Tren bala a Kyoto y celebración del Año Nuevo

Aquella mañana del 31 de diciembre madrugaría con la convicción de que ese día de fin de año sería totalmente distinto a cualquiera de los que había vivido anteriormente.

Tras visitar durante 6 días las ciudades de Tokyo y Yokohama, partiría en dirección a la estación central de la capital nipona con el objetivo de tomar el Shinkansen, el famoso tren bala, en dirección a Kyoto, la ciudad con más historia de todo Japón. A pesar de las enormes dimensiones de la estación, de la gran cantidad de gente, y de mi total desconocimiento del idioma japonés, ubicarme y comprar el billete resultaría de lo más sencillo.

Al igual que los billetes de metro, los ticket de Shinkansen pueden adquirirse en máquinas electrónicas (disponibles en inglés) en las que únicamente tendremos que elegir el tipo de tren (super express), la línea (en este caso la azul) y la estación de destino (Kyoto). Tras pagar los cerca de 13.000¥ que cuesta el billete (unos 70€) tan sólo tendremos que coger nuestro ticket y seguir las indicaciones hasta los andenes dedicados a estos trenes.

 

           

                                                 Próximo destino: Kyoto!                                    Junto al Shinkansen

 

Tras unos 20 minutos de recorrido por la estación, por fin llegaría a mi Shinkansen. A pesar de ser una fecha tan señalada como el fin de año, y un trayecto tan concurrido, la alta frecuencia y variedad de horarios (el siguiente Shinkansen a Kyoto partía en sólo media hora) hacía que no hubiera ningún tipo de apretura a la hora de encontrar asiento.

Algo que debemos de tener en cuenta a la hora de realizar el recorrido Tokyo - Kyoto es sentarnos en el lado derecho del tren (y en el izquierdo si hacemos el trayecto a la inversa) y a ser posible, en ventanilla, para así poder apreciar el Monte Fuji, uno de los símbolos del país, cuya silueta nos acompañará durante buena parte del viaje.

Tras abandonar Tokyo y sus alrededores, detenernos en Yokohama, disfrutar del propio Monte Fuji y hacer una pequeña parada en la ciudad de Nagoya, por fin llegaríamos a la estación de Kyoto. En total, casi 500Km de distancia recorridos en poco más de 2 horas, en un tren que llega a superar los 300Km/h.

 

          

                                             Monte Fuji, símbolo de Japón                   Torii del Santuario Heian, en Kyoto

 

Con algo más de 1'5 millones de habitantes y declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, hablar de Kyoto es hacerlo de una de las ciudades más bellas no sólo de Japón, sino de toda Asia.

Antigua capital y sede de la Corte Imperial durante más de mil años, la ciudad cuenta con un patrimonio cultural e histórico único en el país...más de 1500 templos budistas, 400 sintoístas, jardines, palacios o barrios con casas de estilo tradicional que parecen trasladarnos siglos atrás...si Tokyo es la modernidad, la tecnología, las grandes superficies comerciales...Kyoto es la historia, la tradición, la espiritualidad...

Acostumbrado al interminable mapa del metro de Tokyo, lo primero que me sorprendió en la estación de Kyoto fue que tan sólo existían dos líneas, la roja y la verde. Tras poco más de 10 minutos de viaje llegaría a la estación de Higashiyama, próxima a la casa de huéspedes en la que pasaría las próximas tres noches.

La primera sensación de Kyoto fue la de una ciudad calmada, tranquila...Puede que esto sea debido al contraste que experimenté con la bulliciosa Tokyo...pero realmente parecía que en Kyoto el tiempo iba a un ritmo mucho más lento, más pausado.

 

          

                                       Celebrando el año nuevo en Kyoto                    Farolillos decorando las calles

 

Tras llegar a mi albergue, la Guest House Gajyun, tomaría un descanso al tiempo que haría mis primeras amistades en la ciudad. En un principio, los japoneses suelen ser algo tímidos, reservados...pero la mayoría son tremendamente educados, respetuosos, y cuando cogen confianza, muy amigables.

Las festividades de Navidad y Año Nuevo suelen ser fechas para estar en casa, pasarlas con la familia...por ello, tanto los huéspedes como los trabajadores del albergue, cuando vieron que viajaba solo y desde tan lejos, se interesaron por mi situación. Yo realmente no sabía dónde pasaría aquella noche, ni con quién...sólo sabía que sería especial, diferente...y así fue!!

En apenas unas horas, todos los que allí nos encontrábamos preparamos una cena de Nochevieja, y tras celebrar con champán, cortesía del dueño del albergue, y un plato de los tradicionales fideos toshikoshi la entrada del 2015, Manami, la chica de recepción, se ofreció a mostrarme como se celebraba el fin de año en Kyoto de la forma tradicional, algo que acepté sin dudarlo.

 

          

                                            Santuario Sintoista de Yasaka                Puesto tradicional en el barrio de Gion

 

El ambiente por las calles era magnífico...si...era de celebración, pero no había silbatos, confeti ni matasuegras, la gente salía a las calles en busca de templos en los que rezar, en familia o con amigos, para realizar sus ofrendas y pedir por el Año Nuevo.

Uno de los templos que más me impresionó fue el Santuario Sintoísta de Yasaka, en el barrio de Gion...próximo a él también dan lugar varios templos budistas, en los que tuve la oportunidad de escuchar las tradicionales 108 campanadas, en referencia a los 108 deseos mundanos que, según las tradiciones budistas, provocan el sufrimiento humano.

En muchas calles, así como en las inmediaciones de los templos, muchos puestos vendían amuletos, productos típicos, dulces, brochetas o vasitos de sake, y a pesar de que las temperaturas hacía tiempo que habían descendido de los 0º, nadie parecía querer volver a casa...la gente reía...lo pasaba bien...sin duda aquella noche sería difícil de olvidar...y sobre todo, sería la toma de contacto perfecta con una ciudad que intuía apasionante...

 

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