Llegada a EE.UU: Nueva York (I)

Con el paso del tiempo, había comenzado a acostumbrarme a los nervios previos a cualquier viaje, pero la noche de finales de marzo anterior al comienzo de mi aventura por América del norte, todo parecía nuevo...Alegría y emociones se mezclaban con incertidumbres..tomaré a tiempo mi vuelo? me faltará algún papel que impida mi entrada en el país? serán ciertos todos los tópicos sobre América y los americanos?..Lo cierto es que las 2 horas de vuelo entre Valencia y Zúrich, las 9 horas de espera nocturna en el aeropuerto, y las más de 7 de vuelo entre Suiza y Nueva York, fueron algunas de las más nerviosas de mi vida.

Tras sobrevolar Francia, Inglaterra, Irlanda, el Atlántico, parte de la costa este de Canadá y el noreste de Estados Unidos, aterrizaríamos a la hora prevista en el aeropuerto JFK de Nueva York. Al llegar a la cola de inmigración. una gran bandera estadounidense parecía dar la bienvenida a todos los que allí nos encontrábamos, junto a ella, una televisión anunciaba las noticias más importantes de aquel 26 de marzo.

Al llegar mi turno en el control de inmigración, saqué nervioso de mis bolsillos el pasaporte y la autorización de viaje..mientras mentalmente me preparaba para responder a las, según había oído, rigurosas preguntas que los agentes de inmigración llevaban a cabo. Sin embargo, un policía muy amable tomó los datos de mi pasaporte, y con una sonrisa me daría la bienvenida a su país junto con la frase ''have a nice day'' que escucharía a diario durante el transcurso de mi viaje.

Ya estaba en Nueva York..ahora lo próximo sería tomar el metro hasta la Isla de Manhattan, donde conocía a un amigo que durante varios días me hospedaría amablemente en su apartamento...La aventura acababa de comenzar!

 

              

                                                  Mapa del metro de Nueva York         Rascacielos del sur de Manhattan

 

La mejor opción para ir a Manhattan desde el aeropuerto es el metro. Por algo más de 7$, podemos tomar un tren que recorre cada una de las terminales del aeropuerto hasta ''Howard Beach'', lugar en el que debemos bajarnos para realizar el transbordo. Desde allí, tomando la línea azul, llegaremos al centro de Manhattan en menos 45 minutos.

Al descender de la estación más próxima al lugar en el que me hospedaría, todo comenzó a parecerse a una película. Me encontraba en el sur de Manhattan, en pleno distrito financiero, en el que abundaban los rascacielos de 30, 40 pisos...me era imposible caminar sin mirar continuamente hacia arriba casi embobado por todos aquellos edificios..pero sin duda el que más me sorprendió fue el de la Liberty Tower, ya practicamente acabada, y ubicada en el mismo lugar en el que se encontraban las desaparecidas Torres Gemelas. Los carteles, tiendas, anuncios, taxis, coches de policía, nombres de las calles...todo era tal y como lo había imaginado.

Tras encontrarme con mi anfitrión y tomar un respiro, emprendería mi visita a una ciudad que, aunque parezca inabordable, con una buena organización, es muy manejable y resulta hasta fácil de visitar. Las avenidas, ubicadas de norte a sur de la isla, y las calles, de este a oeste de la misma, hacen que el diseño cuadriculado de la ciudad permita ubicarse en todo momento. Además, puntos de referencia como el Empire State, o la propia Liberty Tower, visibles desde muchos puntos de la ciudad, permiten saber casi a cada instante hacia qué dirección vamos. Para movernos por la ciudad, no hay nada como el metro...barato (un vale ilimitado de una semana, 29$), cómodo, funciona las 24 horas, y al contrario de lo que dicen muchas leyendas urbanas, muy seguro.

 

           

                                                     Manhattan Staten Island                             Estatua de la Libertad

 

Eran ya las 7 de la tarde, por lo que decidí no hacer grandes recorridos..pronto anochecería y tras casi 7 horas de vuelo lo que más me apetecía era pasear tranquilamente, sin prisas, por una ciudad que ya comenzaba a apasionarme.

Lo primero que visitaría sería el World Trade Center. Además de ver de cerca la Liberty Tower, me interesaba visitar la zona cero, los memoriales que allí habían..el 11 de septiembre de 2001 es una de esas fechas que todos recordamos, dónde estábamos, la forma en la que vivimos lo acontecido...por ello decidí que la mejor forma de comenzar mi viaje sería recordando a aquellas víctimas, reflexionando sobre lo que las personas somos capaces de hacer, y pidiendo por que todos los que sufrieron aquel día hoy se encuentren, de una u otra forma, en un lugar mejor.

Desde el World Trade Center, visitaría los alrededores de la zona financiera, la famosa Wall Street, con la popular estatua del toro y los ejecutivos encorbatados, y caminaría hacia el extremo sur de la isla, para ver anochecer de una forma especial. Había oído hablar sobre la existencia de un ferry gratuito hacia Staten Island, uno de los 5 distritos de la ciudad de Nueva York junto a Manhattan, el Bronx, Brooklyn y Queens..un ferry que salía cada pocos minutos y que a coste cero, te permitía disfrutar de una de las mejores panorámicas de Nueva York. Lo cierto es que tomar aquel barco fue una idea estupenda...durante la casi media de travesía, uno vive momentos mágicos..pasar junto a la Estatua de la Libertad, ver la Isla de Ellis, la panorámica de Manhattan, el puente de Brooklyn a un lado, las gaviotas siguiendo la estela del barco...y sobre todo ver como anochece una ciudad que cambia la luz del sol por las cientos de ventanas iluminadas de sus edificios.

Al volver a casa, ya de noche, cenaría uno de esos perritos calientes que tantas veces había visto en las películas por algo más de 1$. Algo que desde el principio me sorprendió fue la seguridad de la ciudad, pues a cada 100 metros había un policía..en ningún momento tendría sensación de inseguridad. Con el paso del tiempo, reforzaría esta sensación, pues a pesar de que Nueva York tenga zonas más recomendables que otras, en ningún momento sentiría mayor sensación de peligro que en cualquier capital o gran ciudad europea.

El día había sido largo, y a pesar de que únicamente llevaba unas horas en la ciudad, me había dado tiempo a vivir gran cantidad de emociones, olores, sensaciones...si bien es cierto que lo mejor, todavía estaba por llegar...

 

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