Moscú: mis primeros días en la capital rusa

El viaje en tren desde San Petersburgo a Moscú duraría unas 4 horas y media. El tren, de tipo Sapsan, el primero de alta velocidad en Rusia, sería mucho más confortable de lo esperado. A pesar de viajar en el asiento más económico, en segunda clase, la limpieza, servicio y trato de las provodniki harían el viaje de lo más agradable.

La capital de Rusia ha sido, por muchos motivos, una de las ciudades que desde siempre he querido conocer...aquel día estaba radiante...sabía que uno de mis sueños se iba a hacer realidad.

Al bajar del tren en la estación Leningradskiy, en torno al mediodía, varios coros daban la bienvenida a los viajeros cantando marchas militares como ''Katyusha'', ''Kalinka'' o el ''Adiós de Slavianka''...era 8 de mayo y sólo un día después se celebraría el desfile de la Victoria, en el que se conmemoraría el final de la 2ª Guerra Mundial, por lo que el ambiente era de lo más patriótico...banderas rusas, voluntarios repartiendo insignias de San Jorge...incluso muchos veteranos, todos mayores de 80 años, llegaban a la ciudad para las celebraciones luciendo orgullosos sus condecoraciones.

 

                                            

                                      Sapsan, tren de alta velocidad ruso            Exteriores de la estación Leningradsky

 

Tras recorrer los alrededores de la estación, me haría con un bono del metro de Moscú...un medio de transporte que, además de útil, resulta una atracción de interés en sí misma, pues al igual que sucede en el metro de San Petersburgo, en estaciones como Komsomolskaya, Belorusskaya o Kíevskaya, encontraremos mosaicos, lámparas o esculturas propias de un verdadero museo.

Después de 20 minutos de recorrido en metro llegaría a la estación de Arbatskaya, muy próxima a la Calle Arbat, de aproximadamente 1 Km de largo...una de las más pintorescas del centro de Moscú, repleta de tiendas, restaurantes, cafeterías, puestos de souvenirs, y artistas que tocan diferentes instrumentos, pintan cuadros o dibujan caricaturas.

A escasos 100 metros de allí encontraría, en una quinta planta, un albergue juvenil que por unos 7€ diarios ofrecía camas en habitaciones compartidas, un precio realmente bueno para tratarse del centro histórico de la ciudad. Ya tenía, por tanto, el lugar en el que establecerme durante los próximos días en la capital moscovita.

 

                                             

                                                       Metro de Moscú                                 Calle Arbat, en el centro histórico

 

Tras el descanso de rigor comenzaría mi recorrido por el corazón de Moscú dirigiéndome a la zona del Kremlin, a la que llegaría en unos 15 minutos. Dado el desfile militar que se celebraría al día siguiente, con la presencia del presidente y todo tipo de políticos y mandatarios extranjeros, las medidas de seguridad eran muy considerables, por lo que me vería obligado a bordear gran parte del recinto para acceder a la Plaza Roja por el único acceso existente aquel día.

Gracias a este desvío, me encontraría casi por casualidad con uno de los lugares más emblemáticos de Moscú, el Teatro Bolshói, inaugurado en el año 1825, recientemente restaurado, y considerado por muchos como el más importante del mundo. A pocos metros, ya en la Calle Nikolskaya, divisaría el lateral de los Grandes Almacenes GUM, los más lujosos de Rusia, así como la pintoresca Catedral de Nuestra señora de Kazán, destruída en la época comunista y reconstruída a principios de los años noventa.

 

                                             

                                                        Teatro Bolshói                                          Grandes Almacenes GUM

 

Y finalmente...el momento que tanto tiempo había esperado acababa de llegar...ahí estaba...la Plaza Roja, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO...una de las postales urbanas más fascinantes del mundo.

La Catedral de San Basilio, construída por orden de Iván el Terrible a mediados del siglo XVI con sus características cúpulas de colores, los muros del Kremlin con la célebre Torre Spasskaya, de 71 metros de altura, el Mausoleo de Lenin, construído en 1924 tras la muerte del líder comunista, el Museo Estatal de Historia, inaugurado por el zar Alejandro III y con centenares de obras de valor incalculable, la fachada principal de los Almacenes Gum, la propia Catedral de Kazán...recuerdo que durante horas tuve la sensación de querer memorizar cada detalle para no poder olvidar la sensación de estar allí, en el corazón de Moscú, el lugar más emblemático de Rusia.

 

                                             

                                                 Catedral de San Basilio                             Torre Spasskaya, en el Kremlin

 

Tras recorrer cada palmo de la Plaza Roja durante un par de horas, continuaría mi paseo al otro lado del Kremlin, siguiendo el cauce del río Moskva en dirección sur, hacia el templo que, junto a la Catedral de San Basilio, es considerado el más importante de la ciudad, la Catedral del Cristo Salvador.

El origen de esta catedral ortodoxa (la más alta del mundo) data del año 1883, sin embargo, al igual que ocurriera con la Catedral de nuestra señora de Kazán, sería derruída en el año 1931 por el gobierno soviético, para construír en su lugar el denominado ''Palacio de los Soviets'', un colosal edificio que pretendían representara el poder del socialismo en la ''nueva Moscú'', proyecto que nunca llegaría a desarrollarse.

Finalmente, en el año 1995, el gobierno ruso decidió reconstruír un templo que sería consagrado en el año 2000, y que posteriormente albergaría acontecimientos como la canonización del zar Nicolás II o el funeral de Boris Yeltsin, primer presidente de la nueva Federación Rusa.

 

                                             

                                   Catedral de Kazan y Museo de Historia                   Catedral del Cristo Salvador

 

El día llegaba a su fin, y aunque intenso, había estado muy bien aprovechado...en apenas 24 horas había llegado a Moscú, encontrado un alojamiento céntrico y económico, y había visitado algunos de los puntos más emblemáticos de la ciudad...sin embargo, sabía que una capital de más de 12 millones de habitantes tenía todavía mucho que ofrecerme..

Aquella noche, me daría un ''capricho'' cenando en un restaurante de la cadena ''Mu Mu'', en el que a precios razonables ofrecen todo tipo de platos tradicionales rusos...normalmente suelo recurrir a los supermercados, tiendas de ultramarinos, y me cocino yo mismo, pero aquel día era especial...y qué mejor forma de dar por finalizado mi primer día en Moscú que con una sopa Borsch en la Calle Arbat...en vísperas de una jornada que se preveía igualmente apasionante...

 

 ©2017 Mis Rutas por el Mundo