Edimburgo, el comienzo de mi aventura en Escocia

El verano de 2011 llegaba poco a poco a su fin, todo lo contrario que las ganas de emprender el camino hacia un nuevo destino. De esta forma, sin pensarlo dos veces, me aventuraría a recorrer un lugar del que llevaba tiempo queriendo disfrutar. El destino sería Escocia, un país lleno de leyendas, paísajes naturales, rincones con encanto, y como descubriría más tarde, un lugar repleto de gente dispuesta a echar una mano al viajero en apuros.

Gracias a un golpe de fortuna, encontraría un vuelo a Glasgow por 50 euros ida y vuelta desde el aeropuerto de Alicante. La duración del viaje sería de una semana, tiempo que me parecía suficiente para hacerme una buena idea del país, y aunque es cierto que en una semana se pueden llegar a visitar los lugares más carismáticos, Escocia puede dar de sí todo lo que nos propongamos, pues es tremendamente fácil encontrar nuevos alicientes para prolongar nuestra visita por el país del Kilt, del whisky, o del Monstruo del Lago Ness.

En cuanto a precios, Escocia no me parecería un destino caro, pues por ejemplo, en cuanto al transporte, es bastante sencillo encontrar ofertas de compañías de autobuses que ofrecen los primeros billetes de cada itinerario a 1, 3 o 5 libras, albergues en torno a 8 - 12 euros, o supermercados al mismo precio que podríamos encontrar en España.

Decidido el destino, era el momento de decidir la ruta, de modo que observando el mapa de Escocia, planee un itinerario que, teniendo a Glasgow cómo punto de referencia, me permitiera optimizar al máximo los 7 días de los que disponía, recorriendo la mayor parte del país. El itinerario sería el siguiente: al llegar a Glasgow, me desplazaría directamente a Edimburgo, estando allí 3 días, para despúes ir hasta Inverness, al norte del país, atravesando la Región de los Highlands, y pudiendo visitar así la localidad más importante del norte escocés, junto con el famoso Lago Ness, a una hora de distancia.

Una vez en Inverness, trataría de llegar en barco a las Islas Orcadas, para despúes volver hacia el sur, esta vez a Glasgow, y conocer la ciudad antes de  despedirme de Escocia viendo, en Celtic Park, el partido de fútbol Celtic - Motherwell.

 

 

            

                                                     Aterrizando en Escocia                          Carretera Edimburgo - Glasgow

 

Tras cerca de 3 horas de vuelo, aterrizaría en el aeropuerto de Prestwick, a unos 45 km de Glasgow. Justo enfrente de la terminal se encuentra la parada del bus que en una media hora nos lleva a la ciudad, cuyo precio es de 6 libras. Tras llegar a la Estación Central de Glasgow, tomaría de nuevo otro autobús, en esta ocasión a Edimburgo, donde llegaría en torno a una hora después.

Edimburgo, con cerca de 500.000 habitantes, es la capital de Escocia, así como la segunda ciudad más grande del país, después de Glasgow.

Al llegar a la ciudad, se percibe de inmediato un marcado carácter medieval, pues el estilo de sus edificios, los estrechos callejones, y el sonido de las gaitas, parecen trasladarnos siglos atrás. A pesar de tratarse de principios de septiembre, el clima era bastante húmedo y la amenaza de lluvia parecía constante, lo cual no evitaría que disfrutara de una ciudad que continuamente parece transmitirnos nuevas sensaciones.

Tras encontrar alojamiento en un albergue a escasos minutos de de la Royal Mile, calle más famosa de Edimburgo, en la que se encuentran lugares como la Catedral de St Giles, junto a numerosas tiendas y restaurantes, comenzaría a visitar las principales atracciones de las proximidades, entre las que destaca el Castillo de la ciudad.

El Castillo de Edimburgo, situado sobre la colina de Castle Hill, es el lugar más visitado de la zona, y una de las principales atracciones de Escocia. En él, se celebran a lo largo de todo el año numerosas exposiciones, festivales, conciertos.. y su privilegiada situación hace que sea un lugar que sin duda debamos visitar.

Además del Castillo, destacan el Palacio de Holyroodehouse, residencia de la Reina de Inglaterra en Escocia, el monumento a Scott, de estilo gótico y 61 metros de altura, el Parlamento escocés, uno de los pocos edificios de arquitectura moderna del centro de la ciudad, o la colina de Calton Hill, desde donde se ve la mejor panorámica del centro de Edimburgo.

 

   
           

                                                     Castillo de Edimburgo                                  Vistas desde Calton Hill

 

El ambiente en la ciudad era magnífico. Durante esos días se celebraba en Nueva Zelanda el mundial de Rugby, deporte nacional, y las calles estaban repletas de anuncios y referencias al equipo escocés. Los partidos eran televisados a todas horas, y era habitual ver a gente vestida con distintas equipaciones, disfrutando de la ocasión, sin importar demasiado el resultado de los partidos.

3 días después de mi llegada a Edimburgo, adquiriría un billete de autobús a Inverness, a unos 400km al norte, lugar en el que pasaría los dos días siguientes. En principio no tenía idea de qué poder hacer en Inverness, pero su ubicación al norte del país, el hecho de tener que atravesar los Highlands escoceses para llegar allí, y la proximidad al famoso Lago Ness hicieron que no me lo pensara demasiado..

Próximo destino: Inverness

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