Bucarest (II) y excursión a Brasov

Ni siquiera la lluvia era capaz de enturbiar aquellos días en Bucarest. El mes de junio llegaba a su fin, y el calor se mezclaba con tormentas ocasionales, que no hacían sino refrescar el ambiente de una ciudad que, por aquellos días, vivía con entusiasmo la Eurocopa que se celebraba en Polonia y Ucrania. Los restaurantes siempre estaban llenos..al igual que las terrazas, cafeterías.. la gente disfrutaba de aquellos días de verano, en los que en definitiva, parecían dejarse las preocupaciones a un lado.

Mientras tanto, yo seguía viviendo el día a día de una ciudad que no dejaba de sorprenderme, y en la que cada vez me sentía más cómodo..ya no necesitaba mapas del centro, ni consultar la guía del metro para ir desde Tineretului a la Piata Unirii..incluso empezaba a quedarme con alguna palabra rumana, como el ''multumesc'' con el que daba las gracias, o el ''la revedere'' con el que me despedía tras salir de algún sitio..


          

                                           Plaza de la Revolución, Bucarest                             Ópera de Bucarest

 

Una de las ciudades que desde mi llegada a Rumanía quería visitar, era Brasov. Con 280.000 habitantes, y ubicada en una zona montañosa, Brasov es una de las ciudades más importantes de la región histórica de Transilvania, y sin duda, una de las zonas más bellas de todo el país.

Tras llegar en metro a la Gara de Nord, estación principal de trenes de Bucarest, adquiriría el billete a Brasov por unos 12€, viajando en 2º clase. La distancia que separa Bucarest de Brasov es de 166Km, y el tren suele tardar unas 3 horas y media en cubrir este trayecto.

El paisaje era cada vez más montañoso..el clima cambiante hacía algo más especial esta travesía a través de los Cárpatos rumanos, y los extensos campos de trigo eran sustituídos por zonas boscosas, coronadas por cumbres que superaban los 1000 metros de altitud.

 

              

                                       Busteni, localidad próxima a Brasov                  Parque de las afueras de Brasov

 

Llegaría a Brasov a media tarde. La temperatura había descendido con respecto a Bucarest, pero aun así rondaba los 20º. Desde la estación, ubicada a las afueras de la ciudad, caminaría unos 20 minutos a través de una extensa avenida, hasta llegar al centro histórico.

Si bien al llegar a la ciudad apreciamos zonas industriales, así como construcciones de la época comunista, similares a las que podemos encontrar a las afueras de Bucarest, la estética del casco antiguo cambia totalmente, encontrando edificios de arquitectura gótica, renacentista o barroca, así como pequeñas calles llenas de comercios, restaurantes y mercadillos.

Brasov es una ciudad en la que se respira cultura. Durante aquella tarde observé al menos 3 exposiciones realizadas al aire libre, así como numerosos museos, galerías de arte...incluso al llegar a la plaza principal (Piata Sfatului) disfruté de una obra de teatro en la que varios actores interactuaban con el público.

Una de las cosas que llaman la atención de Brasov, es el enorme cartel situado en la cima de una montaña próxima, con el nombre de la ciudad, al más puro estilo Hollywood, que puede contemplarse desde prácticamente cualquier punto del centro.

Además del encanto de su centro histórico, en Brasov podemos visitar la famosa Iglesia Negra, conocida por ser el mayor monumento religioso gótico del sudeste de Europa, la Puerta de Santa Catalina, única que se conserva de la ciudad antigua, así como las fortificaciones de la ciudad, o la Casa del Consejo (ubicada en la propia Piata Sfatului).

 

               

                                       Piata Sfatului, en el centro de Brasov                          Panorámica de Brasov

 

Pero sin duda, la mejor atracción de Brasov, es pasear por sus calles, vivir sus mercadillos...y sobre todo, tratar de subir mediante los numerosos senderos que parten del centro de la ciudad a alguna montaña de los alrededores, desde donde podréis contemplar magníficas vistas de la Brasov, además de disfrutar de un entorno natural que sin duda merecerá la pena.

Llegada la noche, y con la consiguiente bajada de temperaturas, disfrutaría algo de la vida nocturna de la ciudad, antes de emprender de nuevo el rumbo a Bucarest, donde llegaría a la mañana siguiente.

El viaje llegaba a su fin, y era el momento de decir adiós. Al abandonar Rumanía tuve la extraña sensación de que, por un lado, el tiempo había pasado muy rápido, pero a la vez, todo comenzaba a resultarme familiar, como si en lugar de unas semanas hubiera estado por allí años..

Sin duda sería un viaje que no olvidaría, y del que conservaría muchos recuerdos, pero como casi todo, esto también había llegado a su fin, y era momento de volver a casa, con la seguridad de que pronto, comenzaría una nueva aventura...

 

                 

                                                   Aeropuerto de Otopeni                                            ¡Rumbo a casa!

 

....Multumesc mult Romania!

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