Tbilisi, un recorrido por la capital georgiana

Continuamos nuestro recorrido por el Cáucaso hablando sobre una de las capitales más desconocidas de Europa, Tbilisi. Ubicada a orillas del río Mtkvari, la ciudad cuenta con una población cercana a los 1,3 millones de habitantes, y además de capital, supone el principal centro económico, cultural y religioso de toda Georgia.

Tradicionalmente Tbilisi, y en general, todo el país, ha sido un destino relativamente complicado al que viajar desde España. La necesidad de visado para los españoles, y el elevado coste de los vuelos, que normalmente hacían escala en Moscú, hacía que en muchas ocasiones declinaramos el visitar esta zona del continente...pero afortunadamente la situación está cambiando. Desde el 1 de enero de 2013 a los españoles nos es requerido únicamente nuestro pasaporte en vigor, sin necesidad de la obtención de visado, y algunas compañías aéreas de bajo coste comienzan a incluír Georgia entre su oferta de destinos. En mi caso, he utilizado la compañía turca Pegasus, que con escala en Estambúl conecta Barcelona y Tbilisi por un precio de unos 150€ i/v. Otra de las opciones más económicas es entrar a Georgia desde Polonia o Ucrania, mediante la compañía Wizzair, que por un precio similar vuela varias veces a la semana a Kutaisi, 2º ciudad del país y situada a unos 200Km al oeste de la capital.

 

                     

                                                       Calles de la ciudad antigua                          Mezquita azul de Tbilisi

 

Desde el primer momento Tbilisi fue una ciudad que me sorprendió. En comparación con otros países de Europa del este, encontraría Georgia mucho más ''exótica'' que Polonia, Hungría, Rumanía o cualquiera de las antiguas repúblicas soviéticas más occidentales como Lituania, Letonia o Estonia. En Tbilisi tenía la sensación de estar en un verdadero cruce de caminos, de caminar por avenidas ''europeas'' para posteriormente encontrarme con templos, plazas o mercados más típicos de cualquier país de Asia central..y es que precisamente los templos suponen un reflejo de la enorme diversidad cultural de la ciudad..ortodoxos, apostólicos georgianos, sinagogas, mezquitas..y muchos de ellos ubicados a pocos metros de otros, lo cual parece reflejar una cierta tolerancia religiosa y cultural.

Tras mi llegada al Aeropuerto internacional de Tbilisi, conocido en tiempos de la Unión Soviética como ''Novo Alexeyevka'', cambiaría mis primeros laris georgianos (aproximadamente 1€ - 2 laris), para que posteriormente una atractiva agente de aduanas estampara en mi pasaporte el sello georgiano. Era primera hora de la mañana, por lo que esperaría pacientemente hasta que la primera ''mashrutka'' me llevara hasta el centro de la ciudad. En Georgia, así como en Armenia y muchos países de influencia soviética, no son frecuentes los autobuses al estilo occidental, sino estas pequeñas furgonetas que por precios muy económicos transcurren por y entre las ciudades. En ocasiones son algo caóticas, pues el número de pasajeros suele ser muy superior al de asientos, y muchas de ellas, dada su antigüedad, no son precisamente cómodas, pero la diferencia de precio entre un taxi (unos 12€) y los 20 céntimos de la ''mashrutka'' eran muy considerables.

Lo primero que me llamó la atención fue la avenida que conecta los cerca de 15Km de distancia entre el aeropuerto y el centro de la ciudad. Parecía totalmente nueva, y no sólo por el asfalto, sino por los imponentes monumentos o edificios que se elevaban en sus inmediaciones. Cual fue mi sorpresa al ver al final de la avenida un mural enorme dedicado a...George W. Bush!! y es que al parecer había sido el ex-presidente estadounidense el que financió su construcción..una primera muestra de las nefastas relaciones entre Rusia y Georgia, y el interés de esta última por ser un fiel aliado de los EE.UU., nación de la que buscan apoyo tanto político como militar en relación con el conflicto en Osetia del Sur.

Una media hora después, llegaría a la Plaza de Avlabari, donde tomaría el metro de la ciudad. Minutos más tarde me encontraría en el centro histórico de Tbilisi.

 

                      

                                                           Catedral de Sameba                                        Puene de la Paz

 

El primer lugar que visitaría sería la Avenida Rustaveli, sin duda la más importante de la ciudad y no sólo por su extensión, sino por la cantidad de edificios y lugares emblemáticos que en ella se encontraban..el Parlamento georgiano, el Museo Nacional de Georgia o la Ópera Paliashvili, además de algunos templos y sobre todo librerías, comercios, bancos o cafeterías.

Tras mi paseo por Rustaveli llegaría a la emblemática Plaza de la Libertad, antigua Plaza de Lenin, en la que tendría lugar en el año 2003 la conocida como Revolución de las Rosas, durante la cual se depuso del poder al por aquel entonces presidente del país Eduard Shevardnadze. Se trata de una plaza cuidada, elegante, limpia y posiblemente, del centro neurálgico de la ciudad..el tráfico, la cantidad de gente que la recorría a prácticamente cualquier hora..sin duda era un lugar repleto de energía y movimiento.

Desde allí, me dirigiría al núcleo del centro histórico de la ciudad, momento en el que la fisionomía de la misma cambiaría totalmente. Las avenidas y edificios de estilo soviético dejaban su lugar a casas bajas, muchas de ellas de madera, y los comercios ''occidentales'' desaparecían en favor de las pequeñas tiendas de ultramarinos, vinos, artesanías..así como pequeños restaurantes en los que el plato estrella era el kebab en todas sus variantes. El ''desorden ordenado'', la mezcla de olores, sabores..me hacía recordar a Estambúl, aunque en una escala menor y con elementos mucho más ''soviéticos''. La gente era muy amable, apenas se hablaba inglés, pero cada vez que me detenía a preguntar sobre cualquier dirección eran varias las personas que se detenían para señalarme en el mapa la mejor forma de llegar a mi destino, y en ningún momento percibí inseguridad o actitud negativa hacia el extranjero.

Al llegar a mi albergue, los empleados del mismo me recibirían como a un amigo al que hacía tiempo que no veían..tradicionalmente el proceso al llegar a un hostel es muy similar...entrega de la reserva, tomar nota de los datos, el pasaporte, pagar, entrega de la llave...en esta ocasión Keti, una de las chicas que trabajaba allí, me había preparado una bandeja repleta de dulces, y Giorgi, el único chico del grupo, me invitó a café y vodka..juntos estuvimos jugando a las cartas, hablando sobre mi viaje..en aquel momento empecé a disfrutar de la famosa hospitalidad georgiana.

 

                      

                                         Plaza de la República, centro de Tbilisi                 Desde el mirador de la ciudad

 

Uno de los lugares más especiales de Tbilisi es la impresionante Catedral de la Santísima Trinidad, conocida como Sameba, una verdadera joya arquitectónica. Acostumbrado a templos y monasterios antiguos, lo primero que me llamó la atención de esta catedral fue su modernidad. Construída en el año 2004 sobre un antiguo cementerio armenio, conmemora los 1500 años de autocefalía de la iglesia ortodoxa georgiana, así como los 2000 años del nacimiento de Jesús. Tanto de día como de noche (dada su espectacular iluminación) estamos ante una visita imprescindible en Tbilisi.

Otra zona con mucho encanto son los alrededores del también recientemente construído Puente de la Paz..parques, edificios de diseño y un telesférico que por un precio de 3 laris (1,5€) nos llevará hasta una de las colinas que bordean Tbilisi, pudiendo apreciar durante el trayecto algunas de las mejores vistas de la ciudad.

En general, pasear por Tbilisi resulta muy agradable. A pesar del caótico tráfico (cruzar la calle puede resultar toda una odisea) la ciudad posee una oferta cultural interesante, y es frecuente encontrar mercadillos, bazares o pequeñas exposiciones relacionadas con elementos artísticos o históricos del país. Algo positivo, que achaqué a la todavía escasa afluencia de turismo en la zona, es el hecho de que el visitante occidental no es visto, como pueda suceder en otros países, como un saco de dólares, libras o euros..es cierto que existen bazares, pero el regateo no es habitual, y ni en restaurantes, tiendas de souvenirs o incluso taxis tuve la sensación de pagar un precio ''europeo'', superior al que hubiera tenido cualquier habitante de la zona. En cuanto al idioma, la práctica totalidad de la población domina, además del georgiano, el ruso. El inglés, a pesar de ser cada vez más popular, es poco utilizado, aunque en hoteles, albergues o restaurantes los empleados (generalmente gente joven) suelen hablarlo correctamente.

Su tranquilidad, gentes, monasterios, gastronomía...son muchos los motivos que existen para visitar la ciudad de Tbilisi, una capital agradable, un lugar diferente..repleto de contrastes, en lo que supone una cultura a mitad de camino entre Europa y Asia. Una ciudad tranquila, segura, económica en comparación con cualquier ciudad media europea y sobre todo desconocida...te atreves a descubrirla?; )

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