Ruta de 3 días por el Desierto del Sáhara

Durante la noche anterior a mi viaje al desierto, apenas podía dormir...aparte de los ronquidos de mis compañeros de habitación, y la música que hasta altas horas de la mañana sonaba desde la recepción, la emoción por cumplir uno de mis ''objetivos viajeros'' haría que prácticamente no ''pegara ojo'' en varias horas. Pronto llegarían las 7 de la mañana, hora en la que me citaría con uno de los hermanos con los que anteriormente había contactado para el alquiler de la furgoneta, camellos y demás logística.

Tras desayunar, iría a nuestro punto de encuentro...llovía bastante, y no había absolutamente nadie en la calle...15 minutos después de la hora prevista, dos noruegas llegarían cargadas junto a sus maletas al punto de encuentro..algo que me tranquilizaba, pues ya no era el único esperando en aquel lugar. Al poco tiempo, casi de la nada, aparecería un taxista conduciendo a toda velocidad que se dispondía a recoger a las dos noruegas...hablaría con él, y me diría que no esperaba recoger a nadie más...tras exponerle la situación, y ver que ninguno de los hermanos seguía sin aparecer, accedió a llevarme hasta una especie de punto de encuentro del que salían todas las furgonetas en dirección al desierto. Una vez allí, lograría encontrar a mi ''contacto'', una especie de intermediario que parecía ser el nexo entre taxistas, turistas y conductores...tras hablar con él, se disculparía por no haber acudido a nuestra cita argumentando que tenía mucho trabajo, asignándome como compensación una furgoneta de ''primera calidad'' con descuento incluído. Media hora después ya habíamos partido en dirección a Zagora.

 

                  

                                             Atravesando la cordillera del Atlas                   Cima a más de 2000 metros                 

 

El paisaje pronto empezaría a cambiar, pues las llanuras desérticas circundantes a Marrakech darían paso a un entorno montañoso, con cimas nevadas de más de 2000 metros..comenzábamos a cruzar la cordillera del Atlas. El ambiente en la furgoneta era distendido, y en su mayoría de habla hispana..dos chicos de Barcelona, un matrimonio argentino, una búlgara que residía en Nueva York, un grupo de noruegos y 3 japoneses, además de nuestro conductor, un hombre que rondaba los 70 años para el que las carreteras del Atlas eran su circuito de carreras particular....conducía a toda velocidad, apurando en las curvas, y realizaba adelantamientos imposibles en tramos donde había un solo carril de doble sentido. Tras varias horas de curvas y adelantamientos, el paisaje volvería a cambiar...habíamos dejado atrás las montañas, y las llanuras desérticas parecían extenderse sin fin en el horizonte.

Pronto llegaríamos al pueblo de Ait Ben Hadu, un ''ksar'' o fortaleza declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, en la que se han rodado películas como Gladiator o Alejandro Magno. Lo cierto es que el entorno era único...la mayoría de las casas estaban construídas de adobe, y a pesar del entorno desértico, un río, el Oumila, permitía el cultivo de cereales y árboles frutales.

Actualmente es un lugar turístico, pues tiendas de souvenirs o restaurantes de tipo ''occidental'' hacían acto de presencia en sus inmediaciones..incluso nuestro guía, un hombre de casi 2 metros vestido al estilo touareg me confesaría que vive en Marrakech y aquello no era más que su indumentaria de trabajo, pero recorrer sus calles, entrar en alguna de sus casas, o divisar el paisaje desértico desde lo alto del castillo parecía trasladarte siglos atrás, llevándote a imaginar lo dura que hasta hace no mucho tiempo sería la vida en un lugar tan remoto como este...fue una visita que mereció la pena.

 

                  

                                                         Ksar de Ait Ben Hadu                      Camellos en las calles de Zagora

 

Tras abandonar Ait Ben Hadu, emprenderíamos el camino a Zagora..último pueblo antes del desierto, al que llegaríamos a media tarde. Con algo más de 30.000 habitantes, y a pocos kilómetros de la frontera con Argelia, la actual Zagora sería fundada en los años 30 del siglo pasado, durante la época colonial francesa, como centro administrativo de la región. Su ubicación geográfica la convierte en la puerta de entrada al Sáhara, por lo que muchos tours o expediciones se detienen en esta ciudad antes de emprender el camino a través del desierto. Me llamó especialmente la atención un cartel que anunciaba la dirección a la legendaria Timbuktu, ya en Mali, a una distancia de 52 días en camello, aunque no sé hasta qué punto se trataba de la realidad o de una atracción turística.

Ya en Zagora, entraríamos en una pequeña tienda de ultramarinos para comprar agua y demás ''provisiones'' para los próximos dos días. Tras ello, nos dirigiríamos a pie a las afueras de la ciudad, donde nos esperaban nuestros anhelados camellos. A primera vista parecían muy tranquilos y treméndamente simpáticos...uno de los objetivos de mi viaje por Marruecos era disfrutar de estos animales, y lo cierto es que la sensación de montar en uno de ellos fue una pasada. Desde Zagora, emprendimos el viaje en camello en dirección a un campamento berever, a 2 horas de recorrido, donde pasaríamos la noche.

El recorrido sería muy agradable...además del buen ambiente que existía entre nosotros, el buen tiempo, las dunas, los camellos..hicieron que las más de 10 horas de viaje en furgoneta desde Marrakech merecieran la pena. Al llegar al campamento, organizaríamos las tiendas de campaña y tomaríamos una cena marroquí...ya había anochecido, y personalmente estaba agotado..pero feliz de estar en un lugar al que hacía tiempo que soñaba con ir...aquella noche, cogería una toalla, que haría las funciones de sábana, y me tumbaría en lo alto de una duna para disfrutar de las estrellas.

 

                  

                                             Con mi nuevo compañero de viaje                           Desierto al atardecer

 

A la mañana siguiente, nos despertaríamos a las 6 para disfrutar de un amanecer espectacular. Fue en aquel momento en el que seríamos conscientes de la inmensidad del desierto, pues al haber llegado de noche no habíamos podido disfrutar del paisaje en su totalidad. Tras desayunar, volveríamos en camello hasta Zagora, para emprender el recorrido de vuelta a Marrakech, esta vez deteniéndonos en Ouarzazate.

De un tamaño similar a Zagora, Ouarzazate ha sido históricamente un importante punto de encuentro entre comerciantes de diversos puntos de África que marchaban al norte de Marruecos y sur de Europa. Parecía un lugar más dinámico, con algo más de tráfico, tiendas o restaurantes que la tranquila Zagora. En esta ciudad se encuentran los estudios de cine Atlas, los más grandes del mundo, a los que se dirigió nuestro conductor. Lo cierto es que no me interesaba excesivamente esta visita...parecía un lugar bastante artificial, y casi abandonado, pues no parecia que en aquel momento se estuviera grabando ninguna película, además su entrada no estaba incluída en el precio, y el calor que hacía durante aquellas horas centrales del día, más que a caminar invitaba a sentarse en una terraza a disfrutar de la gastronomía marroquí.

A la hora de volver a subirnos en la furgoneta rumbo a Marrakech, notamos que faltaba un miembro del grupo...se trataba de la búlgara residente en Nueva York, algo que nos extrañó, pues siempre había sido bastante puntual. El conductor no quería esperarla, pues tenía que cumplir con su horario, pero nos negamos a abandonarla...tras casi una hora esperando, comenzamos a hacer todo tipo de conjeturas...¿se habría perdido? ¿la habrían secuestrado?...en aquel momento decidimos salir a buscarla, preguntando a varios hombres que encontramos por su paradero...uno de ellos afirmaba haber visto a una chica subirse al coche de un hombre, haría una media hora, algo más intrigante todavía...sin embargo, cuando ya comenzábamos a desesperarnos, la veríamos aparecer en un coche blanco conducido por un marroquí..resultaba que este hombre la había invitado a su tienda de alfombras, y allí habían decidido pasar un rato...enfin, todo quedó en una falsa alarma. Tras el pequeño susto, continuamos nuestro viaje de vuelta a Marrakech.

 

                   

                                           Tienda de alfombras en Ouarzazate                     Aeropuerto de Marrakech

 

El viaje a Marruecos llegaba a su fin...habían sido 10 días, pero parecían 30...y no porque lo pasara mal, sino por su intensidad...cada día se había convertido en una mezcla continua de olores, sabores...hasta me había acostumbrado al agobio de las medinas, al regateo con los vendedores, a dormir cada noche en un sitio diferente y despertarme con las llamadas a la oración y en definitiva, a sentirme un poco menos extranjero en un país tan cercano pero a la vez, tan alejado al mío.

Tras despedirme de los miembros del grupo, del conductor, y de recorrer por última vez la plaza de Jemaa el-Fnaa, tomaría un autobús junto a la mezquita Kutubía en dirección al aeropuerto...esta aventura llegaba a su fin, pero no era más que el inicio de la cuenta atrás para la siguiente...

Hasta pronto Marruecos!