Nara, la ciudad de los ciervos

Tras algo más de una hora de viaje desde Kyoto, por fin llegaría a Nara, una ciudad que, con algo más de 350.000 habitantes, presume de ser uno de los principales destinos turísticos de todo Japón, dado su papel de capital durante la época medieval y la gran cantidad de templos que conserva de este periodo.

Además de por sus templos y monumentos (declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO), Nara es igualmente conocida por sus famosos ciervos sica, considerados sagrados durante siglos, que actualmente forman parte del tesoro nacional del país y campan a sus anchas por varias de las zonas más visitadas de la ciudad.

 

           

                                                 Estación central de Nara                            Calles del centro de la ciudad

 

La primera impresión de Nara es la de un lugar tranquilo, calmado...en el que las distancias, y más si venimos de una gran ciudad como Kyoto, Osaka o Tokyo, nos resultarán fácilmente abordables a pie. Es cierto que la ciudad es muy turística, pero en ningún momento me sentiría agobiado ni percibiría grandes masificaciones, ni siquiera en las atracciones más importantes...y es que en Nara, como en todo Japón, todo parece estar planificado, bien organizado.

Tras caminar durante 10 minutos por la calle Sanjo Dori, una de las más importantes de Nara, llegaría a los escalones que conducen a uno de los templos budistas más importantes de la ciudad, el de Kofuku - ji, construído en Kyoto en el siglo VII y traído a Nara a comienzos del siglo VIII, coincidiendo con el nombramiento de la ciudad como capital del país. En él, además de dos características pagodas (una de tres pisos y otra de cinco), encontraremos varias capillas, lugares de culto y las obras del que antaño fuera uno de los edificios principales del complejo, actualmente en reconstrucción.

Lo cierto es que se trata de una zona muy agradable...en sus inmediaciones, además del Museo Nacional de Nara o el parque de la ciudad, encontraremos a los primeros ciervos sica en libertad...una experiencia única, ya que se trata de animales muy dóciles, tranquilos y acostumbrados al trato con los turistas, por lo que se dejarán tocar, acariciar...e incluso tendremos la oportunidad de darles de comer una especie de galleta que venden en multitud de puestos de los alrededores.

 

           

                                     Nan en do, capilla del templo Kofukuji                       Pagoda y salón principal

 

Tras sentarme durante media hora, dar de comer a varios ciervos, y tomarme la bandeja de sushi que había comprado en el supermercado de la estación, continuaría mi camino hacia el templo más importante de la ciudad, el Todaji...considerado como el edificio de madera más grande del mundo, sería construído en el siglo VIII, y a pesar de las diversas remodelaciones que ha sufrido a causa de diversos incendios, se trata de un lugar que ha sabido mantener su encanto original...más allá de sus dimensiones, es un lugar que impresiona, pues realmente parece trasladarte a otra época.

Uno de los elementos que más llama la atención del recinto es el Nandaimon, pórtico construído en el siglo XII igualmente de madera, que con sus 20 metros de altura da entrada al patio principal del templo. Además, en el Templo Todaji se encuentra uno de los monumentos más conocidos de Nara, el del daibutsu o Gran Buda más grande de Japón, de 16 metros, en cuya construcción, ordenada por el emperador Shomu en el año 743, se empleó la práctica totalidad del bronce existente en el país.

Al margen del templo, este lugar es uno de los más especiales de Nara...zonas verdes, lagos, senderos que se pierden en el bosque, puestos de comida tradicional, tiendas de souvenirs...un sitio agradable que sin duda merecerá la pena visitar durante nuestro recorrido por la ciudad.

 

                

                                    Los ciervos, muy presentes en Nara             Templo Todaji, símbolo de la ciudad

 

Desde el Templo Todaji, continuaría mi paseo en dirección a Naramachi, el antiguo distrito comercial de la ciudad...una zona en la que encontraremos pintorescos callejones con casas tradicionales, pequeños almacenes y tiendas por las que parece no haber pasado el tiempo...y es que esto es Japón, el continuo contraste entre modernidad y tradición, la posibilidad de viajar en tren bala, subir a la torre más alta del mundo, o pasear con calma por poblaciones de casas bajas repletas de espiritualidad y tradición.

Llegado el atardecer, volvería a la estación central haciendo balance de mi excursión por Nara, una ciudad pintoresca, llena de tipismo e ideal para visitar en un día durante nuestro recorrido por el sur de Japón, dadas sus buenas conexiones con las principales ciudades de la región.

A los pocos minutos de llegar a la estación, tomaría el tren con el que, en poco más de 40 minutos, viajaría al que sería mi próximo destino...una de las ciudades más vibrantes de Japón...un lugar que me aguardaba muchas sorpresas..próxima parada...Osaka!

 

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