Viaje a la Toscana: Florencia y Bologna

Durante la Semana Santa de 2012 volvería a emprender el camino, pero esta vez a un sitio mucho menos frío que el anterior. Si dos meses antes había recorrido el sur de Alemania y parte de Austria, esta vez viajaría a una de las zonas con más encanto de Italia, la región de la Toscana, con un ingrediente añadido, el visitar San Marino, país más antiguo del mundo.

Si bien este sería mi 3er viaje a Italia, uno de los objetivos que perseguía era recorrer el país con algo más de profundidad, de conocer parte de la ''verdadera'' Italia, pues además de la capital, Roma, únicamente conocía algunos pueblos del norte que de pasada visité camino de Eslovenia un par de años atrás.

El vuelo me llevaría tanto a la ida como a la vuelta desde Valencia al aeropuerto de Pisa, ciudad de la famosa Torre inclinada, aunque la base desde donde me desplazaría por el resto de la zona sería la ciudad de Florencia. Al margen de Pisa y Florencia, trataría de visitar Bologna, ya en la región de Emilia-Romagna, así como el pequeño país de San Marino, dejando margen a las posibles visitas de pueblos que pudiera encontrar por el camino.

Tras llegar de noche al aeropuerto de Pisa, me desplazaría en autobús a Florencia. Allí me instalaría de madrugada en un céntrico albergue a la espera de comenzar a visitar una ciudad llena de sorpresas, y que a día de hoy sigue siendo mi favorita de Italia.

 

             

                                        Florencia, al fondo el Ponte Vecchio                         Panorámica de Florencia

 

Florencia, con algo menos de 400.000 habitantes, es de esas ciudades que parecen una continua obra de arte. Su centro histórico recuerda en ocasiones a un museo al aire libre, y seamos o no amantes del arte nos resultará una ciudad especial. Florencia es una ciudad muy manejable, por lo que podéis olvidaros del transporte público y conocer la ciudad caminando, ya que las distancias son perfectamente asequibles.

De entre todas las atracciones que podemos encontrar en la ciudad, destacaría dos por encima del resto.

En primer lugar el famoso Ponte Vechio. Construido en 1345, es el puente de piedra más antiguo de Europa, y sin duda uno de los que tienen mayor encanto, ya no solo por el puente en sí, sino por las calles de los alrededores, las lujosas tiendas, y el ambiente que se respira en él a cualquier hora del día.

Por otro lado, encontramos el lugar que probablemente sea el centro neurálgico de Florencia, la Piazza del Duomo, en la que destaca la Basílica de Santa María del Fiore, catedral de Florencia, y situada en pleno centro de la ciudad. Desde esta zona podemos visitar fácilmente a pie lugares como la Piazza della Signoria, o museos como la Galería de los Uffizi, y la Galería de la Academia, donde podremos contemplar el famoso David de Miguel Ángel.

Otro lugar especial de la ciudad, pero algo más alejado del centro, es Piazzale Michelangelo, mirador desde el que podréis ver las mejores vistas de la ciudad. Para llegar a él podéis ir caminando desde el centro, pues tardaréis una media hora en llegar desde el Ponte Vecchio, aunque siempre podéis utilizar el transporte público, ya que hay varias líneas de autobuses que conectan el centro con esta zona.

Lo cierto es que Florencia es una ciudad que enamora. Nunca he sido fan de los lugares masificados o especialmente turísticos, pues en muchas ocasiones nos alejan de la verdadera esencia del país que visitamos, pero Florencia guarda un equilibrio entre lo turístico y lo real, siendo un destino perfecto para visitar en cualquier época del año.

En cuanto a los precios, el centro de Florencia resulta algo caro, aunque si nos alejamos un poco de las principales atracciones turísticas, podremos encontrar cafeterías, restaurantes y tiendas a precios moderados. Para viajar a otras ciudades italianas, os recomiendo utilizar el tren, desde la Estación de Santa María Novella, ubicada junto a la plaza del mismo nombre. Está ubicada a unos 15 minutos caminando del centro, y posee numerosas conexiones con el resto del país.

Tras disfrutar de la ciudad de Florencia, emprendería mi camino hacia San Marino. En un principio consideré que sería fácil llegar a este pequeño país, pues la distancia entre ambos puntos es de unos 180 Km, aunque pronto descubriría que no es del todo así. San Marino no tiene estación de trenes, por lo que en caso de no disponer de coche propio, la mejor forma de llegar es en autobús. Para ello, debemos de ir a la ciudad costera de Rimini, desde la que salen para San Marino unos 6-7 autobuses al día..y desde Florencia la mejor forma de conectar con Rimini es vía Bologna..por lo que ya estaba decidido el próximo destino.

 

             

                                               Calles del centro de Bologna                         Fuente de Neptuno, Bologna

 

A primera hora de la mañana saldría en tren desde Florencia con destino a Bologna, capital de la región de Emilia-Romagna. El trayecto en tren es bastante cómodo, pues dura algo más de una hora, y apenas hay paradas intermedias. Al llegar a Bologna, el tiempo había empeorado, y la ciudad me recibiría con una ligera llovizna.

Desde la estación de trenes, me dirigiría a la estación de autobuses, ubicada a pocos metros, para comprar mi billete, esta vez de autobús, a Rimini, pues los precios eran bastante mejores que si hubiera continuado viajando en tren. El siguiente autobús a Rímini saldría en un par de horas, por lo que ese sería el tiempo del que dispondría para visitar Bologna.

Con 380.000 habitantes, Bologna , sin tener el encanto de Florencia, es una ciudad que merece la pena visitar. En las poco más de dos horas que estuve en ella, no me dió tiempo a conocer la ciudad en profundidad, pero a pesar del mal tiempo y de la inmediatez de mi visita me causó una buena impresión.

Desde la estación, camine a lo largo de Vía Independenza, que parecía ser la calle principal de la ciudad, hasta llegar al centro histórico de Bologna. Una vez allí callejearía por el casco antiguo, repleto de callejones con edificios de tonos rojizos, muy característicos de la ciudad, hasta llegar a la Plaza Maggiore, donde se ubican los Palacios del Podestá, de Accursio, y la Basílica de San Petronio.

Tras visitar algunas iglesias y monumentos como la famosa Fuente de Neptuno, volvería de nuevo caminando a la estación de autobuses a la espera de emprender de nuevo el camino hacia mi próximo destino, que sería (en principio) la ciudad de Rímini.

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