Nueva York (II)

Aquella mañana de finales de marzo, me despertaría tras únicamente un par de horas de sueño...no todos los días se amanecía en Manhattan, y mi entusiasmo por aprovechar cada una de las horas de las que disponía en la capital del mundo, me impedían permanecer en la cama mucho más tiempo.

Iba a ser un día muy completo..mi primera parada sería el emblemático Empire State, cuya silueta me había impresionado horas antes al aterrizar en el aeropuerto de JFK...a pesar de las tantas veces que había visto este edificio en películas o anuncios de televisión, no terminaba de creer que por fin subiría a lo alto de su observatorio, en el piso 86, desde el que podían contemplarse las mejores vistas de la ciudad. Gracias a que adquirí el ticket por anticipado, no fue necesario esperar o hacer ningún tipo de cola en la entrada, algo que agradecí enormemente, dada la gran cantidad de visitantes que desde primera hora de la mañana aguardaban para comprar su entrada.

Las vistas eran espectaculares. El buen tiempo de aquella mañana, en la que prácticamente no había nubes, permitía divisar kilómetros y kilómetros de paisaje, así como cada uno de los puntos más emblemáticos de la ciudad de Nueva York. La Liberty Tower al sur, Central Park al norte..edificios como el Chrysler o el Rockefeller Center, el MetLife, el Puente de Brooklyn..recuerdo como estuve más de una hora recorriendo cada palmo de aquel observatorio, a pesar de que en directo no me parecieron más de 15 minutos...sin duda la del Empire State es una visita obligada, pues con apenas subir en el ascensor y disfrutar de 10 minutos de vistas, habremos amortizado los cerca de 20$ que cuesta su entrada.

 

             

                                           Vista desde lo alto del Empire State         Times Square, centro de Manhattan

 

Tras disfrutar de las vistas que ofrecía el Empire State, volvería a tierra firme para perderme por las calles del centro de Manhattan. Hay un refrán que dice que si algo no lo encuentras en Nueva York, es que no existe..y lo cierto es que la oferta de tiendas de todo tipo era increíble..restaurantes de todo tipo de nacionalidades, grandes almacenes en cada esquina, librerías de hasta 4 y 5 plantas..y en definitiva, más y más locales que presumían de ser lo más del mundo en algo...la tienda de cómics más grande del mundo, la tienda de M&M'S más grande del mundo, la tienda de juguetes con las réplicas de lego más grandes del mundo...no sé si todos estos calificativos eran reales, pero lo cierto es que era una ciudad que abrumaba en todos los sentidos.

Poco tiempo después llegaría a Times Square, el que probablemente sea el centro neurálgico no sólo de Manhattan, sino de todo el mundo. Si Londres lo asocio al Big Ben, París a la Torre Eiffel, o Roma al Coliseo, Nueva York la asociaré siempre a Times Square...el ambiente de esta plaza es indescrpitible, las decenas de carteles luminosos, con las noticias del día, anuncios...los rascacielos, teatros, museos, cafeterías..incluso la oficina de reclutamiento del ejército, el Hard Rock, el Mcdonalds, o las tiendas de souvenirs, repletas de camisetas de béisbol de los Yankees, hacían de aquel un lugar muy especial.

Desde Times Square, caminaría en dirección norte hacia otro de los lugares marcados en el mapa como visita obligada, Central Park. Mi anfitrión me había advertido de lo cambiante que era el tiempo en Nueva York, y estaba en lo cierto, pues lo que en principio era un día soleado propio del verano, de pronto se convirtió en una nublada tarde otoñal, aunque afortunadamente, y por el momento, me había librado de la lluvia.

 

             

                                                              Central Park                           Pista de hielo de Rockeffeller Center

 

Hablar de Central Park es hacerlo del parque más famoso del mundo. Sus cerca de 340 hectáreas albergan lagos artificiales, dos pistas de patinaje sobre hielo, e innumerables zonas verdes destinadas al ocio de los más de 37 millones de visitantes que recibe cada año. Se trata de un enorme contraste, pues acostumbrado a pasear entre enormes rascacielos, ruído, tráfico...se agradecía poder caminar tranquilamente por un espacio de este tipo. Allí me sentaría durante media hora, a escuchar un poco de música, y a reflexionar sobre el futuro de mi viaje. Durante aquel tiempo vería, al igual que en las películas, a grupos de corredores hacer ''footing'', así como a familias enteras pasear, parejas que transcurrían sin rumbo por el parque..Central Park era un lugar especial, tranquilo, pero repleto de vida..

Tras mis momentos de reflexión, volvería a emprender el camino hacia otro de los puntos emblemáticos de la ciudad, el Rockefeller Center, a través de la famosa 5º avenida, repleta de tiendas de lujo de las marcas más conocidas del mundo, y posteriormente la 6º, donde se encontraba mi destino. Sin la grandeza del Empire State, se trataba de otro edificio espectacular. En su entrada se ubicaba la famosa pista de hielo rodeada por banderas de todos los países, que durante aquellas horas se encontraba repleta de patinadores..todo aquello parecía formar una típica escena de película navideña.

Tras visitar esta zona y entrar en algunas tiendas con precios prohibitivos, comería por algo más de 1$ un trozo de la famosa pizza neoyorquina y volvería a Times Square, desde donde caminaría por la 7º avenida en dirección sur hasta la 34 con Penn Station, o lo que es lo mismo, el Madison Square Garden!. Uno de los motivos por los que decidí viajar a EE.UU en primavera era poder ver en directo un partido de la NBA, y más en el Madison, el pabellón más famoso del mundo. Aquella tarde los Knicks jugaban contra los Grizzlies de Marc Gasol, y gracias a que planifiqué el viaje con algo de antelación, pude hacerme a buen precio con una entrada bastante bien situada, algo imposible de haber querido hacerlo aquel día, ya que prácticamente siempre el pabellón se llena hasta la bandera, y los reventas, legales en EE.UU, suelen frotarse las manos ante la enorme expectación que suscitan este tipo de partidos.

 

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                                           Exteriores Madison Square Garden            A punto de comenzar el partido!

 

Aquella tarde disfrutaría como un niño de 5 años. Tras entrar en el pabellón y fotografiarme con las enormes imágenes de jugadores, momentos históricos del club etc...me regalarían una camiseta blanca con el escudo del equipo.. En EE.UU el deporte está 100% orientado al aficionado, al que cuidan en todos los sentidos, incluídos los jugadores, a los que ganar millones de dólares no les priva de hacerse fotos o conversar con los aficionados incluso minutos antes de comenzar el partido. Recuerdo como al bajar a ver el calentamiento a pie de pista, uno de los acomodadores del Madison, lejos de echarme (lo que en un principio pensé que iba a hacer) se ofreció a hacerme una foto pisando el parquet, a pocos metros de los jugadores, algo que me cuesta imaginar que pasara en Europa. Tras el calentamiento, llegaría la representación del himno estadounidense, uno de los momentos más emocionantes de la noche. Las ''celebrities'' también hacían acto de presencia..Woddy Allen, Spike Lee, Karolina Kurkova..el espectáculo estaba listo para comenzar!

Finalmente, los Knicks se harían con la victoria 108-101, siendo J.R. Smith el mejor del partido, con 32 puntos. Seas o no aficionado al deporte, o a la NBA en concreto, ver un partido de estas características es algo que recomiendo a todo el mundo, pues más allá del juego, es un verdadero espectáculo..actuaciones musicales en el descanso y tiempos muertos, concursos de todo tipo, actuaciones de las cherleaders..

Tras el partido, volvería a casa en metro desde el mismo Madison, en cuyos bajos hay una estación. Había sido un día muy completo y sobre todo, casi imposible de olvidar...

 

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