Vaduz y Zúrich

Tras ver amanecer en el centro de Lucerna y despedirme de la ciudad, me dirigiría a la estación desde la que pondría rumbo a Vaduz, mi próximo destino.

El viaje sería algo complejo, pues al no haber trenes directos desde Lucerna a Vaduz, la mejor forma de llegar a Liechtenstein era a través de Sargans, una pequeña localidad suiza de apenas 5000 habitantes ubicada a escasos kilómetros de la frontera. Para llegar a Sargans desde Lucerna, tendría que dirigirme a Thalwil, y allí hacer el cambio de tren. El tiempo de transbordo sería de únicamente 3 minutos, aunque la perfecta organización de las estaciones suizas, y la puntualidad de sus trenes, hacían que este fuera un tiempo más que suficiente para realizar el cambio. Además, la frecuencia de los trenes en Suiza hace que, si perdemos un tren, no tengamos que preocuparnos, pues a los pocos minutos volverá a pasar otro en la misma dirección.

El tren con destino a Thalwil partiría a las 7:35. A las 9:36, y previo transbordo en Thalwil, llegaría a Sargans, donde cogería el autobús que en pocos minutos entraría en territorio de Liechtenstein.

 

           

                                                Frente al Palacio de Gobierno                            Catedral de Vaduz

 

Sería el único pasajero de aquel autobús de la línea Sargans - Vaduz. A los 10 minutos de abandonar la estación, los banderines de las casas que distinguí próximas a la carretera, dejaban de ser suizos, ahora mostraban la bandera de Liechtenstein. Esta fue la señal de que me encontraba en un nuevo país, pues no distinguí ningún tipo de aduana o puesto fronterizo. Tras pedirle al conductor que me avisara al llegar a la parada más céntrica, el autobús se detuvo en ''Vaduz Post''.

Liechtenstein es uno de los países más pequeños del mundo, y a la vez, uno de los más ricos. Su sistema de gobierno es una monarquía constitucional, encabezada desde 1989 por el príncipe Hans-Adam II. El país cuenta con múltiples curiosidades..conocido mundialmente por ser un paraíso fiscal, Liechtenstein cuenta con cerca de 34.000 habitantes, y 74.000 empresas multinacionales, más de 2 por habitante..además es de los únicos países del mundo que cuenta con mayor población activa que población total, dada la gran cantidad de trabajadores suizos, austriacos o alemanes que cruzan cada día las fronteras para trabajar en el principado.

La moneda oficial es el franco suizo, y el idioma que noté con más presencia fue el alemán, aunque la poca gente que encontré aquel día era extranjera...franceses, algunos turistas japoneses, e incluso un grupo de españoles ataviados con prendas y utensilios de esquí.

 

             

                                                        Panorámica de Vaduz                                   Castillo de Vaduz

 

Tras visitar la Catedral, el Parlamento y el Palacio de Gobierno, lugares ubicados a escasa distancia entre sí, caminaría a través de lo que parecía la calle principal de la ciudad, hasta llegar a una oficina de turismo que, a la vez, hacía las funciones de oficina de correos. En ella, un grupo de japoneses hacía cola para enviar cartas y postales a sus conocidos, e incluso como uno de ellos me comentó, a sí mismos, ya que Liechtenstein es un destino muy preciado para los amantes de los sellos, dada la escasez de los mismos.

Son varios los museos que podemos encontrar en Vaduz. En primer lugar el Museo Nacional, en el que se exponen algunas de las joyas más importantes de la corona de Liechtenstein, además del Museo de Correos, otra visita recomendable para los amantes de la filatelia.

Los precios en toda la ciudad eran prohibitivos, en la plaza principal había varios restaurantes..pero los precios de sus ensaladas superaban el de cualquier menú de un restaurante al uso, al igual que en las tiendas de souvenirs, donde los chocolates, camisetas, licores o navajas suizas, eran más caros que el billete que días atrás había adquirido para volar a Basilea.

Desde el centro de Vaduz, comencé a callejear en dirección al Castillo, al que llegaría tras una caminata de media hora. La distancia no era excesiva, pero el hielo que en aquella época del año cubría el camino hacía que tuviera que ascender con especial precaución. Al llegar al Castillo, me llevaría una pequeña decepción, puesto que en lugar de un museo o la posibilidad de hacer una visita a su interior, me encontraría con una señal de prohibido y un cartel de ''propiedad privada'', ya que el Castillo, a pesar de ser el símbolo nacional, está cerrado al público. No en vano, el paseo mereció la pena, pues al estar en alto las vistas de los Alpes nevados eran espectaculares.

Tras descender y despedirme de Vaduz, volvería a tomar el autobús de vuelta a Sargans. El conductor sería el mismo que la primera vez, y al igual que en el viaje anterior, sería el único pasajero de la línea.

Liechtenstein era tal y como me lo había imaginado. Un lugar que, sin ser espectacular o poseer grandes atractivos, tenía un gran encanto, especialmente en esa época del año, con prácticamente todo nevado. Ya en Suiza, volvería a la estación de Sargans, pero esta vez en dirección a un nuevo destino..Zúrich.

 

             

                                                          Bahnhofplatz, Zúrich                      Zúrich, desde el Bahnhofbrücke

 

Tras hora y media de viaje desde Sargans, llegaría a la ciudad de Zúrich. Con un área metropolitana cercana al millón de habitantes, Zúrich es la ciudad más poblada de Suiza, además de motor económico e importante centro cultural del país. La estación de trenes era enorme, una de las más grandes que había visitado..54 andenes, numerosas tiendas, restaurantes..aunque lo mejor era su ubicación, pues tan sólo necesité caminar durante 10 minutos para llegar al centro histórico de la ciudad.

Aquella noche me alojaría en un albergue situado en el Barrio Rojo, cuya forma de anunciarse en internet era: ''no esperes demasiado...vienes a dormir al albergue más barato de la ciudad''. A pesar de esto, el sitio no estaba mal ubicado, y por unos 25 euros la noche tendría una cama con desayuno incluído, además de una cerveza cortesía de los empleados de recepción. Desde mi llegada a Suiza, Zúrich me pareció la primera ''gran ciudad'' que visitaba. Algunos edificios altos, algo más de tráfico, oficinas, centros comerciales..aunque el centro histórico de la ciudad seguía teniendo el encanto del resto del país.

Frente a la estación de trenes se encontraba Bahnhofstrasse, una de las calles principales de la ciudad, repleta de joyerías, tiendas de relojes rolex..incluso había una tienda de paraguas cuyos ejemplares llegaban a rondar los 4000€. También me llamó la atención una joyería que en su entrada lucía la escultura de algo parecido a una pepita de oro, y en la que grupos de turistas, especialmente japoneses, se hacían fotografías. La mayoría de coches que circulaban por la ciudad eran alemanes, de marcas como Mercedes, Audi, o BMW, y ocasionalmente se veían ejemplares de la marca Ferrari, Porche o Lamborghini.

 

             

                                                  Iglesia de San Pedro, Zúrich            Grossmünster, símbolo de la ciudad

 

Continuando con mi camino, visitaría la Iglesia de San Pedro, cuyo reloj de la torre es uno de los más grandes del mundo, además de la Gronssmünster, templo románico construído entre 1100 y 1220, cuyos campanarios gemelos son uno de los símbolos de la ciudad.

Otra de las visitas recomendadas, es al elegante edificio de la Ópera de Zúrich, inaugurado en 1891, así como la Kunsthaus, una de las galerías de arte con mayor prestigio del país, con obras de autores como Picasso, Van Gogh o Munch. Aunque lo que encontré con más encanto de Zúrich, fue pasear por su centro histórico, pues las distancias no son muy grandes y es fácil encontrar algún lugar con encanto.

Algo de lo que sin duda merece la pena disfrutar, es de las vistas que desde el sur de la ciudad podemos obtener del Lago Zúrich y de los Alpes, que podemos apreciar sin gran dificultad durante los días despejados.

Tras visitar la ciudad de Zúrich y despedirme de mis compañeros de habitación, volvería a Bahnhofstrasse para dirigirme de nuevo a la estación, desde la que pondría rumbo a mi próximo destino, la ciudad de Sankt Gallen.

 

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