Sergiev Posad: una de las joyas de Rusia

Mi aventura en Moscú llegaba a su fin, pero antes de despedirme de Rusia no podía dejar de visitar Sergiev Posad, uno de los lugares más bellos de todo el país.

Ubicado a unos 70 kilómetros al nordeste de Moscú, y con una población cercana a los 100.000 habitantes, Sergiev Posad es conocido por albergar el Monasterio de la Trinidad y San Sergio, uno de los centros espirituales más importantes de la iglesia ortodoxa rusa, que gracias a su arquitectura, templos y obras de arte fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 1993.

Además, tras casi dos semanas en San Petersburgo y Moscú, me apetecía visitar parte de la Rusia ''rural'', pues siempre he pensado que, a pesar de que en las grandes ciudades se encuentran la mayoría de atractivos, es en los pueblos donde de verdad se percibe la realidad de un país, y Sergiev Posad, en la región del Anillo de Oro, era la opción ideal.

 

                                               

                                         Estación de Yaroslavsky, Moscú                              Llegada a Sergiev Posad

 

Tras levantarme a eso de las 8 de la mañana tomaría el metro hasta la Estación de Yaroslavsky, ubicada en la Plaza Komsomolskaya, en el centro de Moscú. Desde esta mítica estación, además del Transiberiano y los trenes que conectan Moscú con el Extremo Oriente ruso, parten cada media hora los trenes hacia Sergiev Posad, cuyos tickets podemos comprar fácilmente en unas máquinas electrónicas disponibles en inglés. En menos de 5 minutos me haría con mi billete, el más barato de todos, que al cambio me saldría por unos 3€.

Hemos de tener en cuenta que, a pesar de que la frecuencia de trenes que parten hacia Sergiev Posad es muy variada, no todos son iguales...pues los hay de distinto tipo, clase y número de paradas...por ello recomiendo que, antes de entrar al tren, mostréis vuestro ticket y preguntéis a algún empleado si se trata del correcto, ya que de lo contrario podréis tener algún malentendido con las provodniki durante el viaje, algo poco recomendable si no manejáis con fluidez el ruso.

Tras casi 2 horas de viaje e innumerables paradas (por algo se trataba del tren más barato) por fin llegaría a Sergiev Posad. El trayecto sería de lo más variopinto, pues numerosos vendedores subían y bajaban del tren ofreciendo productos de lo más diversos....ropa, aparatos electrónicos, paraguas, utensilios de limpieza, bebidas...y el vagón, aunque relativamente cómodo, parecía sacado de los años 60, dándole al viaje un toque mucho más pintoresco.

 

                                               

                                  Panorámica Monasterio de San Sergio                            Entrada del Monasterio

 

La primera impresión de Sergiev Posad es bastante normal...frente a la estación de tren se encuentra una pequeña terminal de autobuses y varias zonas comerciales, con algún supermercado, restaurante y tienda de souvenirs...sin embargo, a sólo 15 minutos de paseo en línea recta, encontraría un mirador con una de las panorámicas más bonitas que había visto, la del Monasterio de la Trinidad y San Sergio, una verdadera obra de arte.

Para entrar en el complejo del Monasterio, y al contrario de lo que había leído, no tuve que pagar ningún tipo de entrada. Algo que me llamó la atención fue el escaso número de extranjeros que encontré durante toda la mañana...había muchos visitantes, pero la gran mayoría eran rusos y fieles ortodoxos que acudían por motivos religiosos...es cierto que había algunas tiendas de iconos, postales y souvenirs, pero en general, más allá de un entorno turístico, se respiraba un ambiente espiritual, de recogimiento...

El primer templo al que me dirigí fue a la Catedral de la Asunción, construída a mediados del siglo XVI bajo la orden de Iván el Terrible...si ya el exterior llama la atención, especialmente por sus cúpulas azules con estrellas doradas, el interior no se queda atrás...la suntuosa decoración, y sobre todo el respeto con el que los fieles besaban y rezaban a los distintos iconos daban al lugar un ambiente sobrecogedor.

 

                                               

                                               Catedral de la Asunción                                  Iconos del interior del templo

 

Justo al lado de la Catedral se encuentra una pintoresca capilla de color rojo, frente a la que numerosos fieles hacían cola cargados con garrafas y botellas de agua vacías, y es que en su interior, de apenas unos metros cuadrados, se encuentra un pozo del que emana agua bendita, que los allí presentes recogían para llevar a casa.

Lo cierto es que en pocos lugares del mundo he encontrado tanta belleza en tan poco espacio...junto a la Catedral y la Capilla de la Asunción, la Capilla Krasnogorskaya, la Iglesia Nadvratnaya, la de San Sergio, la Catedral de la Trinidad, la Torre del Campanario (de 88 metros y en tonos verde pastel) o la Iglesia de San Zósimo hacían de este un sitio de cuento...realmente especial.

A pesar de que el complejo del monasterio no es demasiado grande, demoraría varias horas en visitarlo, pues cada catedral, iglesia o capilla era una pequeña joya en sí misma. Además, el ambiente parecía trasladarme siglos atrás, especialmente cuando me cruzaba con algún grupo de monjes ortodoxos, con sus largas barbas y tradicionales túnicas negras...realmente parecía estar en otra época.

Tras recorrer cada palmo del Monasterio, volvería a dirigirme a pie a la estación de trenes, atravesando esta vez un mercado tradicional con casetas de madera en el que vendían todo tipo de muñecas matrioskas, muy arraigadas a la cultura rusa, cuyo origen se remonta a la propia Sergiev Posad de finales del siglo XIX, cuando se estableció el primer taller que las decoraba en la ciudad.

 

                                               

                                                Fuente con agua bendita                                 Panorámica de la Catedral                          

 

Después de casi dos horas de viaje de vuelta, llegaría a Moscú al anochecer...momento en el que tendría que empezar a preparar la mochila, pues a las 6 de la mañana del día siguiente volaría de vuelta a España. Como quería aprovechar lo máximo posible mis últimas horas de viaje en Rusia, decidí no dormir, despedirme de mis compañeros de habitación y marcharme a la Plaza Roja, mi lugar favorito de la ciudad...

Allí, embelesado como un niño pequeño, me llenaría los ojos de todo cuanto tenía a mi alrededor...la Catedral de San Basilio iluminada, la Torre Sparskaya con los muros del Kremlin, el Mausoleo de Lenin, la Catedral de Kazán, el Museo de Historia o los Almacenes GUM, también iluminados...completaban una postal magnífica, poniendo el broche perfecto a mi aventura en Rusia, un país al que siempre había querido viajar y al que, a partir de ahora, siempre querré volver....Da svidania Rossiya!!; )

 

                                                

                                                                       до свидания Россия! большое спасибо ; )