Autostop a San Marino y visita a Pisa

El autobús con destino a Rímini partía puntual desde la estación de Bologna, al tiempo que la lluvia comenzaba a amainar. Lo cierto es que en un principio todo parecía haber salido mejor de lo previsto, pues el precio que pagué por el billetede autobús, unos 12 euros por 2 horas de viaje, era bastante inferior al del trayecto en tren que debía haber realizado, evitando varios transbordos y ahorrando así un valioso tiempo, aunque pronto me daría cuenta que no sería del todo así.

El billete que adquirí, guardaba una peculiaridad, y es que la parada que estaba programada era en ''Rímini - Bar Riccione''. En un principio pensé algo que me pareció lógico, y es que la parada sería en la ciudad de Rímini, junto al supuesto Bar Riccione, pero no.. A las dos horas de viaje, el autobús paró en medio del campo, y el conductor, que me vió algo despistado, me indicó que esa era mi parada. Cual fue mi sorpresa cuando al asomarme por la ventanilla comprobé que no estaba en el bar Riccione de Rímini, sino en el bar Rímini de Riccione.. si..parece absurdo, pero me había equivocado de destino.

Al bajarme del autobús, comencé a andar por la carretera, pues el bar Rímini estaba cerrado, y me era imposible entrar en él a preguntar al menos cual era mi ubicación, por lo que proseguí mi camino cuando al poco tiempo encontré una gasolinera en la que pude entrar a preguntar.

En ella, un matrimonio italiano, propietario del lugar, me acogió cálidamente al explicarles mi situación, y me indicaron que estábamos a unos 20 Km de la ciudad de Rímini. Las opciones que tenía eran las siguientes: llamar a un taxi para que me llevara a Rímini, lo que me costaría unos 40 euros, algo que rechacé, o hacer autostop, lo que me pareció más viable dado mi presupuesto, de forma que unos minutos más tarde ya había emprendido, pulgar en alto, la caminata hacia mi nuevo destino.

 

           

                                          Autostop en Italia....¡Nadie para!                            Gasolinera de Riccione

 

Pronto entendería que el autostop no es una buena opción en Italia. En alguna ocasión había oído que los italianos conducen de una forma peculiar, pero no sería hasta ese momento cuando comprobé la veracidad de esta afirmación. La mayoría de coches sobrepasaban ampliamente los límites de velocidad, y en ocasiones apuraban las curvas como si de una carrera de Fórmula 1 se tratase. Afortunadamente, una media hora más tarde, encontraría una nueva gasolinera, en la que un chico muy amable me indicaría la dirección a seguir y me daría un mapa de la zona de Rímini. Fue así como descubrí que a los pocos metros se encontraba el aeropuerto de la ciudad, al que accedí caminando, y desde el que tomé por un par de euros un autobús a la ciudad.

Al llegar a Rímini, lo primero que hice fue informarme del próximo autobús que partiera con destino a San Marino, pues ya había perdido demasiado tiempo en el camino, y deseaba llegar cuanto antes a este peculiar destino. La parada de la línea Rímini - San Marino se encuentra a unos 100 metros de la estación, frente a una hamburguesería. El recorrido ronda los 45 minutos, y el precio del billete es de 4 euros, que podemos adquirir al entrar en el mismo autobús.

 

            

                                    Indicaciones a la llegada a San Marino                     Panorámica desde el Castillo

 

Lo primero que me sorprendió al entrar en el autobús, fue la gran cantidad de turistas rusos que visitan San Marino. De hecho, muchas de las tiendas próximas al Castillo tienen anuncios en este idioma, incluyendo joyerías, establecimientos de alcohol y tabaco, y tiendas de coleccionistas en las que se pueden encontrar desde monedas hasta armas medievales.

A pesar de estar a escasos 10 Km de la costa, San Marino me dio la sensación de estar en plena montaña, dado el verdor de sus alrededores, y la ligera llovizna que me acompañaría durante toda la visita. Al margen de las curiosas tiendas que encontramos por todo San Marino, su centro histórico ha sido declarado por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad, por lo que no dejéis de perderos por sus callejones, que nos trasladan a un entorno verdaderamente medieval.

Tras pasar la tarde visitando cada rincón del centro histórico de la ciudad, volvería a Rímini para, esta vez, volver en tren a Florencia. Encontraría un billete bastante económico, ya que se trataba de un cercanías que hacía numerosas paradas y un par de transbordos. Ya de madrugada llegaría a Florencia, ciudad de la que me despediría, para al día siguiente marcharme a Pisa, antes de tomar el vuelo de vuelta.

Pisa no fue una ciudad que me llamara especialmente la atención, con el añadido de la gran cantidad de turistas que formaban numerosas colas para casi cualquier cosa, aunque los alrededores de la famosa Torre inclinada tiene su encanto, y justificó la parada en la ciudad.

  

               

                                                      Torre de Pisa                                          Volviendo a casa...Ciao Italia!

 

Tras comer algo por las proximidades de la Torre, y tomar uno de los tantos autobuses públicos que conectan esta zona con el aeropuerto de la ciudad, emprendería el vuelo de regreso a casa.

Durante este viaje conocí algo más del encanto de Italia, especialmente de sus gentes, pues en los momentos en los que necesité ayuda siempre encontré a alguien dispuesto a brindármela. Además conocí el encanto de Florencia, y conseguiría finalizar con éxito mi incursión en San Marino.

Siempre que regreso de un viaje a Italia, tengo la sensación de que antes o después voy a volver, pues sin duda es un país especial...

Arrivederci Italia!

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