St Gallen y Basilea (II)

Tras despedirme de la ciudad, llegaría a la estación de Zúrich sin tener claro mi próximo destino. Todavía quedaba un día para que caducara mi pase de interrail, por lo que disponía de 24 horas para viajar en tren a cualquier destino del país. En ese momento, la megafonía anunciaba que en pocos minutos partiría un tren hacia Winterthur, nombre que me resultaba familiar dada la compañía de seguros que ostenta el mismo nombre. Fue así como siguiendo mi intuición decidí subirme a aquel tren..sin embargo, al llegar a las inmediaciones de la ciudad, tuve la percepción de que se trataba de un lugar algo industrial, dadas las fábricas y edificios de oficinas que apreciaba desde las afueras. Además, el tiempo había empeorado considerablemente, pues a pesar de estar en torno a los 0º, la lluvia y sobre todo el viento, hacían difícil disfrutar del paseo por cualquier lugar.
De esta forma, tras refugiarme en la estación, desplegaría un mapa de Suiza mientras reflexionaba sobre mi próximo destino. A los pocos minutos, partiría un nuevo tren con destino a St Gallen, una ciudad que me llamó la atención por su ubicación geográfica, en el noreste del país y casi en la frontera con Austria y Alemania. Además, en ella se ubicaba una abadía declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, y según las previsiones meteorológicas, el tiempo allí sería durante toda la mañana mucho mejor que en el resto de la zona norte del país. 

 

           

                                                        Estación de St Gallen                             Catedral de St Gallen
 


Tras una hora de viaje, llegaría a mi destino. El tiempo había mejorado bastante..a pesar de los cielos nubosos, había dejado de llover, y la temperatura rondaba los 3º. Sankt Gallen, o Saint Gall en francés, es con 70.000 habitantes la capital del cantón que recibe el mismo nombre. Su ubicación, a pocos kilómetros del Lago Constanza y en las faldas de Los Alpes, hace que se trate de un lugar singular. El origen del nombre de la ciudad proviene de un monje irlandés, llamado Gallus, que en el siglo VII llegó a la zona con la misión de convertir a la población al cristianismo, algo que al parecer realizaría con éxito.
Desde la éstación, caminaría a través de St. Leonhard Strasse, una de las calles principales de la ciudad, hasta llegar al Centro Histórico, en el que se encuentran las principales atracciones de St Gallen. Probablemente la principal sea la Abadía de San Galo, fundada en el año 613 y durante siglos uno de los principales templos de la Orden Benedictina. Ubicada junto a la Catedral, esta abadía es conocida por su biblioteca, en la que se encuentran más de 140.000 documentos, en gran parte manuscritos, de más de mil años de antigüedad.
El centro de St Gallen era muy pintoresco..al igual que en Berna, Lucerna o Zúrich, muchos de sus edificios, de máximo 4 alturas, parecían restaurados, y estaban pintados en tonos pastel, luciendo algunos de ellos murales en sus fachadas, que parecían recrear fiestas, carnavales, escenas de la vida cotidiana o motivos religiosos.

 

           

                                                 Centro histórico de St Gallen               Mural en un edifico de St Gallen  


Tras visitar St Gallen durante unas horas, y coincidiendo con la vuelta de las lluvias, volvería a la estación para planificar el resto de mi viaje. Al día siguiente por la tarde, debía tomar mi vuelo de regreso desde Basilea, por lo que disponía de algo más de un día de viaje. En principio me planteé visitar parte de la Suiza italiana, pero al encontrarme en el norte del país, hubiera empleado más tiempo en el desplazamiento de ida y vuelta que en visitar Lugano, Bellinzona o Locarno..además Basilea era una ciudad que apenas pude visitar durante mi llegada, y que me apetecía conocer con tranquilidad antes de volver a casa.
De esta forma, emprendería el camino hacia Basilea, donde llegaría tras hacer escala en Zúrich, tras casi 2 horas de viaje. En la estación me esperaba Mira, una amiga suiza que días antes se había ofrecido a hospedarme en su casa. Con ella, además de su compañera de piso, vivía Kaspar, su casero, un hombre afable y culto, que tras hablarme de los viajes que había realizado en su juventud, me informaría sobre la historia de la ciudad así como de los puntos de interés que no podía dejar de visitar.
A la mañana siguiente, tras haber disfrutado de una cena ''made in Spain'', además de diversos licores suizos, madrugaría para ver amanecer ya en el centro de la ciudad. Basilea, con un área metropolitana cercana a los 700.000 habitantes, es la 2ª ciudad más poblada de Suiza. Ubicada a orillas del Rin, y a pocos kilómetros de la frontera francesa y alemana, Basilea es un importante centro industrial, especialmente para las industrias química y farmacéutica, así como un importante centro cultural, ya sea por sus museos, ópera (elegida como la mejor del año en 2009) o festividades como el Carnaval, que cada año atrae a miles de turistas de toda Europa.
Siguiendo los consejos de Kaspar, caminaría hasta Markplatz, una conocida plaza donde cada mañana, excepto los domingos, se realiza un mercado de frutas, verduras y algunos productos artesanales. En ella se encuentra el Ayuntamiento, un edificio muy pintoresco, con una peculiar fachada de color rojo que a buen seguro no os dejará indiferentes.

 

            

                                                    Centro histórico de Basilea                            Catedral de Basilea   

                                             
Desde Markplatz, caminaría alrededor del centro histórico de la ciudad, hasta llegar al que posiblemente sea el símbolo de la ciudad, la Catedral. Derruída durante el terremoto que azotó Basilea en 1356, la ''Basel Münster'' sería reconstruída en estilo gótico por Johannes Gmünd, aunque no sería hasta el año 1500 cuando finalizarían las obras de la torre sur a manos de Hans von Nußdorf. Tras ser inicialmente una iglesia católica, es desde 1529, año de la reforma protestante de Basilea, una iglesia evangélica, y en ella se encuentran las tumbas de la reina Ana, esposa de Rodolfo de Habsburgo, Jakob Bernoulli o Erasmo de Rotterdam.

Tras admirar el exterior de la catedral, con sus dos características torres de fachada de arenisca, de 64 y 62 metros de altura respectivamente, visitaría el interior de la misma, junto a su mirador, antes de volver a recorrer el centro histórico de la ciudad. Basilea era una ciudad agradable, en la que desde primera hora de la mañana, se respiraba movimiento. Sus tranvías, de un característico color verde, circulaban continuamente, y prácticamente todos iban repletos de pasajeros que se dirigían a sus escuelas o centros de trabajo.

Antes de dirigirme a la estación central, desayunaría un café caliente para volver a entrar en calor. El autobús con destino al aeropuerto tenía su parada frente a la entrada de la estación, y su frecuencia de paso es prácticamente continuada, por lo que no tendremos ningún problema para trasladarnos desde la ciudad al aeropuerto, o viceversa.

Habían sido unos días muy completos, repletos de paisajes, ciudades con encanto, viajes en tren, nuevos amigos..sin duda Suiza sería un destino que recordaría, y al que siempre querré volver.

Tras despedirme de Mira, Kaspar, y de la ciudad de Basilea, emprendería el camino al aeropuerto, para un par de horas más tarde, tomar el vuelo de vuelta a Alicante...

Hasta pronto Suiza!!

 

                                                                         

                                                                              Vuelta a casa..Danke Schweiz!