Edimburgo (II) y excursión a Glasgow

A las 4 horas de mi partida desde la estación de Inverness, llegaría nuevamente a Edimburgo, desde donde volvería a tomar un autobús hasta mi último destino del viaje, la ciudad de Glasgow.

A pesar del tiempo que había transcurrido, la lluvia seguía cayendo sin cesar sobre la ciudad, y hacía que, junto al intenso viento, uno tuviera la sensación de estar en pleno invierno en lugar de a principios de septiembre. Dado que mi autobús hacia Glasgow tardaría algunas horas en salir, decidí volver a recorrer Edimburgo, con el objetivo de ver algunos puntos de interés que anteriormente no había podido visitar.

Entre todos ellos, uno de los que me hacía especial ilusión era la ''catedral'' del rugby escocés, el Estadio de Murrayfield, inaugurado en 1925 y con capacidad para 67.000 espectadores. Al llegar al estadio, situado al oeste de la ciudad, preguntaría al vigilante sobre la posibilidad de entrar, y a pesar de que las visitas programadas ya habían terminado, me indicaría una puerta abierta a través de la que poder entrar y visitar el lugar.

El ambiente era espectacular. La niebla, la lluvia, y el hecho de encontrarme solo en un recinto con capacidad para casi 70.000 personas, que tantas veces había visto por televisión, harían que pasara un rato más que agradable en un sitio muy especial. Tras recorrer cada rincón del estadio y conversar con algunos operarios, tomaría un autobús para volver al centro y continuar haciendo tiempo antes de partir hacia Glasgow.

Una de las cosas que más me gustaría de la ciudad, sería la gran cantidad de parques y zonas verdes que tiene en cualquier sitio, incluso en pleno centro. Uno de los jardines principales es el de West Princess Street, en el que es fácil ver, si el tiempo lo permite, a gente leyendo, paseando, o practicando algún deporte, prácticamente a cualquier hora del día. Junto a este jardín, se encuentran dos lugares importantes en la vida cultural de la ciudad, la Royal Scottish Academy y la Nacional Galery of Scotland, desde donde se organizan gran número de tours y visitas guiadas por la ciudad, además de todo tipo de exposiciones o actividades culturales.

 

            

                                                  Estadio de Murrayfield                           Parque junto al monumento a Scott

 

Tras hacer algo de tiempo por la ciudad, y dado que mi autobús saldría a primera hora de la mañana, iría ya de noche a la estación de autobuses para esperar mi salida, y si era posible, dormir un poco.

Desque que llegara la primera vez días atrás, la estación de Edimburgo me agradaría especialmente, pues acostumbrado a estaciones del sur de Europa, resulta un verdadero lujo. A pesar de no ser demasiado grande, más que una estación de autobuses parece tratarse de un centro comercial, dada la estructura del edificio y la cantidad de tiendas que hay en los alrededores. Además, el hecho de encontrarse en pleno centro de la ciudad, la vigilancia, y la cantidad de lugares para dormir en ella hacen que sea un lugar bastante cómodo en el que esperar durante un par de horas.

Al despertarme, encontraría a escasos metros de mí el autobús que me llevaría hacia mi próximo destino, la ciudad de Glasgow. Casi 1 hora después, volvería a la estación en la que fugazmente estuve días atrás. Por delante me esperaba 1 día completo en Glasgow, pues a la mañana siguiente tomaría el vuelo de vuelta a casa, por lo que no había tiempo que perder.

Lo primero que haría en Glasgow, sería reunirme con David, un amigo húngaro que meses atrás había conocido en Budapest, y que al estar estudiando en la ciudad, me enseñaría el centro histórico.

Glasgow es la ciudad más poblada de Escocia, y la tercera de todo el Reino Unido, con un área metropolitana de cerca de 2,5 millones de habitantes. Es una ciudad de marcado carácter industrial, dónde por primera vez en Escocia vería bloques de pisos al estilo occidental, aunque el centro histórico siga conservando cierto encanto, junto con la gran cantidad de ''pubs'' y lugares de ocio repletos de una numerosa población universitaria.

Sin duda el broche de oro a mi viaje sería la visita a Celtic Park, dónde vería el partido de fútbol Celtic - Motherwell, con victoria por 3-0 para el equipo local. El ambiente en el estadio es espectacular, pues la pasión que hay por el fútbol en la ciudad hace que semana tras semana se llenen tanto el estadio del Celtic, como el del otro equipo de la ciudad, el Glasgow Rangers, sea quien sea el rival.

 

               

                                                  Celtic Park, Glasgow                               Atardecer en Glasgow, río Clyde

 

Tras 90 minutos de cánticos, goles y celebraciones, recorería la ciudad de Glasgow, reflexionando sobre el transcurso de un viaje que había sido muy enriquecedor. Había recorrido un país, pero sobre todo había disfrutado de la naturaleza, de la amabilidad de la gente, y del encanto que tiene aprender de una cultura distinta a la que estas acostumbrado a vivir en el día a día.

Tras despedirme de David pasaría las últimas horas de estancia en Glasgow caminando a lo largo del río Clyde, antes de dormir durante algunas horas en varios sitios improvisados, a la espera de tomar el primer autobús de vuelta al aeropuerto de Prestwick.

2 horas y media de vuelo después volvería a casa, pero con la sensación de que conmigo traía algo de un destino especial, al que seguro espero volver...

¡Hasta pronto Escocia!

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