Palma de Mallorca y alrededores

A principios de marzo de 2013, y aprovechando unos días de vacaciones, volvería a emprender el camino hacia un nuevo destino. Tras el viaje por Suiza y Liechtenstein de finales de enero, en esta ocasión quería disfrutar de la costa, del buen tiempo, y de una isla que, a pesar de su proximidad, nunca antes había podido visitar, Mallorca.

Eran muchos los atractivos que veía en Mallorca, pues además de su capital, Palma, con su famosa catedral, centro histórico y puerto deportivo, tenía especial interés en conocer el norte de la isla, y visitar así pueblos como Alcudia o Pollença, además de la Sierra de Tramuntana, Sóller o Inca. Además, desde hacía pocas semanas, Adam, un amigo sueco, había encontrado trabajo en un resort situado en las proximidades de Alcudia, por lo que esta sería la oportunidad perfecta para reencontranos meses después de mi última visita al país escandinavo.

Visitar Mallorca desde la Península es realmente fácil. A pesar de buscar los vuelos con poca antelación, fueron muchas las ofertas de compañías de bajo coste que encontré para volar desde Alicante o Valencia a Palma, así como ferrys desde Dénia o la propia Valencia, aunque dado que el avión era más económico, y teniendo en cuenta el importante ahorro de tiempo, terminé decantándome por la primera opción, adquiriendo un vuelo Alicante - Palma por unos 70€ ida y vuelta.

Además, la amplia oferta hotelera en toda la isla depara opciones para todo tipo de bolsillos, desde los albergues más económicos a unos 8-10 € la noche, hasta los hoteles de 5 estrellas con todo incluído. También es frecuente encontrar ofertas de viajes a Mallorca, en las que, por precios muy competitivos, encontramos incluído vuelo y alojamiento, y si decidimos viajar de por libre alrededor de la isla, las buenas conexiones en autobús hacen que en no más de una hora podamos llegar a casi cualquier punto de Mallorca.

 

           

                                                         Catedral de Palma                               Ayuntamiento de Palma

 

Tras cerca de 45 minutos de vuelo, aterrizaría en el aeropuerto internacional de Palma. Justo al salir de la terminal, se encuentra la parada de autobuses, tanto para ir al centro de la ciudad ( a unos 8 km ) como para ir a la zona del Arenal. El precio del autobús, para ambos destinos, es de 2,50€, y el viaje dura alrededor de media hora.

Aquel día, 1 de marzo, se celebraba el Día de las Islas Baleares, por lo que el centro de la ciudad estaba engalardonado para la ocasión con flores, banderas...y muchos puestos de artesanía, a modo de mercadillo, vendían productos típicos de la región. El primer lugar que visitaría sería el que probablemente es el símbolo de la ciudad, la catedral. Consagrada en 1346 por el rey Jaime III, la Catedral de Mallorca, conocida como ''La Seu'', destaca entre otras cosas por ser la catedral con el mayor rosetón gótico del mundo. Su ubicación privilegiada, a orillas de la bahía de Palma, junto a las murallas de la ciudad, y a un paso del centro histórico, hace del sitio un lugar muy recomendable.

Desde la Catedral, comenzaría a caminar en dirección al centro histórico de la ciudad, repleto de calles estrechas, bien cuidadas, al igual que muchos de sus edificios que parecían recién restaurados. Me sorprendió la poca gente que encontraría por esta zona, pues a pesar de su belleza, muchos de los visitantes se concentran en las grandes avenidas comerciales del centro, en las que se encuentran la gran mayoría de terrazas, restaurantes o tiendas de souvenirs.

Pronto llegaría a la Plaza de Cort, en la que se encuentra el edificio del ayuntamiento de la ciudad, cuya fachada barroca sería declarada en 1931 Bien de Interés Cultural.

 

         

                                                      Plaza Mayor de Palma                       Edificio del centro de Palma

 

Palma me pareció una ciudad muy viva, en la que a pesar de la temporada baja, el turismo hacía acto de presencia. Por sus calles paseaban a partes iguales habitantes de la isla y extranjeros, en su mayoría alemanes, que disfrutaban de un tiempo más propio del verano que de principios de marzo. Tras visitar algunos de los lugares más carismáticos del centro de Palma, como la Plaza Mayor, la Iglesia de San Miguel, o La Rambla, uno de los paseos principales de la ciudad, volvería a la zona próxima a la catedral para, esta vez, detenerme en el paseo marítimo y disfrutar de una costa de agua cristalina, en la que el sonido del oleaje y el olor a mar hacían de aquella una tarde muy agradable.

Nunca he sido admirador del turismo de playa, pues no me gustan las aglomeraciones que durante el verano se dan en muchas de ellas, donde el encontrar un hueco para poner la sombrilla acaba conviertiéndose en una auténtica odisea, sin embargo aquella playa, dada la época del año, en la que apenas había bañistas o gente tomando el sol, resultaba un lugar de lo más tranquilo, ideal para desconectar y dejar a un lado las preocupaciones del día a día.

 

           

                                                  Puerto deportivo de Palma                                Playa de Palma

 

Mis planes para los próximos días consistían en tomar un autobús que, haciendo escala en la ciudad de Inca, me llevara hasta Alcudia, lugar en el que me encontraría con Adam, para posteriormente alquilar un coche y emprender un recorrido a lo largo de la cara noroeste de la isla.

De esta forma, me dirigiría a la Plaza de España, junto a la cual se encuentra la estación principal de la ciudad, conocida como Intermodal. Con la sierra de Tramuntana a un lado, y los campos de almendros al otro, atravesaría Mallorca de sur a norte hasta llegar a Alcudia, una localidad que, con cerca de 20.000 habitantes, vive dedicada al turismo. Tras encontrar el resort en el que trabajaba Adam, visitaríamos las murallas de la ciudad, así como su playa, para posteriormente alquilar un coche y emprender el rumbo hacia el Cabo de Formentor, el punto más septentrional de la isla, donde disfrutaríamos de un paisaje único, repleto de acantilados, y desde el que nítidamente parecía distinguirse la isla de Menorca.

Desde Formentor, nos dirigiríamos a la sierra de Tramuntana, deteniéndonos en la localidad de Pollença, una de las más bellas de la isla, conocida por sus calles medievales o por su Puente Romano. Tras Pollença, nos dirigiríamos a la zona de Sóller, para disfrutar del contraste entre las zonas de costa de Palma o Alcudia y un paisaje de montaña que en 2011 sería declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. La sierra de Tramuntana cuenta con 54 cimas de más de 1000 metros, y encuentra su punto más alto en el pico Puig Major, que con 1445 metros, es la cima más elevada de las Islas Baleares. Lo cierto es que el paisaje era espectacular, y de haber contado con más tiempo, seguro que hubiéramos realizado alguna de las muchas rutas de senderismo que veíamos indicadas, pues sin duda el entorno merecía la pena.

Tras disfrutar de la montaña, volveríamos a Palma, deteniéndonos antes en la ciudad de Inca, que con 30.000 habitantes constituye la población más importante del interior de la isla, y visitando alguno de sus puntos más característicos, como la Iglesia de Santa María la Mayor, o el convento de Sant Bartomeu.

 

          

                                                 Formentor, al norte de la isla                  Aeropuerto de Son Sant Joan

 

Mallorca es una isla que tiene mucho que ofrecer, la ciudad de Palma, sus costas, sus paisajes de interior, su gastronomía, pueblos con encanto, la amabilidad de su gente..sin duda que no tardaré mucho en volver a Baleares, pues no sólo me quedó pendiente conocer la parte este de la isla, con ciudades como Manacor, sino también el resto de islas de componen el archipiélago..Menorca, Ibiza, Formentera...

Tras despedirme de Adam, del paseo marítimo de Palma, del puerto deportivo y de su catedral, emprendería el rumbo hacia el aeropuerto, al que llegaría en poco más de media hora acompañado de varios grupos de alemanes que del mismo modo iniciaban su regreso a casa.

Había sido un fin de semana intenso y muy completo, en lo que sin duda había supuesto una toma de contacto muy positiva con la comunidad balear...

Hasta pronto Mallorca!!