París, el comienzo de mi aventura

Aterrizaría a media mañana en el aeropuerto de París - Beauvois. A pesar de estar a principios de julio, la temperatura rondaría los 15º, y el cielo amenazaba lluvias en cualquier momento. tras salir de la terminal, me dirigiría hacia una taquilla en la que adquirir el billete del autobús que en pocos minutos partiría hacia el centro de París.

Recuerdo perfectamente el momento en el que vi por primera vez la Torre Eiffel. A pocos kilómetros de llegar a la capital francesa, su perfil comenzaba a distinguirse en el horizonte, ante el asombro de los extranjeros que nos encontrábamos en el autobús, que comenzamos alegremente a fotografiarla, mientras que los franceses, acostumbrados a ella, no le prestaban la menor atención.

El autobús nos dejaría en Porte de Maillot, al oeste de la ciudad, en las proximidades de una estación de metro a la que acudiría para dirigirme al distrito 18, lugar en el que me encontraría con Luis Fernando, un amigo colombiano que se había ofrecido amablemente a hospedarme durante mi estancia en la ciudad.

 

           

                                           Llegada a París, en Porte Maillot                             Notre Dame de París

 

Llegar a París me hizo desde el principio una gran ilusión. En viajes anteriores había tratado de evitar lugares ''turísticos'', pues me apasionaba la idea de descubrir lugares ''nuevos'', más allá de las ciudades que siempre veía anunciadas en agencias, revistas, o medios de comunicación. Eran muchos los anuncios sobre Disneyland, Londres o Roma, pero pocas veces había oído información sobre Letonia, Eslovaquia, Bulgaria...y eran este tipo de países los que deseaba descubrir. Sin embargo la sensación de pisar París fue en todo momento única...ver los anuncios en francés..oír hablar en este idioma, y en definitiva, vivir una ciudad tan cosmopolita, que para muchos es la capital del mundo, era algo especial.

Tras casi media hora en metro, llegaría a la estación de Chateau Rouge, próxima a la casa de Luis Fernando, y fue allí donde comencé a ser consciente de la multiculturalidad de esta ciudad. Más que en París, parecía encontrarme en Dakar o Bamako, pues era el barrio africano de la ciudad. Las tiendas de ropa, comida..los restaurantes..la práctica totalidad de los negocios estaban regentados por africanos, y era difícil encontrar algún ''europeo'' paseando por sus calles.

Aquella tarde, tras encontrarme con mi anfitrión y su compañero de piso irlandés, saldríamos a cenar para celebrar nuestro reencuentro y el comienzo de mi viaje. Esa sería la última vez hasta mi llegada a Lituania en la que iría a un restaurante.

 

                                  

                                                         Junto a la Torre Eiffel                     Río Sena...al fondo, la Torre Eiffel

 

A la mañana siguiente, comenzaría a descubrir el verdadero centro de París. A pesar de la inmensidad de la ciudad, no me resultaría difícil orientarme, pues la práctica totalidad de atracciones turísticas se encuentran a una distancia razonable entre sí. Además, el tiempo de aquella mañana, junto con mis ganas de descubrir la ciudad, me permitieron caminar durante horas, pudiendo así empezar a conocer una ciudad con enorme encanto.

La Catedral de Notre Dame, la Torre Eiffel, el Palacio Nacional de los Invalidos, el Arco del Triunfo o el Museo del louvre fueron algunos de los lugares que visité durante aquel intenso día, lleno de emociones, contrastes y sensaciones únicas. Algo que me sorprendió positivamente de París fue el hecho de que la visita de muchas de sus atracciones eran gratuítas para jóvenes europeos menores de 25 años, por lo que contemplaría las obras de arte del Louvre, o la espectacular panorámica de París desde lo alto del Arco del Triunfo sin gastar ni un solo euro.

En general, París me pareció una ciudad segura, pues a pesar de los típicos intentos de timos en las zonas más turísticas, o de los intrépidos carteristas que circulan por el metro, en ningún momento tuve sensación de inseguridad. En cuanto a precios es una ciudad aparentemente cara, aunque mi bolsillo no lo notaría especialmente, pues salvo la primera noche, el resto de días cocinaría mi propia comida, evitando cualquier tipo de restaurante, así como las tiendas de ropa, souvenirs, o de cualquier otro tipo. Realmente el único gasto diario que tendría sería el del metro, aunque por lo general, trataba de desplazarme a pie al máximo número de lugares posibles.

 

               

                                              París desde el Arco del Triunfo                                  Museo del Louvre

 

Una de las zonas que más me gustaron de París fue Montmartre, barrio próximo a la Basílica del Sacre Coeur, lleno de pequeñas calles, tiendas, y zonas habilitadas para que los artistas expusieran sus obras. La ciudad está llena de historia, y Luis Fernando, mi anfitrión, era un gran conocedor de la misma. Durante una mañana entera me acompañaría a lo largo de esta zona para enseñarme algo más del ''otro París'', de sus historias, leyendas..incluso me mostró la primera casa en la que vivió Picasso all llegar a la ciudad, o la mansión en la que vivió la cantante Dalida, de la que él era gran admirador.

También visitaríamos el famoso cabaret de Moulin Rouge, o la cafetería donde se filmó la película ''Amélie'' de Jean-Pierre Jeunet, en la que entraríamos a tomar un ''chocolat'' para así librarnos de la lluvia que comenzaba a caer.

Aquella tarde la dediqué a visitar el Palacio de Versalles, al que llegué mediante un tren de cercanías por unos 8€ ida y vuelta. Me pareció un lugar agradable, especialmente por sus jardines, aunque la gran cantidad de turistas y las enormes colas que se formaban para casi todo harían que no alargara demasiado mi visita a este lugar.

De vuelta a París, decidí detenerme en un lugar especial para los amantes del tenis, las instalaciones de Roland Garros, en las que por culpa de la lluvia, apenas había gente, pudiendo así entrar en la práctica totalidad de pistas, tiendas y lugares dedicados al mundo de la raqueta.

 

                             

                                                      Frente al Sacre Coeur                               Barrio de Montmartre

 

Me gustaba el día a día de París, madrugar, coger el metro, oír hablar en francés, ver la diversidad de sus barrios...pero se acercaba el momento de partir hacia mi próximo destino..

Una buena mañana me despediría de mis anfitriones y partiría rumbo a la estación de Porte de Bagnolet..

Próximo destino...Bélgica!