Tokyo: Asakusa, Chiyoda y Ueno

Viernes 26 de diciembre, 10:00 de la mañana...por delante 14 horas de viaje hasta Tokyo, el destino desde el que comenzaría una de las aventuras más apasionantes que hasta el momento había tenido la oportunidad de realizar...recorrer Japón de norte a sur visitando sus ciudades más significativas, así como buena parte del patrimonio cultural del país, uno de los más ricos no sólo de Asia, sino de todo el mundo.

Para llegar a Japón no existen vuelos directos desde España, por lo que, desde Madrid, tendría que hacer una escala de un par de horas en el aeropuerto de Schipol, Amsterdam, para desde allí emprender el vuelo de casi 11 horas entre la capital holandesa y el aeropuerto de Narita, en Tokyo. Aquellas horas de vuelo serían apasionantes...desde el aire, y gracias al buen tiempo, podría contemplar la Península Escandinava, el Mar Báltico, la inmensidad de la taiga siberiana completamente helada, así como la ciudad de Khabarovsk, en el extremo oriente ruso, antes de llegar a la costa del Pacífico y comenzar el descenso previo al aterrizaje en Japón.

 

             

                                    Indicaciones del Aeropuerto de Narita                 Puerta de Kaminarimon, Asakusa

 

Ya en el aeropuerto, la primera sensación que tuve fue la de estar en otro mundo...Narita es uno de los aeropuertos más transitados del mundo, pero igualmente uno de los más modernos y mejor organizados...no había ni rastro de colas, ni siquiera en los controles de inmigración, donde tras responder un par de preguntas y rellenar un breve formulario obtendría el sello que me autorizaría a viajar por el país durante los próximos 90 días. Ahora si...por fin me encontraba en Japón.

Desde la misma terminal, tomaría uno de los muchos trenes que, en unos 45 minutos, conectan el aeropuerto con el centro de la ciudad. Mi destino era la estación de Ueno, al norte de Tokyo, zona en la que había encontrado un hotel cápsula en el que pasar la noche por sólo 15€, una verdadera ganga para la que, en teoría, es una de las ciudades más caras del mundo. A pesar del bajo precio, el trato en el ''Hotel Iriya'' fue inmejorable...limpio, personal amable, zapatillas y toalla gratuítas, conexión a internet, mapas de la ciudad...y sobre todo una situación excelente, a pocos metros del metro, rodeado de servicios y a tiro de piedra del centro de Tokyo.

Mi primera visita en la capital nipona sería al barrio de Asakusa, próximo a mi hotel...se trata de una de las zonas más tradicionales de la ciudad, en la que se puede sentir el Tokyo más ''espiritual'', visitando templos como el Sensoji, el más antiguo de todo Tokyo, así como la Puerta de Kaminarimon o la calle Nakamise Dori, en la que podremos encontrar tiendas con todo tipo de souvenirs: postales, llaveros, kimonos, dulces tradicionales...

 

            

                                     Tienda de souvenirs en Nakamise Dori          Templo Sensoji, más antiguo de Tokyo

 

Pero si de algo hace gala Tokyo, y en general todo Japón, es del continuo contraste entre tradición y modernidad, por lo que...tras mi primera toma de contacto con el Tokyo más antiguo, tomaría el metro hasta uno de sus edificios más modernos y futuristas, el Tokyo Skytree, una espectacular torre de comunicaciones que, con sus 634 metros, es la estructura más alta de todo el país.

A pesar de la enorme cola que, especialmente al atardecer, se forma para subir a lo alto de su mirador, se trata de una visita totalmente recomendable...es cierto que su entrada es algo cara (unos 20€), pero disfrutar de la panorámica de Tokyo desde un mirador a 450 metros de altura merece la pena...siempre he pensado que una de las mejores formas de conocer una ciudad es ''desde las alturas'', y disfrutar de las vistas de Tokyo al anochecer, con la iluminación de sus puentes, rascacielos...y la inmensidad de kilómetros y kilómetros de barrios extendiéndose en el horizonte resulta realmente especial.

Tras disfrutar del mirador y de los centros comerciales contiguos a la torre, volvería en metro a la estación de Iriya para cenar en alguno de los restaurantes próximos a mi hotel. Algo que me sorprendió gratamente de Tokyo fue lo económico que resulta comer en la ciudad...fuera de las zonas más turísticas, son frecuentes los restaurantes en los que por poco más de 5€ podemos tomar un menú completo consistente en sopa, arroz o fideos con algo de carne, té, un refresco y algo de postre. De esta forma, con una tradicional cena japonesa, daría por concluído mi primer día en la ciudad.

 

             

                                               Metro de Tokyo al atardecer                        Skytree, torre más alta de Japón

 

Al día siguiente, y dado el ''jet lag'' que padecía desde las 3 de la mañana, madrugaría para dirigirme al barrio de Chiyoda, en el que además de imponentes edificios de oficinas y rascacielos, se encuentra uno de los puntos más emblemáticos de Tokyo, el Palacio Imperial. A pesar de que el recinto abre únicamente dos veces a lo largo de todo el año (23 de diciembre, cumpleaños del emperador, y 2 enero, con motivo del año nuevo) recorrer la zona de los alrededores del Palacio, así como sus jardines (abiertos al público) resulta igualmente recomendable.

Tras realizar el recorrido de 5km a pie alrededor del Palacio, y fotografiar alguna de sus estancias más carismáticas, volvería a tomar el metro hacia Ueno, ''mi barrio'', para visitar el parque que, con el mismo nombre, es considerado junto al Yoyogi como el más importante de la ciudad. En él, además de lagos y zonas verdes, podemos visitar el Museo Nacional de Tokyo, el Museo de Ciencias, el Museo Oriental o el zoológico de la ciudad, en el que podremos disfrutar de animales de los cinco continentes, entre los que destacan su famosa pareja de osos panda traídos desde Chengdu, China, o su impresionante oso polar.

 

           

                                     Palacio Imperial de Tokyo, en Chiyoda               Zoológico de Tokyo, Parque Ueno

 

La primera impresión de Tokyo fue inmejorable...en ningún momento me dió sensación de ciudad caótica o inabordable, sino todo lo contrario...un lugar limpio, ordenado, muy seguro, en el que la organización destaca por encima de todo y en el que es prácticamente imposible perderse, dada la gran cantidad de mapas e indicaciones que encontraba a cada momento en inglés, especialmente en las zonas más turísticas.

Por otro lado, Tokyo me parecía una continua sorpresa...en cada calle, rincón o pequeño callejón encontraba algo peculiar, ya fuera una máquina expendedora de cualquier tipo de producto, un pequeño restaurante de la época de la guerra, un templo sintoista, o un centro comercial con los últimos avances tecnológicos...Tokyo abruma, sorprende..pues paseando por sus calles uno vuelve a sentirse como el niño pequeño que, para no perder detalle, abre los ojos como platos para absorver cada nueva experiencia...y lo mejor es que todavía me quedaban por delante 5 días en la ciudad! próxima estación: Shibuya...


 

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