Oslo: 2 días en la capital de Noruega

Los países nórdicos siempre han sido un lugar especial para mí...nunca me ha gustado repetir destino, pues considero que la lista de lugares a descubrir es ilimitada...pero como toda regla tiene su excepción, en mi caso, esa es Escandinavia...sus paisajes, naturaleza, cultura, carácter...es una zona que, por un motivo u otro, siempre me ha atraído, y a la que año tras año estoy deseando volver.

Recuerdo la primera vez que volé al Aeropuerto de Oslo - Rygge...por aquel entonces, en invierno de 2010, las temperaturas eran inferiores a los -10º y un manto de nieve cubría por completo la ciudad. Pasear por un Oslo totalmente blanco fue una experiencia increíble...sin embargo, las pocas horas de luz, el frío intenso, y la incomodidad de caminar ''sobre hielo'' impidieron que pudiera disfrutar por completo de la ciudad...

Iba a ser ahora, en la primavera de 2015, cuando tendría la oportunidad de visitar la capital de Noruega en todo su esplendor, y descubrir así gran parte del encanto de una de las ciudades del norte de Europa que más tiene que ofrecer.

 

         

                                            Oslo, frente a la Estación Central                                 Ópera de Oslo

 

Tras algo más de 3 horas y media de vuelo desde Alicante, por fin aterrizaría en el Aeropuerto de Moss - Rygge, ubicado a 60Km de Oslo. Se trata de un aeropuerto bastante pequeño pero muy bien organizado...justo al salir de la terminal, en la que encontraremos tiendas de prensa, un par de restaurantes y la clásica zona de ''Duty free'', se encuentra la parada de los autobuses que se dirigen continuamente al centro de la ciudad.

Al llegar a la Estación Central dejaría la mochila en mi alojamiento, ubicado a escasos metros...una zona bastante recomendable para hospedarse, pues además de económica, es segura y está situada a ''tiro de piedra'' de las principales atracciones de la ciudad.

El primer punto al que me dirigí fue a la Ópera de Oslo, probablemente el edificio más carismático de la capital noruega. Construída con vidrio y mármol blanco e inaugurada en el año 2008, resulta un claro ejemplo de la arquitectura vanguardista del norte de Europa...gracias a su diseño, es posible caminar por el propio tejado hasta acceder a un balcón, en el que apreciaremos algunas de las mejores vistas tanto del fiordo de Oslofjord como del resto de la ciudad.

 

          

                                      Calle Karl Johans, centro de la ciudad                         Palacio Real de Oslo

 

Continuando con mi paseo, me dirigí hacia la calle Karl Johans, ubicada en el corazón de Oslo...además de conectar la Estación Central con el Palacio Real, construído a principios del siglo XIX y actual residencia de los reyes de Noruega, en esta calle encontraremos la gran mayoría de puntos emblemáticos de la ciudad, como la Catedral, de estilo barroco y construída en el siglo XVII, el Parlamento noruego, el Teatro Nacional o la Universidad, así como numerosas tiendas de ropa, souvenirs, restaurantes y zonas peatonales.

Lo cierto es que se trata de un lugar muy agradable por el que pasear tranquilamente durante un par de horas. Personalmente, una de las cosas que más me gustan del centro de Oslo es que, aunque animado, sigue resultando un lugar tranquilo, lejos del ruido y el ajetreo al que acostumbran los centros de las grandes ciudades.

A sólo 10 minutos caminando desde el Palacio Real se encuentra otro de los lugares más representativos de la ciudad, el Ayuntamiento de Oslo, edificio construído a mediados del siglo XX y mundialmente conocido por albergar cada 10 de diciembre la ceremonia de entrega del Premio Nobel de la Paz.

 

           

                                                Ayuntamiento de la ciudad                      Oslo, desde la Fortaleza Akershus

 

Próxima al ayuntamiento se encuentra una de las zonas más turísticas y comerciales del centro de Oslo, la del puerto, en la que además de cruceros, pequeños barcos ofrecen excursiones a lo largo del fiordo y por las islas de los alrededores, al tiempo que la gente disfruta de las muchas terrazas y centros comerciales de la zona.

A pocos metros de allí podemos visualizar, en lo alto de una colina, otro punto de interés turístico en la capital noruega, la Fortaleza de Akershus, un complejo militar construído en el siglo XIII a modo de Castillo, que a lo largo de su historia a ejercido como cárcel, fortaleza, bastión o cuartel militar, y en el que podemos vivir en primera persona parte de la historia medieval de la ciudad.

Pero si hay un sitio de obligada visita en Oslo, ese es el Parque Vigeland, una extensión de 32 hectáreas al oeste de la ciudad en la que podemos encontrar más de 200 estatuas de bronce, hierro o granito representando diferentes acontecimientos de la vida humana, entre las que destaca el Monolitten, un espectacular bloque de granito de 17 metros formado por 121 esculturas entrelazadas.

 

               

                                               Escultura Parque Vigeland                     Monolitten, de 14 metros de altura

 

Oslo es una de esas ciudades que me gustan...puede que no se trate de un destino turístico al uso...de una de esas capitales que aparecen en la primera página de las guías de viajes...pero si tuviera que definir la ciudad con una palabra sería agradable...agradable por su tamaño, ya que la práctica totalidad de sus atracciones se encuentran a una distancia abordable a pie, por su gente, limpieza, seguridad...y esa sensación de calma y tranquilidad que, por muy cosmopolitas que seamos, todos necesitamos en algún momento experimentar.

Tras dos días completos de recorrido por la ciudad, volvería a caminar los poco más de 50 metros que separaban mi alojamiento de la Estación Central, para emprender el camino hacia un nuevo destino...próxima estación...Estocolmo!

 

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