Giurgiu y Ruse, un viaje a la frontera entre Rumanía y Bulgaria

Los días en Bucarest transcurrían con tranquilidad. El clima, similar al que por aquellas semanas de verano se vivía en Murcia, mi ciudad natal, invitaba a la gente a pasear, salir a la calle, comprar en los mercadillos, disfrutar de un helado..sin duda los días parecían ralentizarse, aunque como suele ser habitual, mis ganas por emprender el camino seguían en aumento, aprovechando así uno de estos días para hacer una excursión a Bulgaria, viviendo una de las jornadas más peculiares de mi viaje.

En principio, y dados los 296 km que separan Bucarest de Sofía, capital del país, me planteé ir en tren hasta allí, pasar la noche, y volver al día siguiente,pues dada la distancia, imaginaba que el tren no demoraría más de 4 - 5 horas en cubrir este trayecto. Cual fue mi sorpresa cuando descubrí que, en el mejor de los casos, el tren tarda más de 10 horas. De esta forma, traté de planear un destino alternativo, al que tardara menos en llegar. La primera idea que tuve, fue la de ir a Varna, ciudad costera a unas 4 horas de Bucarest, desde donde salen varios autobuses al día, por unos precios razonables (10 - 12€), aunque esta visita no me terminaba de convencer, pues según había leído, Varna era un sitio púramente turístico, y más en esta época del año, por lo que la idea de un viaje de, en total, 8 horas, para un día de sol y playa, no me terminaba de convencer.

Fue así como observando el mapa descubrí un sitio realmente curioso, la ciudad de Ruse. Ubicada a orillas del Danubio, frontera natural entre Rumanía y Bulgaria, Ruse es la primera ciudad que encontramos al entrar en territorio búlgaro. Siempre me han llamado la atención las poblaciones próximas a las fronteras, dado el ambiente que se vive en ellas...aduanas, viajeros, vendedores de todo tipo de productos..y esta no me iba a defraudar.

 

               

                                  Llegando a Giurgiu, en la frontera búlgara          Primeras indicaciones en cirílico

 

Comenzaría mi viaje a primera hora de la mañana, cogiendo un autobús desde Bucarest hasta Giurgiu, última ciudad rumana antes de cruzar la frontera búlgara, donde me aseguraron que existía facilidad para, incluso a pie, cruzar la frontera. El viaje duraría algo más de una hora, atravesando pequeñas poblaciones rurales, y extensos campos de trigo que amenizaban el paisaje, hasta que una vez en Giurgiu, comenzaría la aventura.

Para ser sinceros, no tengo un gran recuerdo de este lugar. Al llegar a la estación de autobuses, traté de solicitar información para llegar a Ruse (a unos 5km de alli) pero nadie trataba de ayudarme...las mujeres que se encargaban de vender los billetes directamente me ignoraban al ver que era extranjero, y el resto de pasajeros de la estación me miraba con cara de...¿qué estás haciendo aquí?..hasta que un policía, al ver en mí la posibilidad de negocio, me conduciría hasta un taxista con el que seguramente llevaba comisión.

El taxista, me ofrecería cruzar la frontera por, atención, 100€, argumentando que tenía que pagar un ''peaje especial'' para trasladar pasajeros entre estos dos países. Yo evidentemente me negué, y comencé a negociar con él, hasta que llegamos al acuerdo de que me conduciría hasta la misma frontera, por 10€, a partir de ahí yo seguiría andando, y él no tendría que pagar ningún ''peaje especial''.

Evidentemente esos 10€ seguían siendo un precio inflado, pero era mi única opción, pues no era posible ir directamente andando desde la estación, ya que el puesto fronterizo se encuentra, literalmente, en mitad de la nada, y no creo que hubiera conseguido llegar en solitario dada la falta de indicaciones.

Tras despedirnos del policía con cara de ''ya me darás lo mio'', continuamos el viaje en taxi hacia la frontera. Al bajarme del taxi, comencé a andar, y traspasé sin ningún problema la aduana rumana, pues ni siquiera me pidieron el DNI. Fue aquí cuando comencé a andar por un tramo de bosque, hasta llegar a un inmenso puente que cruzaba el Danubio. Al otro lado se divisaba Ruse, mi ansiado destino.

Dado el entorno natural en el que me encontraba, la grandeza de aquel puente, y el hecho de que el Danubio sea desde viajes anteriores uno de mis ríos favoritos, decidí tomar un par de fotos del lugar, cuando de pronto, 3 policías búlgaros se aproximaron corriendo hacia mi.

Tras llevarme con ellos a la garita de la aduana, pedirme la documentación, e interrogarme sobre mis propósitos en el país, me dijeron en un inglés chapurreado que tenían que quedarse con mi cámara, puesto que era ilegal hacer fotos allí, dado que era una ''zona militarizada''. Ante mi sorpresa, me negué a darles la cámara, pues delante de ellos borré las fotos que había tomado del puente y consideré muy desproporcionada su acción. Además, dado que no comprendían que visitara Ruse únicamente por motivos turísticos, argumenté que era estudiante de arte, y mi intención era tomar algunas fotografías de sus iglesias y monumentos, para lo cual la cámara me era imprescindible.

Dado que mis argumentos les parecieron lógicos, y que uno de los policías parecía sentir simpatía hacia España (ese día había partido de la Eurocopa, y se despidió de mi con un ''Villa, Iniesta!!'') proseguí a pie mi interminable camino a lo largo de aquel puente, bajo la mirada de uno de estos policías, que me seguía en coche a unos 20 metros, para asegurarse de que no volvía a tomar fotografías.

 

            

                                                   Plaza principal de Ruse                               Calle del centro de Ruse

 

Al atravesar el puente, y ver a los policías dar la vuelta rumbo a su garita, cambié algo de dinero en Lev, moneda búlgara, y continué mi camino hacia la ciudad. Para ello, por 1 lev (50 céntimos) tomé un destartalado autobús que tal y como me indicó el conductor se dirigía hacia el centro de la ciudad.

Ruse, con 150.000 habitantes, es la quinta ciudad de Bulgaria, y resulta un sitio agradable para pasear. Dado el paisaje industrial que se aprecia desde las afueras (central nuclear incluída), me sorprendió lo monumental de su centro histórico, con edificios cuidados, parques, y gran cantidad de gente paseando por las calles comerciales que nacen de su plaza principal.

Dado lo ajetreado que había sido mi viaje de ida, lo primero que hice al llegar a Ruse fue localizar la estación de tren, para tratar de volver en este medio a Bucarest, y así evitarme caminatas, negociaciones con taxistas etc.. Al llegar me informaron de que esa misma tarde, saldria el único tren con destino a Bucarest, asique sin pensármelo dos veces compraría por 18Lev (unos 9 euros) el billete que me llevaría ''de vuelta a casa''.

El resto del día lo emplearía paseando por el centro de Ruse, visitando alguna de sus iglesias, disfrutando de sus parques, y fotografiando alguno de los monumentos de su centro histórico, muchos de ellos en memoria de los caídos en las numerosas guerras que han azotado esta zona. En general me pareció una zona con muy poco turismo, pues en las horas que pasé recorriendo la ciudad, o en la estación de tren, no aprecié practicamente ningún extranjero.

 

              

                                             Comercio del centro de Ruse                      Iglesia próxima a la calle principal

 

Antes de llegar a Ruse, había oído hablar en Rumanía sobre la ''inseguridad'' de Bulgaria, pero lo cierto es que en ningún momento tuve sensación de peligro, inseguridad o riesgo de robo. Supongo que estas afirmaciones nacen del recelo entre vecinos más que de las propias experiencias, pues si en España se habla de la ''inseguridad'' de Rumanía, en Rumanía se habla del mismo modo de Bulgaria y Moldavia, al igual que en estos países hablarán igual de alguno de sus vecinos, siguiendo esta cadena sin fin. Mi consejo es que visitéis ambos países sin prejuicios, pues a pesar de que este fue el único día que pasé en Bulgaria, estoy seguro de que al igual que en Rumanía, podréis encontrar gente maravillosa.

En cuanto a precios, Bulgaria me pareció algo más cara que las zonas de Rumanía que había visitado, sin embargo los precios seguían siendo razonables en comparación con España, especialmente en la comida.

En general, Ruse no es un lugar al que vayamos a ir expresamente, pero si disponéis de varios días por esta zona, os recomiendo que os acerquéis, pues pasaréis un día agradable. Tras despedirme de los pintorescos edificios del centro histórico, del teatro, los parques, iglesias, y carteles en alfabeto cirílico (he de confesar que me hacían especial ilusión), partí en tren rumbo a Bucarest, no sin antes gastar mis últimos Lev en un par de bebidas para el camino.

 

             

                                                Estación de trenes de Ruse                         Volviendo en tren a Bucarest

 

Al poco tiempo de abandonar la ciudad, el tren cruzó el puente que significaba la vuelta a territorio rumano, algo que me alegré enormemente de no hacer andando. A las 2 horas de viaje, el tren llegó a la Gara de Nord, estación de trenes de Bucarest.

Los próximos días seguiría disfrutando de Bucarest, conociendo gran parte de sus encantos, y preparando la que sería mi próxima excursión por el país, esta vez a la ciudad de Brasov..

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