisarse varios saltos de agua a lo lejos, conforme avanzaba el recorrido la ''explosión'' de naturaleza era cada vez mayor.

Gracias a que era temporada baja y al tiempo cambiante de aquellos días, apenas había visitantes en el parque, por lo que pude disfrutar de un paseo en solitario de lo más especial, en el que tan sólo hicieron acto de presencia algunos grupos de coatíes, así como mariposas gigantes de los colores más dispares.

Pero sin duda el plato fuerte vino al final del recorrido, cuando una pasarela conducía hasta la propia Garganta del Diablo, con saltos de 80 metros de altura. La sensación que se vive en este punto es impresionante...el estruendo que producen las cataratas, el agua que te salpica...Tras casi una hora contemplando cada una de las panorámicas que ofrecen los miradores, tomaría el bus de vuelta convencido de haber vivido una experiencia que sin duda justifica el viaje a esta zona de Brasil.

 

                                                  

                                    Tras jugar al fútbol con niños de Foz                             Foz de Iguazú al atardecer

 

Mis 3 días de estancia en Foz de Iguazú fueron de lo más agradables, y lo cierto es que me vendrían bastante bien para el resto del viaje...si Río de Janeiro había sido alegría, fiesta, celebración y horas de paseo, Foz sería descanso, calma y tranquilidad, con el aliciente de haber disfrutado de uno de los paisajes naturales más bellos de Sudamérica.

Pero antes de abandonar Foz y el estado de Paraná en dirección al sur de Brasil, quise aprovechar la cercanía con la vecina Paraguay y visitar la segunda ciudad más importante del país...un lugar que se antojaba singular y muy diferente a los que había visitado hasta entonces...próximo destino: Ciudad del Este!

 

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