Trieste, el comienzo de mi aventura en los Balcanes

A mediados de 2014 daría comienzo mi gran aventura del año...un viaje de 3 semanas en el que, desde Italia, trataría de visitar gran parte de los países que formaron la ex Yugoslavia..Eslovenia, Croacia, Bosnia, Serbia y Macedonia, para posteriormente llegar a Grecia y visitar las ciudades de Tesalónica y Atenas...un recorrido repleto de historia, en el que trataría de aprender sobre el pasado más reciente de una región castigada por la guerra, pero enormemente rica en cultura, naturaleza, religión, diversidad, gastronomía ...y todo esto de la mejor forma posible, realizando el viaje por tierra, utilizando transportes locales, mezclándome con su gente, visitando sus monasterios, comiendo en los mercados y en definitiva, conviviendo con el día a día y las tradiciones de culturas tan dispares como enriquecedoras.

Para ello, volaría desde el Aeropuerto de Alicante hasta Bologna, la capital de la región italiana de Emilia - Romagna. No era mi primera vez en la ciudad, pues algo más de 2 años antes la había visitado durante mi recorrido por Italia y San Marino, por lo que no me detendría en exceso, visitando en un par de horas su centro histórico, en el que destaca la Basílica de San Petronio, la Fuente de Neptuno, y el particular tono rojizo de muchos de sus edificios.

El motivo de volar a Bologna fue meramente logístico...mi intención era la de viajar al norte de Italia lo más barato posible, para desde allí dar el salto a los Balcanes, y dado que encontré un vuelo a la ciudad por menos de 30€, no me lo pensé...no en vano, me alegré de volver a una ciudad que, sin ser de las más turísticas de Italia, tiene un encanto especial.

Ya de noche, me dirigí hacia la estación central para tomar un tren hacia Trieste, última ciudad italiana antes de la frontera eslovena. El trayecto duraría unas 7 horas, en las que nos detendríamos en ciudades como Ferrara, Pádova, Venecia o Udine, antes de llegar a nuestro destino a primera hora de la mañana.

 

            

                                                   Ayuntamiento de Trieste                       Palacio del Gobierno, Piazza Unità

 

Ubicada en la costa del Adriático, y con algo más de 200.000 habitantes, Trieste es una de las ciudades más agradables del norte de Italia. Dada su ubicación geográfica, en un verdadero cruce de caminos, por sus calles han desfilado romanos, bizantinos, lombardos, francos, venecianos o austrohúngaros, hasta la posterior anexión de la ciudad a Italia al finalizar la Primera Guerra Mundial.

Tras llegar a la renovada Estación Central, ubicada en el centro de la ciudad, caminaría unos diez minutos a lo largo del paseo marítimo hasta llegar a la Piazza Unitá, centro neurálgico de Trieste. Algo que llama la atención de esta plaza, en la que encontramos lugares tan representativos como el Ayuntamiento de la ciudad, el Palacio de Gobierno, la Casa Stratti, la Fuente de los Cuatro Continentes o los palacios Comunal y Modello, es su ubicación, pues se encuentra en la misma orilla del mar.

Allí desayunaría con Juan, un amigo que llevaba casi un año estudiando en la ciudad, y que me haría un pequeño recorrido turístico por los entresijos de Trieste. Aunque me guste viajar solo, compartir parte del trayecto con amigos, ya sean antiguos o hechos ''en el camino'', resulta una experiencia además de divertida muy enriquecedora.

 

             

                                           Fuente de los Cuatro Continentes                         Centro histórico de Trieste

 

Desde la Piazza Unitá caminamos a lo largo de las calles del centro histórico de la ciudad, muy cuidado y de aspecto renovado, hasta otra de las plazas principales de Trieste, la Piazza della Borsa, en la que encontramos el peculiar edificio de la Cámara de Comercio de la ciudad, fácilmente reconocible por sus cuatro columnas, además de otros puntos de interés como el Palazzo del Tergesteo o el Monumento al Emperador Leopoldo I.

Se trata de una zona con bastante comercio, así como con numerosas terrazas o cafeterías en las que tomar algo. A primera vista, Trieste lo tiene todo para ser un destino ''turístico''...se encuentra en la costa, está bien cuidado, comunicado, tiene historia, museos, monumentos, zonas de ocio, restauración...sin embargo la cercanía de ciudades como Venecia, Ljubljana o las costas eslovena y sobre todo croata hacen que en ocasiones pase desapercibida, ya sea para aquellos que pretenden conocer el norte de Italia, o para los que busquen un destino ''de sol y playa''...no obstante, mi primera impresión de la ciudad fue de lo más positiva, por lo que en caso de que visitéis la zona, os recomiendo que le dediquéis al menos un día.

 

            

                                                        Cámara de Comercio                         Gran Canal, símbolo de la ciudad

 

Desde la Piazza de la Borsa, continuamos nuestro camino hacia el que probablemente sea el punto más simbólico de Trieste, ese que aparece en la mayoría de postales y que hemos de visitar sí o sí durante nuestro recorrido por la ciudad, el Gran Canal.

Construído a lo largo del siglo XVIII, este canal representa la gran importancia comercial que obtuvo la ciudad en aquella época, dada su condición de única salida al mar Adriático del Imperio Austrohúngaro. Si bien en tiempos pasados la función del canal era permitir que barcos comerciales realizaran labores de carga y descarga de mercancías en el mismo centro de la ciudad, hoy en día el Gran Canal posee un uso únicamente lúdico, pues sólo pueden circular por él pequeñas barcas de recreo. No obstante, es cierto que se trata de una de las zonas más pintorescas de Trieste, perfecta para pasear, y en la que podremos encontrar elementos tan característicos como la escultura de bronce dedicada al escritor irlandés James Joyce, que pasaría varios años de su vida en la ciudad.

Tras disfrutar del entorno del Gran Canal, continuamos nuestro camino visitando dos de los templos más significativos de la ciudad, la Iglesia de San Antonio Nuevo, de estilo neoclásico, y la que particularmente me parece la más bella de todo Trieste, la Iglesia ortodoxa serbia de San Spyridon, de estilo neo-bizantino, con sus llamativas cúpulas de color azul y capacidad para más de 1500 personas...aunque lo mejor es su ambiente calmado, sosegado..y esa sensación de volver atrás en el tiempo que se respira en el interior, tan presente en las iglesias ortodoxas.

 

            

                                  Estatua del escritor irlandés James Joyce               Iglesia ortodoxa de San Spyridon

 

Lo cierto es que en un principio, Trieste parecía una parada más en mi recorrido por Italia hacia los Balcanes, un lugar de paso en el que cambiar de tren y hacer tiempo durante un par de horas..pero finalmente, se convirtió en una de las sorpresas más agradables de mi recorrido. Clásica, agradable, bien cuidada, y con un tamaño perfecto para pasear, puedo afirmar que se trata de una de las ciudades más bonitas del norte del país.

Tras continuar mi recorrido por el centro histórico y pasear por algunas de sus calles peatonales más características, me despediría de mi amigo Juan al tiempo que emprendería el camino hacia la estación de autobuses, ubicada junto a la Estación Central de trenes. Allí adquiriría por unos 10€ el billete de autobús que en algo más de una hora me llevaría a la capital de Eslovenia y...ahora si, mi primera parada en los Balcanes...proximo destino: Ljubljana!!