Excursión a Himeji y Kobe

Mi viaje por Japón llegaba a su fin, pero antes de abandonar el país del sol naciente, tendría la oportunidad de realizar, desde Osaka, una excursión de lo más interesante.

El objetivo era doble, por un lado, quería visitar el Castillo de Himeji, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y reconocido como uno de los máximos exponentes de la arquitectura medieval japonesa, por otro, conocer la ciudad costera de Kobe, capital de la prefectura de Hyogo y considerada como uno de los núcleos urbanos más cosmopolitas de todo el país.

 

           

                                                Estación central de Himeji                      Otemae - Dori, centro de la ciudad

 

Tras dirigirme a la Estación Central de Osaka, tomaría el primer tren en dirección a Himeji. La distancia entre ambas ciudades es de unos 90Km, siendo posible llegar a la misma en menos de una hora.

En mi caso, tomaría por error uno de los trenes de cercanías más lentos...por lo que tardaría en torno a la hora y cuarenta minutos en llegar a mi destino, algo de lo que por otro lado me alegré, pues me detendría en zonas y pequeños pueblos muy poco turísticos que, en caso de haber tomado un tren más rápido, a buen seguro nunca hubiera conocido: Uozumi, Harima, Befu, Takasago...sin duda, uno de los grandes placeres de viajar es perderse momentáneamente, caminar por sitios imprevistos, dejarse llevar...

Una vez en la ciudad de Himeji, lo primero que me sorprendió fue su tamaño...a vista de mapa, parece tratarse de un pequeño pueblo, con aires medievales, que debe su fama principalmente al Castillo...sin embargo, la ciudad cuenta con más de 500.000 habitantes, grandes avenidas, centros comerciales, carteles luminosos...lo mejor es que desde el primer momento es fácil orientarse, y si como en mi caso, queréis ir desde la estación al Castillo, tan sólo tendréis que caminar en dirección norte, a través de la calle Otemae - Dori, el cerca de kilómetro y medio que separa ambos lugares.

 

          

                                                       Castillo de Himeji                           Foso en los alrededores del Castillo

 

Conocido como Hakujoro o Castillo de la garza blanca, debido a su color blanco brillante, el Castillo de Himeji sería construído a lo largo del siglo XIV por orden del clan de los Akamatsu, siendo la sede de los distintos gobiernos feudales de la región, hasta que en la era Meiji (finales del siglo XIX) pasaría a convertirse en cuartel del Ejército Imperial Japonés.

En la actualidad, además de Patrimonio de la Humanidad, el Castillo es igualmente reconocido como Tesoro Nacional, siendo junto a los de Matsumoto y Kumamoto uno de los ''Tres famosos Castillos'' de Japón, y resultando el más visitado del país.

Lo cierto es que es un lugar que, desde el momento en el que lo visualizamos en lo alto de la colina Himeyama, impresiona...su grandeza, belleza o elegancia parecen propios de un Castillo ''de cuento'', y recorrer cada uno de sus jardines, pasajes o estancias nos hará retroceder en el tiempo siglos atrás. El precio de la entrada es de 600 yen, unos 4€, y el horario de apertura es de 9:00 a 16:30, a excepción de los meses de julio y agosto, en los que las visitas concluyen a las 17:30.

Tras visitar el Castillo durante un par de horas, volvería al centro de Himeji para almorzar y recorrer parte de la zona más ''moderna'' de la ciudad, antes de regresar a la estación y tomar el tren que en unos 40 minutos me llevaría a la ciudad de Kobe.

 

           

                                                 Estación central de Kobe                    Torre de Kobe, en la zona del puerto

 

Con una población que supera el millón y medio de habitantes, Kobe es la sexta ciudad más importante de Japón. Fundada en el año 1889, Kobe sería una de las primeras poblaciones japonesas en comerciar con occidente, época de la cual deriva su actual puerto, uno de los más importantes del país.

A principios del año 1995, Kobe sufriría uno de los desastres naturales más graves de las últimas décadas, un terremoto de 6,9 grados que acabaría con la vida de 5000 personas, dejaría a 300.000 sin hogar, y devastaría gran parte de la ciudad....afortunadamente, hoy en día no queda rastro de este incidente, y Kobe es una ciudad joven, moderna, y con una de las comunidades extranjeras más numerosas del país.

Desde la estación central, caminaría en dirección a la zona del puerto, en la que además de todo tipo de centros comerciales, encontramos uno de los símbolos de la ciudad, la Kobe Port Tower, una torre de 108 metros de altura cuya particular estructura y tonos rojizos no os dejarán indiferentes. Ascender al mirador de la Torre, desde el que podemos apreciar una panorámica de 360º de la ciudad, nos costará 600 yen, y lo cierto es que es una buena opción para disfrutar de Kobe desde ''otra perspectiva''.

Muy cerca de allí encontramos el Museo Marítimo, así como el Parque Meriken, construído para conmemorar el 120º aniversario del puerto en una zona de terreno ganado al mar, con diversas instalaciones de estilo contemporáneo.

Desde el Puerto, caminaría unos 15 minutos en dirección a Nankinmachi, el barrio chino, repleto de restaurantes y puestos tradicionales en los que degustar algunos de los platos más típicos de la cocina china...aunque si de comer se trata, no hay nada como el producto que ha dado a la ciudad una fama mundial, el buey o la ternera de Kobe, una carne considerada por los expertos como la mejor del mundo, dada la dieta y los cuidados a los que son sometidos los animales durante su vida.

 

          

                                                    Barrio chino de Kobe                         Aeropuerto Internacional de Kansai

 

Ahora sí...el viaje por Japón estaba llegando a su fin. Tras volver a Osaka desde Kobe, despedirme del Glico Man, cenar junto a la Torre Tsutenkaku y pasar mi última noche en la ciudad, madrugaría para coger el tren rumbo al Aeropuerto de Kansai, el más importante de la ciudad...un espectacular complejo construído en una isla artificial desde el que me despediría de un país único, apasionante, futurista y a la vez, repleto de historia, tradición...un lugar mágico al que sin duda espero volver algún día...

Durante las próximas 14 horas sobrevolaría Siberia, los Urales, la Rusia occidental, Escandinavia y el norte de Alemania antes de aterrizar en Amsterdam, donde tomaría mi último vuelo del viaje rumbo a Alicante. Por detrás, una de las aventuras más especiales de mi vida, el recuerdo de grandes ciudades, rascacielos espectaculares, templos fascinantes...y una población educada, respetuosa y dispuesta a recibirte con los brazos abiertos...

Muchas gracias Japón!; )

どうもありがとうございました

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