Marrakech, la ciudad más turística de Marruecos

Tras ver amanecer, me dirigí caminando a la estación central de Fez, para media hora más tarde, tomar el tren hacia Marrakech. La frecuencia del tren Fez - Marrakech es habitualmente de uno cada 2 horas (podéis consultar horarios en la web de ONCF, la Renfe marroquí), siendo el precio del billete inferior a 20€, algo razonable teniendo en cuenta las más de 8 horas de viaje que emplearíamos en atravesar Marruecos de norte a sur. Tras mi experiencia en el tren Rabat-Meknes me esperaba lo peor, pues suponía que estaba ante una de las líneas más concurridas del país, sin embargo iría prácticamente solo a lo largo de todo el camino. El paisaje cambiaría radicalmente...tras recorrer las fértiles tierras circundantes a Fez y Meknes, atravesaríamos de nuevo Rabat y Casablanca, para emprender, ahora sí, el camino hacia el sur, en el que el verde de los prados se transformaría en un marrón semi desértico. A las 4 de la tarde, el tren anunciaría su última parada: Marrakech.

 

                  

                                         Paisaje desde el tren hacia Marrakech                     Estación de Marrakech

 

Al bajarme del tren, llegaría a la estación más ''occidental'' de las que me había encontrado en Marruecos, Mcdonalds...así como otros restaurantes de comida rápida, cafeterías, quioscos con prensa extranjera, varias oficinas de cambio...se notaba que había llegado a un lugar turístico. A los 5 minutos de pisar la estación, la totalidad de turistas que viajaban en el tren habían sido recogidos por sus hoteles y agencias, así como por avispados taxistas que cobraban por sus servicios el triple que sus colegas en Fez o Rabat. Puesto que no quería ser ''estafado'' y tenía tiempo de sobra, comencé a caminar en dirección a lo que intuía era el centro de la ciudad.

La primera impresión de Marrakech fue la de una ciudad ''abierta'', con amplias avenidas, y multitud de terrazas y cafeterías ocupadas por occidentales. Tras visitar las medinas de Rabat, Meknes o Fez, me daba la sensación de estar en una ciudad mucho menos ''auténtica''. Tras media hora de paseo, llegaría al centro neurálgico de la ciudad, la Plaza Jemaa el-Fnaa. El ambiente era indescriptible...el lugar estaba repleto de gente, y la música de los tambores se mezclaba con el humo y el olor proveniente de las decenas de puestos de comida que rodeaban la plaza. A lo largo de mi paseo por la plaza me encontraría con vendedores de todo tipo, que ofrecían desde imanes para el frigorífico hasta sustancias ilegales, pasando por paraguas, afrodisíacos o ''masajes'' en sus hammanes. También había encantadores de serpientes, domadores de monos y carruajes con los que dar paseos a caballo por los alrededores. Los turistas más pudientes obervaban la escena desde las terrazas ubicadas en los áticos de los edificios circundantes, así como desde sus restaurantes, en los que podían adquirirse productos occidentales a precios occidentales...

 

                   

                                                  Jemaa el-Fnaa al anochecer                Puesto de comida en Jemaa el-Fnaa

 

Había reservado un albergue para aquella noche muy próximo a la plaza, por el que pagaría, con desayuno incluído, 7€ la noche....en un momento dado, un hombre se acercaría con un cartel en el que se leía el nombre de este albergue, y al ver que estaba mirándole, se acercó a preguntar si era este el destino al que me dirigía.  Al contestarle que si, me dijo que se trataba de un empleado de este lugar y que amablemente me guiaría hasta él..al principio le creería, pero 5 minutos más tarde me daría cuenta de que se trataba de un timador...a medida que avanzábamos, varios hombres comenzarían a seguirnos, hablando árabe entre ellos y haciéndose gestos de dudosa interpretación...acto seguido, comenzarían a alejarse de la zona en la que sabía que se encontraba el albergue, para dar a un barrio repleto de callejones por los que apenas había gente. En este momento, me daría la vuelta despidiéndome de mis ''guías'', algo que trataron de impedir cerrándome el paso. Rara vez suelo perder los nevios, y más en estas ocasiones, pues considero todo esto como ''parte de la aventura'', pero tras 8 horas de viaje en tren, y 3 de caminata, lo último que me apetecía era que varios timadores trataran de estafarme. Tras librarme de mis nuevos conocidos sin incidencias notables, volvería a Jmaal el-Fnaa encontrando finalmente el ansiado albergue.

Tras dejar mis cosas y tomarme un respiro, volvería a la conocida Plaza para recorrerla más detenidamente. Ya era noche cerrada, y el ruído era todavía más ensordecedor...lo único que parecía organizado, era la cantidad de puestos de zumo de naranja, numerados y con precio único, en los que un vaso valía el equivalente a 40 céntimos de euro. Tras cenar algo en uno de los puestos de comida en los que asaban todo tipo de carnes y verduras, regresaría a mi albergue...había sido un día muy largo y necesitaba descansar.

 

                  

                                                 Calle del centro de Marrakech                            Medina de la ciudad

 

A la mañana siguiente, el calor sería sustituído por una lluvia intermitente..tras desayunar, comenzaría a caminar sin rumbo a través de las calles del centro de Marrakech. Pronto llegaría a la medina, mucho menos agobiante y laberíntica que la de Fez, en la que ubicarse parecía mucho más sencillo...a diferencia de por la tarde, los vendedores parecían mucho más relajados, no te seguían, ni gritaban, ni trataban de venderte encarecidamente sus productos..se notaba que la ciudad estaba despertando.

Pronto volvería a la Plaza Jemaa el Fnaa, en la que domadores y encantadores comenzaban a preparar sus espectáculos. Debido a las lluvias, los vendedores que la noche anterior ofrecían masajes y afrodisíacos ahora vendían paragüas...algunos se reían, al acercarse y comprobar que no me importaba caminar bajo la lluvia. Desde la plaza, caminaría hasta uno de los principales símbolos de la ciudad, la Mezquita Kutubía, que con su alminar de 69 metros presume de ser el edificio más alto de la ciudad. Desde allí partía la avenida Mohamed V, que conectaba la ciudad vieja con el Gueliz o ciudad nueva, diseñada por el arquitecto francés Henri Prost.

Si Rabat ejercía de capital, Casablanca de ciudad industrial, y Fez de ciudad agrícola y comercial, Marrakech era el centro turístico del país. La ciudad iba a un ritmo diferente que el resto de Marruecos, al igual que los precios o el carácter de sus habitantes. Durante aquellos días vería más extranjeros que durante el resto del viaje, pues son muchos los turistas europeos que, dada la cercanía y las buenas conexiones de la ciudad con las principales ciudades europeas, deciden hacer una escapada a Marrakech para disfrutar del fin de semana, o utilizar la ciudad como ''campo base'' para conocer el sur del país, dada la cercanía de lugares como Essaouira, en la costa, la zona del Alto Atlas, las Cascadas de Ouzoud o el Valle del Ourika.

 

                  

                                                 Jemaa el-Fnaa por la mañana                               Mezquita Kutubía

 

Uno de los objetivos principales de mi viaje a Marruecos era el visitar el Desierto del Sáhara, y a ser posible, recorrerlo en camello, algo que siempre había soñado. Desde España, había conseguido el contacto de dos hermanos que al parecer se dedicaban a organizar este tipo de excursiones desde Marrakech, ofreciendo el alquiler de una furgoneta con la que atravesar el Atlas, y el alquiler de un camello durante 24 horas, además de la posibilidad de hacer noche en un campamento berever cercano al pueblo de Zagora, último antes de entrar en el desierto. Eran muchas las excursiones de este tipo que se organizaban desde Marrakech, pero sus precios, debido a la cantidad de intermediarios que participaban, se convertían en desproporcionados, al menos para un bolsillo ''low cost''...sin embargo, esta gente parecía trabajar de forma ''independiente''..y el hecho de contratar directamente la furgoneta con el respectivo conductor y posteriormente el camello aminoraba el coste sustancialmente.

Tras decidir que mi estancia en Marrakech ya había sido suficiente, contactaría con uno de estos hermanos vía e-mail, quien no tardaría en contestarme y confirmar la fecha de mi partida...todo estaba decidido...próximo destino: Desierto del Sáhara!

 

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