Budapest, la perla del Danubio

Alrededor de 3 horas despúes de mi partida desde Viena, llegaría a la ciudad de Budapest.

La capital de Hungría, con alrededor de 1.700.000 habitantes, es resultado de la unión en 1873 de tres ciudades a los márgenes del río Danubio. Por un lado Buda y Óbuda, en el margen derecho, y Pest en el izquierdo. Budapest, conocida también como la ''Perla del Danubio'', es una de las ciudades con más encanto de Europa del Este, pues al llegar, los edificios antiguos, los mercadillos improvisados, o el propio metro, hacen que uno tenga cierta sensación de haber retrocedido en el tiempo.

Una de las cosas que me sorprendió de Budapest fueron sus precios, pues acostumbrado a Viena, encontré la ciudad bastante barata para tratarse de una capital europea. En cuanto al alojamiento, encontré uno de los mejores albergues en los que he estado, La Casa de la Música, pues situado en pleno centro de Budapest, a unos 10 minutos andando de la Estación Central, gozaba de todo tipo de comodidades,  y a tan sólo unos 6 euros la noche.

La ciudad está repleta de lugares de interés, aunque quizás el más importante sea el Parlamento, cuya visita es gratuita para los ciudadanos de la Unión Europea. Terminado en 1902, es el segundo parlamento más grande de Europa, únicamente por detrás del de Bucarest. Una curiosidad es que junto a la entrada, se ubica una bandera húngara con un agujero en el centro, debido a que, tras la caída del comunismo en el país, decidieron eliminar la hoz y el martillo de la misma, y dejarla tal cual en recuerdo de la época de ocupación.

Otro de los símbolos de la ciudad es su puente más importante, el Puente de las Cadenas, construído en 1849, y reconstruído 100 años después, en 1949, debido a su total destrucción durante la II Guerra Mundial. También destacan dos lugares en la zona de Buda, el Bastión de los Pescadores, y el Castillo de Buda, desde dónde se ven las mejores vistas de la ciudad. A este último es posible subir en funicular, aunque si disponéis de tiempo suficiente os recomiendo subir andando, pues la zona merece bastante la pena.

      

               

                                                     Parlamento Húngaro                                       Puente de las Cadenas

 

Uno de los centros neurálgicos de la ciudad es la calle Váci Utca, lugar repleto de pequeños comercios, restaurantes y cafeterías, concurrido prácticamente a cualquier hora del día, junto con la Avenida Andrássy, en la que encontraréis edificios tan emblemáticos como la Ópera de Budapest o la Casa del Terror, edificio tristemente marcado por haber sido cuartel general de las policias alemana y soviética durante las épocas de ocupación.

En el otro extremo de la Avenida Andrassy se encuentra la Plaza de los Héroes, junto con el Museo de Bellas Artes y el Parque de la Ciudad, lugar ideal para dar una vuelta cuando el buen clima nos acompaña.

Otros lugares de interés son el Mercado Central, en el que encontraréis gran cantidad de productos locales a muy buen precio, la Sinagoga Judía, además de alguno de los famosos balnearios que posee la ciudad (Gellert, Széchenyi..)

En cuanto a vida nocturna, Budapest es una ciudad con muchas alternativas y en la que sin duda disfrutaréis bastante, pues además de precios muy competitivos, la población es bastante abierta y no os costará hacer nuevas amistades locales.

Para el transporte, no dudéis en utilizar el metro, pues al margen de comunicar bastante bien la ciudad, es una atracción turística por sí mismo. Al entrar, os llamará la atención los grupos de hasta cuatro o cinco guardias que vigilan en cada una de las entradas el que cada pasajero compre su billete. Pero lo mejor es subirse en el propio metro, pues el hecho de ser uno de los más antiguos del mundo, y el inquietante ruido que puede llegar a hacer en ocasiones hacen bastante peculiar cada uno de los viajes que en él podamos hacer.

Lo cierto es que es fácil disfrutar de Budapest, pues ofrece encantos más que suficientes para poder perdernos por una ciudad repleta de historia, que a lo largo del tiempo ha sido un verdadero cruce de caminos.

Tras disfrutar cuatro intensos días de la ciudad, y hacer nuevos amigos con los que sin duda algún día me espero volver a encontrar, volvería a tomar el destartalado metro para llegar a la estación de autobuses, algo alejada del centro.

Allí tomaría de nuevo un autobús con destino a una nueva capital europea. Próximo destino: Bratislava.