Atenas, una capital repleta de historia

Para realizar el trayecto entre Thesalónica y Atenas tenía dos opciones: la primera el tren, que tardaría unas 5 horas y cuyo precio ascendía a los 40€, y la segunda el avión, con el que únicamente tardaría 50 minutos, y en el que gracias a ofertas de compañías lowcost encontraría billetes por menos de 30€. Normalmente suelo preferir el romanticismo y la tranquilidad del tren...pero dados los más de 40º de temperatura, los más que posibles retrasos y sobre todo, el ahorro de tiempo del trayecto, terminaría decantándome por la segunda opción.

Tras una media hora de viaje en autobús al aeropuerto, una hora de espera y 50 minutos de vuelo, por fin aterrizaría en el Aeropuerto Internacional de Atenas. Desde allí, tomaría el metro hasta la Plaza Syntagma, donde haría un transbordo en dirección a la estación de Metaxourghio, próxima al hotel donde pasaría las próximas dos noches...las últimas de mi viaje por los Balcanes.

Lo primero que me llamó la atención de Atenas fue la modernidad de sus instalaciones, tanto del metro como del aeropuerto, que nada tenían que envidiar a los de cualquier capital europea. No en vano, ambos serían inaugurados a principios de los años 2000 con motivo de los Juegos Olímpicos de 2004, por lo que podrían considerarse prácticamente nuevos...pero sin duda, el detalle que más ilusión me hizo fue el de encontrarme con el mapa del metro de la ciudad..siempre he pensado que, de una u otra forma, los planos de metro representan gran parte de la personalidad de un lugar...y ver frente a mi estaciones como la propia Syntagma, el Pireo, Acrópolis, Iraklio o Panepistimio me hizo ser verdaderamente consciente de que por fin estaba en Atenas, una de esas ciudades que desde hacía tanto tiempo había querido visitar.

 

            

                                                Ruinas del Ágora Romana                  Bandera griega de camino al Acrópolis

 

Atenas es una de esas ciudades que con sólo nombrarlas nos evocan historia. Con una antigüedad de más de 3000 años, la ciudad ha sido cuna de algunos de los filósofos, artistas o escritores más célebres de la Edad Antigua, que no sólo contribuyeron al desarrollo del país, sino al de toda la civilización occidental. Actualmente, Atenas cuenta con un área metropolitana cuya población ronda los 4 millones de habitantes, siendo además de capital el centro político, económico y cultural más importante de Grecia.

Tras una primera noche de toma de contacto y un merecido descanso, me despertaría al amanecer de mi primer día completo en la ciudad. Atenas es una ciudad con mucho que ver...pero si nos organizamos bien, y no nos detenernos excesivamente en cada uno de sus museos, podemos disfrutar de gran parte de sus atracciones en un par de días.

Desde la Plaza de Metaxourghio, comenzaría a andar en dirección al Ágora Antigua, mi primera visita en la ciudad, en un paseo que rondaría los 20 minutos a pie. En la antigüedad, el Ágora ocupaba un papel fundamental en la sociedad griega...en ella se celebraban acontecimientos políticos, religiosos o culturales, pues además de centro de gobierno era considerada un lugar sagrado.

Fue allí donde viviría uno de los momentos más especiales no sólo del día, sino de todo el viaje...sucedió mientras callejeaba por sus monumentos y al alzar la vista divisé por primera vez el Partenón, símbolo de Atenas. Fue una sensación única, similar a la primera vez que vi la Torre Eiffel, el Big Ben o la silueta del Empire State...una de esas postales que tantas veces había admirado en fotografías y que ahora por fin se encontraba frente a mí!.

 

             

                                         El Partenón, símbolo de la ciudad                          Atenas desde el Acrópolis

 

Sin más demora, comenzaría a andar en dirección al Acrópolis...un paseo que, a pesar de las cuestas, el tremendo sol y los más de 40º de temperatura, se haría bastante ameno, pues se trata de una zona repleta de tiendas de souvenirs, pequeños museos, varios templos y zonas en las que, gracias a la inclinación de las calles, es posible disfrutar de algunas vistas interesantes de la ciudad.

Ya en la entrada, disfrutaría del que probablemente sea uno de los museos al aire libre más importantes del mundo...Acrópolis viene a significar ''parte alta'' de la ciudad, zona que, además de función defensiva, tiene un marcado carácter espiritual, pues en ella se situan algunos de los templos más característicos de la capital helena. El propio Partenón, de estilo dórico y construído en el 432 a.C, el Propileos, o entrada monumental que daba acceso a las instalaciones, el Templo de Atenea, en conmemoración a la victoria griega sobre los persas en la Batalla de Salamina, el Erecteón, o el Teatro de Dioniso, el más importante de la Antigua Grecia, son algunos de los monumentos que allí podremos disfrutar.

Pero si algo me marcó de la visita al Acrópolis, además del Partenón, fue la impresionante panorámica de la ciudad de Atenas que desde allí se puede contemplar....kilómetros de casas blancas se extendían en el horizonte junto al Monte Licabeto, la costa del Mar Egeo o el muelle del Puerto del Pireo, así como los templos, ruinas o edificios gubernamentales que ahora parecían miniaturas...una vista espectacular.

 

             

                                        Teatro de Dioniso, en el Acrópolis                      Iglesia ortodoxa de Santa Sofía

 

Tras visitar cada detalle del Acrópolis, volvería caminando al centro de la ciudad, no sin antes detenerme en uno de los restaurantes de los alrededores para disfrutar de la gastronomía griega. No suelo acudir a muchos restaurantes, pues prefiero economizar al máximo cocinando yo mismo y así alargar la duración de los viajes...pero Grecia es un país cuya gastronomía obliga a darse un pequeño capricho...mousakka o lasaña de carne y berenjenas, el saganaki o queso frito, barbacoas, pastas, ensaladas, tzatziki o salsa de yogur con ajo y pepino, el tradicional queso feta...en definitiva, una amalgama de sabores a los que es casi imposible resistirse.

Después de mi pequeño tentenpié, continuaría con mi recorrido en dirección a otra de las ruinas más visitadas de la ciudad, el Templo de Zeus, construído entre los siglos VI y II a.C. y ubicado junto a otra de las obras más características de la ciudad, la Puerta de Adriano, con su particular arco de 18 metros de altura que antaño separaba la ciudad antigua de la nueva. No muy lejos de allí se encuentra una visita obligada para los amantes del deporte, el célebre Estadio Panatenaico, sede de los primeros Juegos Olímpicos de la era moderna, en 1896, cuyas gradas de marmol, así como una arquitectura insólita en cualquier estadio actual, nos hará sentir como los atletas de la antigüedad.

Pero Atenas no es sólo templos, ruinas y monumentos. Para conocer el centro neurálgico de la Atenas actual, no hay nada como dirigirse a la Plaza Syntagma, corazón de Atenas. Repleta de gente a casi cualquier hora del día, en ella tendremos la oportunidad de visitar el Parlamento griego, así como la Tumba del Soldado Desconocido, u hoteles como el Grande Bretagne, de 5 estrellas, uno de los más lujosos de la ciudad.

Me gustaba el ambiente de Atenas...al igual que me había ocurrido en Thesalónica, pero a una escala mucho mayor, la idea de ciudad insegura, destartalada...''en la quiebra'' que tantas veces había percibido en los medios de comunicación, se convirtió en una ciudad acogedora, en una de esas capitales sin rascacielos que, en el mejor de los sentidos, parecen ''pueblos grandes'', en los que a pesar de la distancia un visitante, en definitiva, igualmente mediterráneo, llega a sentirse como en casa.

 

            

                                                         Templo de Zeus                              Parlamento griego, Plaza Syntagma                    

Después tres días y dos noches repletos de monumentos, museos, lugares con historia, y sobre todo, emociones difíciles de olvidar, tocaría volver a preparar la mochila para, esta vez, emprender el camino de vuelta a casa.

Dado que los vuelos directos entre Atenas y España resultan algo caros, y que disponía de varios días más de vacaciones, decidí realizar varias escalas antes de regresar. El primer destino al que me dirigí fue Roma, una ciudad que ya había visitado en el año 2011 y de la que guardaba un gran recuerdo. En ella, me reencontraría con el Coliseo, la Fontana di Trevi, el Foro Romano, o volvería a disfrutar del anochecer junto a la Plaza de San Pedro, en el Vaticano, una de mis estampas favorítas de la ciudad. Desde Roma, continuaría mi camino hacia Bruselas, para posteriormente disfrutar durante varios días de la tranquilidad y armonía del norte de Francia, última parada antes de regresar a mi Murcia natal.

Tras algo más de 3000 kilómetros en carreteras, 8 países visitados, muchas horas de autobús, y varios sellos en el pasaporte, la aventura en los Balcanes había llegado a su fin. Por muchos factores, este era un viaje especial, diferente, en el que si...esperaba visitar ciudades especiales, paisajes con encanto...pero sobre todo, aprender algo más de mi mismo, de mi capacidad de adaptación, de las relaciones humanas, de la habilidad para dar a cada situación la importancia que requiere, o de la importancia de tratar de superarse día a día...algo que, de una u otra forma, varios meses después de finalizar aquel viaje, soy consciente que conseguí...

Ya en Murcia, volvería poco a poco a la rutina del día a día, aunque como de costumbre, tardaría poco en comenzar a visualizar un nuevo destino, una nueva aventura...¿a dónde?...estar atentos, porque este destino os va a sorprender!; )

 

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