Llegada a Rumanía: Bucarest (I)

Mes y medio después del viaje por Turquía, el destino me llevaría a visitar dos países que, en principio, no estaban en mi agenda de próximas visitas. Dos países algo desconocidos para el viajero de a pie, que suelen quedar en segundo plano a la hora de realizar un viaje por la Europa más oriental, y que como descubriría durante aquellos días, guardan un gran número de peculiaridades.

Rumanía y Bulgaria, son en general, países con una gran variedad de contrastes. Su ingreso en la Unión Europea en el año 2007 evita cualquier complicación a la hora de visitarlos, pues a los ciudadanos comunitarios nos vale con presentar nuestro DNI o pasaporte en vigor, sin necesidad de adquirir ningún tipo de visado.

En este caso, la mayor parte del viaje daría lugar en Rumanía, concretamente en Bucarest, desde donde trataría de visitar lo máximo posible de una zona que, hasta el momento, era totalmente desconocida para mí. Las dos visitas que en principio tenía previstas eran, en primer lugar, a Brasov, ciudad más importante de la montañosa región de Transilvania, y según había leído, una de las más bellas de toda Rumanía, y en segundo lugar, cruzar la frontera con Bulgaria, pues si bien había oído que las conexiones en esta zona no eran del todo buenas, tenía un gran interés en contrastar las diferencias y similitudes existentes entre ambos países.

 

               

                                                 Parlamento de Bucarest                                          Arco del triunfo

 

Llegaría a Bucarest en un vuelo directo desde Alicante, con la compañía Wizzair, a eso de las 2 de la madrugada. Desde el aeropuerto de Otopeni, el más importante de la ciudad, existen durante el día numerosos autobuses que parten desde la terminal al centro de Bucarest, y a un precio muy razonable (unos 8,5 lei, algo más de 2 euros), aunque dada la hora de llegada, la única opción sería la de coger un taxi.

En general, hay dos tipos de taxis en Rumanía, los legales (amarillos y con taxímetro) y los consistentes en coches de particulares con los que hay que acordar un precio previamente (normalmente algo más baratos que los primeros). En este caso, los taxis ''legales'', a pesar de contar con taxímetro, pedían de entrada un precio desorbitado, argumentando que el servicio entre el aeropuerto y la ciudad era ''especial''..por lo que opté por la segunda opción, contratando junto con dos chicas de Alicante un taxi hasta la piata Victoriei por 3 euros cada uno.

Ya al día siguiente, comenzaría a visitar una ciudad que parecía lucir dos estilos muy diferentes. En primer lugar, al pasear por el centro histórico de Bucarest, uno aprecia edificios y monumentos de estilo clásico, algo descuidados, pero con encanto, que nos hacen imaginar el motivo por el que durante años la ciudad fue conocida como la París del este...terrazas repletas de gente, cafeterías, restaurantes, galerías de arte, pequeñas tiendas...y por otro lado, una marcada estética estalinista, con enormes avenidas repletas de bloques de pisos de stilo soviético, fácilmente apreciables una vez que salimos del casco antiguo de la ciudad.

             
                

                                            Piata Unirii, centro de la ciudad                            Lago del parque Herastrau

 

El centro neurálgico de la ciudad, es la Piata Unirii. Esta gran plaza, es el centro de las comunicaciones de Bucarest, ya que en ella confluyen dos líneas de metro, además de numerosas paradas de autobús y tranvía. En ella se ubica además un gran centro comercial, el único que apreciaría durante mi visita a la ciudad, con varios restaurantes occidentales de comida rápida y tiendas de ropa, así como bares, oficinas de cambio de divisas, y diversos lugares de ocio.

Desde la Piata Unirii, llegamos andando fácilmente, al que probablemente sea el lugar más emblemático de la ciudad, el Palacio del Parlamento Rumano. Conocido coloquialmente como la Casa del Pueblo, son muchas las cifras que se manejan de un edificio realmente peculiar...edificio más grande del mundo tras el Pentágono, más pesado del planeta..lo cierto es que para la construcción del mismo, se emplearon más de 20.000 trabajadores en turnos de 24 horas, y fue necesario el derribo de unas 7000 viviendas, además de parques, iglesias y monasterios.

Comenzado a construir por Ceausescu en 1983, aun no ha sido terminado, aunque la majestuosidad de sus 12 plantas (además de las 8 subterráneas) puede apreciarse desde gran parte de la ciudad. Cuestiones estéticas al margen, lo cierto es que el edificio es imponente, y si disponéis de tiempo suficiente, puede ser recomendable una visita a su interior, gracias a los recorridos guiados que se realizan diariamente de 10:00 a 16:00, por un precio de unos 6 euros.

Uno de mis lugares favoritos de Bucarest, es el Parque Herastrau, situado al norte de la ciudad. Pasear en verano por este parque es una de las mejores actividades que Bucarest ofrece en esta época del año, pues durante nuestro recorrido (que puede prolongarse tanto como queramos) disfrutaremos de lagos, amplias zonas verdes, terrazas, monumentos, zonas deportivas...y en general nos contagiaremos de un ambiente alegre, en el que la gente disfruta del buen tiempo, de la naturaleza, y del oasis que supone un sitio así en una ciudad repleta de movimiento.

 

                

                                                   Iglesia de Sf. Anton                                           Estación de Tineretului

 

Una de las cosas que me llamaron la atención de Bucarest, es la gran cantidad de iglesias y monasterios que encontramos casi en cualquier parte. Lo curioso, es la poca publicidad que se da de estos lugares, a pesar de que muchos de ellos sean verdaderas joyas arquitectónicas, pues prácticamente ninguno aparece anunciado en mapas o guías turísticas. Algunos de mis favoritos, en cuanto a estética se refiere, son la Biserica Rusa, con cúpulas acebolladas, que parecen trasladarnos a Moscú, Stravropoleos, en pleno dentro histórico, o la Biserica Coltea, aunque tras volver a visitar la ciudad meses mas tarde, descubriría nuevas iglesias de igual o más belleza que las anteriores, por lo que mi consejo es que mantengáis los ojos abiertos durante vuestra visita, y así descubriréis lugares que al margen de cuestiones religiosas, os resultarán especiales.

En cuanto al transporte, sin duda la mejor forma de moverse por Bucarest es el metro. Puntual, seguro, y sobre todo, barato, pues un bono de 10 viajes nos costará 8 lei, el equivalente a 2 euros.

En cuanto a la comida, no resulta caro comer en Bucarest, pues los precios en los supermercados son alrededor de una tercera parte más baratos que en España. Además, es fácil encontrar puestos callejeros en los que comprar perritos calientes, pizzas o bocadillos por menos de 1€. Al margen de eso, los restaurantes no suelen ser caros, y un menú normal no debe costar más de 5 o 6 euros.

Los primeros días en Bucarest fueron bastante positivos, y pronto me acostumbraría a su estilo de vida. Todavía quedaba por delante lo más importante..terminar de conocer la ciudad, hacer alguna escapada..y disfrutar tanto de Rumanía en general como de su gente en particular...


 

 ©2017 Mis Rutas por el Mundo