Kyoto, ciudad Patrimonio de la Humanidad

Tras uno de los finales de año más especiales que recuerdo, la mañana del día 1 madrugaría con la certeza de que me aventuraba a descubrir una ciudad única, fascinante.

Mi primer día completo en Kyoto comenzaría, como no podía ser de otra forma, visitando uno de los más de 2000 templos que han hecho de esta ciudad Patrimonio de la Humanidad, concretamente el Santuario de Heian, construído a finales del siglo XIX en honor a los emperadores Kanmu y Komei.

Uno de los elementos más característicos de este templo es el impresionante Torii de color rojo situado en su entrada, un arco tradicional que, normalmente ubicado en los templos sintoístas, delimita la frontera entre los espacios profanos y sagrados. El ambiente en las inmediaciones del templo era magnífico...muchas familias acudían juntas a rezar por el devenir del año que acababa de comenzar, y multitud de puestos vendían todo tipo de productos artesanales...amuletos, recuerdos, pequeños dulces...creando una atmósfera muy agradable.

 

          

                                                   Santuario Heian - Jingu                 Santuario de Yasaka, en el barrio de Gion

 

Desde Heian, continuaría mi camino en dirección sur hacia el barrio de Gion, el más tradicional de Kyoto...una de las pocas zonas en las que a día de hoy es posible ver a las geishas acudir a sus celebraciones vestidas y maquilladas como hace siglos.

En este barrio, célebre por su tipismo y arquitectura tradicional, se encuentra uno de los templos más visitados de Kyoto, el Santuario de Yasaka, construído en el siglo VII. Una de las cosas que más me llamó la atención de los templos sintoístas es que estos no se reducen a una estancia o templo principal...sino que, junto a este, encontramos varios santuarios más pequeños, los mencionados toriis, zonas ajardinadas o altares dedicados al culto de los kami o espíritus de la naturaleza, creando verdaderos complejos dedicados al rezo, la meditación y la relajación.

Pero en Gion también encontraremos algunas de las zonas más animadas de la ciudad, como las calles Shijo, Pontocho o Kawaramachi, en las que podemos disfrutar de la esencia del pequeño comercio de la ciudad, de la gastronomía de la región, o llevarnos algún recuerdo de nuestro paso por Kyoto.

 

         

                                    Chicas utilizando el tradicional kimono          Tejados nevados en el barrio de Gion

 

Otra de las zonas de visita imprescindible en Kyoto es la del Kiyomizu - dera, un conjunto de templos budistas construídos en el siglo VIII, a comienzos del Periodo Heian, y situados en lo alto de una de las colinas que bordean la ciudad. Es precisamente eso, su situación, lo que hace de este un lugar realmente especial, pues desde allí podemos disfrutar de algunas de las mejores vistas de Kyoto.

Fue este el lugar al que me dirigí la mañana de mi segundo día completo en la ciudad...y lo cierto es que se trató de una de las visitas más atractivas que realicé durante toda mi estancia en Japón...por si fuera poco con la belleza de los templos, la noche anterior a mi visita había estado nevando, por lo que pude disfrutar de la panorámica de un Kyoto totalmente cubierto por la nieve.

Desde el Kiyomizu - Dera, continuaría mi recorrido dando con una de las sorpresas más agradables de aquellos días. Algo alejado de las rutas turísticas, y en otra de las colinas próximas al centro, se encuentra el Ryozen Kannon, un santuario construído en forma de memorial en el año 1955 para honrar a los japoneses que sacrificaron su vida durante la Guerra y pedir por un país en paz.

Lo primero que sorprende del recinto es la estatua de un Buda de 24 metros y 500Kg de color blanco, hueco y al que es posible acceder tras depositar una varilla de incienso en honor a los caídos. La nieve, los cerezos de los alrededores, un estanque de agua cristalina...y el hecho de que durante la hora que duró mi visita no me encontrara con absolutamente nadie harían de este un lugar con un encanto especial.

 

          

                                                        Kiyomizu - Dera                                   Memorial del Ryozen Kannon

 

Llegado el atardecer, volvería a la estación central de la ciudad para tomar un tren de cercanías en dirección sur, hacia el santuario sintoísta de Fushimi - Inari, uno de los más célebres de Kyoto gracias a los miles de Torii que, situados uno junto al otro, forman un pasillo de casi 4Km alrededor del templo. 

El origen de estos peculiares torii proviene de Inari, el dios del arroz y la agricultura...dado que es a él al que está dedicado el templo, han sido muchos los comerciantes que a lo largo de los años han ofrecido un torii con su nombre en búsqueda del éxito y la prosperidad en los negocios. Lo cierto es que es un lugar muy peculiar, diferente al resto de templos budistas o sintoístas que podamos visitar en Kyoto, pues dado el gran número de turistas que recibe es una zona muy animada, repleta de tiendas y pequeños restaurantes en los que tomar algo y descansar de nuestro paseo.

De vuelta en el centro, me dirigí hacia uno de los lugares más simbólicos y controvertidos de la región, la Torre de Kyoto. Construída en el año 1964, esta torre es, con 131 metros, el edificio más alto de la ciudad. Dada la arquitectura tradicional que reina en la mayor parte de Kyoto, este edificio ha sido criticado durante años por gran parte de la población local, pues parece romper con el estilo y la estética que han hecho de Kyoto una ciudad Patrimonio de la Humanidad.

Al margen de polémicas, la visita a la Torre resulta interesante...no tiene la espectacularidad de torres como las que podemos encontrar en Tokyo o Yokohama, pero la panorámica que desde lo alto de su mirador podremos obtener de Kyoto nos hará disfrutar de la ciudad desde otra perspectiva.

 

         

                                           Torii del Santuario Fushimi Inari                                  Torre de Kyoto

 

Kyoto es una ciudad que sorprende, agrada, enamora...un destino que en principio parece manejable pero que, tras varios días en él, da la sensación de que serían necesarios varios meses para terminar de descubrir...pues en prácticamente cada esquina hay algo en lo que detenerse...un templo, santuario, parque, mercadillo, tienda de té, restaurante tradicional...sin duda puedo afirmar que esta es y será una de mis ciudades favoritas de toda Asia...un lugar al que realmente deseo volver.

Tras despedirme de mis nuevas amistades locales, tomaría el metro en dirección a la moderna Estación Central de Kyoto, para validar mi JR Pass en una de sus oficinas y tomar el tren que en menos de una hora me trasladaría a mi próximo destino...Nara!!

 

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