Excursión por Baviera: Füssen y Salzburgo

La nieve se extendía por un paisaje cada vez más montañoso. En el tren que aquella mañana de domingo me llevaba desde Münich a Füssen, había únicamente un grupo de 4 japoneses, con los que posteriormente me volvería a cruzar en una de las joyas de Alemania, el Castillo de Neuschwanstein.

La llegada a Füssen fue muy tranquila, lejos de estaciones de tren repletas de pasajeros y mucho movimiento, la estación de esta localidad alemana respiraba tranquilidad. A pocos metros se encontraba esperando nuestra llegada un autobús cuyo destino era la zona comercial previa al Castillo, lugar en el que se pueden comprar las distintas entradas y adquirir todo tipo de souvenirs.

En realidad la idea de visitar el interior del Castillo no me entusiasmaba demasiado, pues lo que más valoro de este tipo de lugares es el entorno que los rodea, en plena naturaleza, y donde parece no haber transcurrido el tiempo, más allá de largas colas, tiendas y cafeterías que suelen ocupar este tipo de atracciones, por lo que sin mucha dilación emprendería mi camino hacia el Castillo.

La distancia que une las distintas tiendas con el Castillo rondaría los 3 km. Dadas las bajas temperaturas, la mayor parte de visitantes optaba por subir en una especie de carruajes decorados con motivos de época, aunque dado mi presupuesto, y las ganas de poder disfrutar de la naturaleza de los alrededores, decidiría optar por la opción más económica: ir caminando.

40 minutos más tarde, conseguiría apreciar por fin el famoso Castillo. La verdad que el entorno era espectacular, pues al estar elevado es posible vislumbrar kilómetros y kilómetros de paisaje de montaña totalmente nevado. Tras acceder a algunas dependencias del Castillo gratuitas, y pasear por los alrededores, volvería al pueblo de Füssen, por el que callejearía durante un par de horas. Este pueblo parece, al igual que el Castillo, sacado de un cuento, con unas  calles perfectamente limpias y ordenadas, pintorescos edificios de colores, y una iglesia en la que durante un rato conseguiría resguardarme del frío.

Tras haber conocido Füssen, volvería a la estación para, vía Múnich, tomar un tren hacia mi próximo destino, la ciudad de Salzburgo.

 

              

                                                    Alrededores de Füssen                                    Exteriores del Castillo

 

Llegaría a Salzburgo un par de horas después. A pesar de ser prácticamente media tarde, ya empezaba a oscurecer. Desde la estación de la ciudad, ubicada algo a las afueras, comenzaría andar en dirección al centro, al que llegaría unos 20 minutos más tarde. Al igual que en Füssen, me sorprendería la poca gente que había por la calle, aunque si bien Füssen es un pueblo de montaña con 14.000 habitantes, Salzburgo no deja de ser la 4º ciudad austriaca en cuanto a población, con unos 150.000.

A pesar del intenso frío, y de la poca gente, Salzburgo me parecería una ciudad muy agradable. Llegar al centro histórico de la ciudad paseando por los márgenes del río Salzach ofrece una vista encantadora. Las principales atracciones de la ciudad son la Catedral, de estilo barroco, o la Fortaleza de Hohensalzburg, además de edificios imperiales y múltiples callejones que adornan una ciudad que bien merece una visita.

La figura de Mozart está muy presente en toda la ciudad, pues es en Salzburgo donde nació el ilustre compositor. Es muy frecuente encontrar tiendas de música relacionadas con él, al igual que tiendas de souvenirs o incluso pastelerías, en las que venden los bombones que llevan su nombre.

 

             

                                              Füssen, en los Alpes bávaros                         Centro histórico de Salzburgo

 

Tras pasear por la ciudad y buscar algo para cenar, volvería a la estación con destino a Múnich. Había sido un día bastante aprovechado, pues las visitas a Füssen y a Salzburgo habían amortizado de sobra los 20 euros que pagaría por la Bayern Card.

El resto del viaje lo dedicaría a disfrutar de la ciudad de Múnich, de sus lugares más significativos, y del ambiente de una ciudad a la que estoy seguro que algún día volveré. Desde las afueras de la Estación Central, volvería a tomar un autobús con destino al aeropuerto de Memmingem.

Esta sería mi primera toma de contacto con Alemania, país que sin duda recomiendo a todo tipo de viajeros, pues sus paisajes, ciudades, oferta cultural, y facilidades en cuanto a alojamientos y transporte, estoy seguro que no os dejará indiferentes.

Danke Deutchland! ; )

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