Bratislava, qué ver en la capital de Eslovaquia

El trayecto en autobús desde Budapest a Bratislava dura unas 2 horas y media. Bratislava, con cerca de 450.000 habitantes, es una de las capitales europeas más manejables que conozco, pues su reducido tamaño nos permite visitarla en apenas un día, aunque debido al itinerario de mi viaje, decidiría estar allí cuatro días completos, para así disfrutar con tranquilidad de una ciudad de la que me habían dado muy buenas referencias.

Lo primero que hice al llegar fue, como en tantas ocasiones, buscar algún tipo de alojamiento, algo que no sería difícil dado el tamaño de la ciudad, aunque acostumbrado a Budapest, Bratislava me resultaría algo caro, pues los precios de los albergues no bajaban de los 12-13 euros la noche. Aun así encontré un hostel bastante grande cerca de la calle Obchodna, una de las vías principales de la ciudad, llena de pequeños comercios, cafeterías y hasta un Mcdonalds, todo a 5 minutos andando del casco histórico de la ciudad.

 

                

                                                     Calle Obchodna                                     Bratislava, vista desde el Castillo

 

Probalemente la mayor atracción de Bratislava sea el Castillo, ubicado en lo alto de una colina, desde donde se pueden ver las mejores vistas de la ciudad. Debido a la altitud de su ubicación, no os será difícil llegar hasta él, pues se puede ver desde prácticamente cualquier punto del casco antiguo, y aunque la subida sea algo cansada, os merecerá la pena, pues el entorno en general es muy recomendable.

El centro de Bratislava es bastante agradable, ya que en prácticamente cada calle pueden encontrarse edificios pintorescos, iglesias, o pequeños callejones, aunque si queréis economizar lo máximo posible, es mejor que evitéis las tiendas y restaurantes de esta zona, pues los precios son más parecidos a los de Viena que a los de Budapest.

Otros puntos de interés de la ciudad son la Catedral de San Martín, el Antiguo Ayuntamiento, La iglesia Azul, o la Puerta de San Miguel, aunque mi recomendación es que os olvidéis de mapas y disfrutéis de la ciudad, pues la mejor forma de disfrutar Bratislava es perdiéndose por sus calles y caminando por las numerosas zonas peatonales que posee.

Al igual que Viena y Budapest, Bratislava está bañada por el Danubio, por lo que acercarse a sus inmediaciones, y disfrutar de los parques de la zona es siempre recomendable.

En definitiva, Bratislava es una ciudad que cautiva, pues aunque no tenga grandes avenidas o lugares espectaculares, su ambiente hará que algún día nos planteemos volver, pues su tranquilidad, su belleza y su gente bien merecen una visita.

Tras Bratislava, volvería a Brno, mi punto de partida, donde disfrutaría durante un par de días de la ciudad junto a Jan, Viktor y Ada, unos amigos que me alojarían en su casa además de enseñarme la ciudad, y con los que disfrutaría de mis últimos días de viaje, antes de tomar un avión de vuelta a casa.

Durante este viaje, aprendería a disfrutar todavía más de Europa del Este, y me daría cuenta de la sensación de libertad que se experimenta al viajar en solitario, pues es uno mismo el único dueño de su destino. Ciudades monumentales, lugares pintorescos, y nuevos amigos hechos en el camino, junto a experiencias que no harían sino aumentar mis ganas de viajar...

 

              

                                            Sangría de despedida en Brno                                        Vuelta a casa

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