Meknes y Fez, Patrimonio de la Humanidad

El tren con destino a Meknes debía salir de Rabat Ville a las 10:12 de la mañana...pero sobre las 10:30, un cartel anunciaría su cancelación. De esta forma, todos los pasajeros seríamos asignados al siguiente tren, que realizaría su salida una hora más tarde...a pesar de ser enero, el calor era considerable y hacía muchísima humedad...los vagones del nuevo tren estaban repletos y la gente se amontonaba a empujones para entrar..daba igual que fueran ancianos, niños...lo único importante era entrar en aquel tren y acomodarse en cualquier sitio imaginable...

Durante aquellas 3 horas de trayecto vería algunas de las cosas más surrealistas de mi estancia en Marruecos..gente subiendo y bajando con el tren en marcha, jóvenes viajando agarrados a las barandillas externas del tren, madres sacando a los niños por las ventanas para hacer sus necesidades, más que en Marruecos parecía estar inmerso en un documental de la India. A las 3 de la tarde, por fin llegaríamos a Meknes, la más pequeña de las cuatro ciudades imperiales de Marruecos.

 

                   

                                            Paisaje desde el tren hacia Meknes          Estación de Meknes Amir Abdelkader

 

Con casi 1 millón de habitantes, Meknes es la capital de la región de Mequinez-Tafilalet y debido a su ubicación, a mitad de camino entre Fez y Rabat, y en una de las zonas más fértiles del país, se ha convertido en uno de los puntos comerciales y agrícolas más importantes de Marruecos. A pesar de su abundante población, la primera impresión de Meknes no fue la de una ''gran ciudad'', sino la de un lugar más tranquilo y mucho más familiar que Rabat o Casablanca.

El viaje había sido agotador...tras salir de la estación, me sentaría a recuperar fuerzas en un puesto de comida en el que la especialidad era carne con patatas fritas...el ''menú'' completo me saldría por menos de 2 euros, y tras conversar con el dueño sobre la historia de la ciudad, tomaría un taxi en dirección a la medina, a la que llegaría en poco más de 10 minutos.

Tras atravesar el centro de Meknes, el taxi se detendría en la entrada de la Plaza el-Hedim, centro neurálgico de la ciudad. El ambiente era increíble...no había demasiada gente, pero la música de las flautas, tambores, los olores...o lo variopinto de los puestos con todo tipo de productos y espectáculos hacían de aquel un lugar especial. La gente se arremolinaba en torno a charlatanes y contadores de historias, así como a encantadores de serpientes o domadores de monos. En los alrededores de la plaza, multitud de terrazas y restaurantes ofrecían té, carnes, y todo tipo de productos gastronómicos marroquíes...se trataba de un lugar turístico, pero no llegaba a ser agobiante, y el número de locales sobrepasaba con creces al de extranjeros, algo que en otros lugares de Marruecos no es siempre así.

 

                    

                                                        Puerta Bab el Mansour                                       Plaza el-Hedim

 

En uno de los extremos de la plaza se encuentra una de las principales atracciónes turísticas de la ciudad, la Puerta Bab el Mansour, construída en 1732 por orden de Moulay Ismael, antiguo Sultán de Marruecos que haría de Meknes la capital del país. Esta puerta está considerada como la más grande de Marruecos, así como de todo el norte de África, así como una de las más bellas. Tras pasear por la zona, visitar el zoco, y tomar un té a la menta mientras disfrutaba de los encantamientos de serpientes y acrobacias de los monos, volvería a dirigirme hacia la estación de tren.

Meknes es una ciudad declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y lo cierto es que, sin ser espectacular, su visita tiene mucho que ofrecer...quizás un par de días sean más que suficientes, pero su ambiente, atmósfera y entorno bien merecen una parada en el camino. Tras llegar a la estación, adquiriría por algo más de 2 euros el billete hacia Fez, ciudad a la que llegaría alrededor de una hora más tarde, ya al anochecer.

Desde su lujosa estación de tren, caminaría en dirección a mi albergue, ubicado a las afueras de la ciudad nueva, en una zona bastante tranquila, por el que pagaría apenas 5€ la noche. Fez se divide en dos partes claramente diferenciadas, por un lado la ciudad nueva, en la que se encuentra la estación, avenidas amplias, y numerosas tiendas, muchas de ellas al estilo occidental (incluídos Mcdonalds, Carrefour..) y por otro la medina, un auténtico laberinto en el que se encuentra la verdadera esencia de Marruecos...mercadillos, puestos, curtidurías..

A diferencia de otras ciudades, la medina de Fez no se encuentra integrada en la ciudad nueva...son por así decirlo, ''dos ciudades en una''...mi consejo es que os alojéis en la ciudad nueva, tiene menos encanto, pero es mucho más práctico, seguro...estaréis cerca de la estación, tiendas...y sobre todo os será mucho más fácil ubicaros...callejear en la medina de noche, sin conocerla y con las maletas ''a cuestas'' puede que no sea lo más recomendable, y el precio del transporte en taxi entre ambas partes de la ciudad no es superior a 1€.

 

                     

                                                        Puerta Bab Bou Jeloud                         Curtiduría en la medina de Fez

 

Tras pasar la noche, amanecería con la intención de llegar a la medina lo más pronto posible. Desde el centro de la ciudad, tomaría un taxi por el equivalente a 80 céntimos hasta la Puerta Bab Bou Jeloud, conocida como ''La Puerta Azul'', uno de los accesos más importantes de la zona. Reconozco que era una visita que me intimidaba...era la primera vez que visitaba esta medina, no llevaba mapa, tampoco guía...y casi todo el mundo con el que había hablado de esta zona me advertía que era casi imposible no perderse, dada su dimensión y lo laberíntico de sus calles...no obstante, era primera hora de la mañana...disponía de todo el día para explorar, perderme, y encontrar la salida de un lugar que intuía increíble!

Caminar por la medina de Fez es un deleite para los sentidos. Puestos con frutas, verduras, especias, dulces hechos a base de almíbar, miel y frutos secos, carnicerías en las que podían apreciarse cabezas de camello, burros atravesando las calles cargados con todo tipo de productos, y un sinfín de tipos y lugares peculiares en cada esquina. Tras más de una hora de paseo, entendí que me había perdido...había tratado de caminar siempre en la misma dirección, pero las laberínticas calles que encontraba a cada paso hacían más y más difícil mantener la orientación.

Casualmente, me encontraría con Andrei, un moldavo que conocí la noche anterior en mi albergue, que al igual que yo, se disponía a recorrer Marruecos durante un par de semanas. Juntos decidimos emprender el camino en búsqueda de las famosas curtidurías, pero cometimos un error garrafal. Llegado un momento, decidimos detenernos a preguntar a un hombre la dirección en la que se encontraban las curtidurías, y para nuestra sorpresa, varios hombres empezaron a aparecer casi de la nada, rodeándonos, e indicándonos diferentes direcciones a las que acudir...algunos se autodenominaban guías, ofreciendo sus servicios a precios desproporcionados, mientras que otros nos invitaban directamente a su casa...era una situación incómoda, de la que no sabíamos como escapar...tras marcharnos de allí, varios de estos hombres comenzaron a seguirnos, llamándonos a voces, al tiempo que gesticulaban con otros que seguían apareciendo de los callejones anexos...en aquel momento Andrei y yo decidimos separarnos, a fin de ''distraer'' a nuestros perseguidores, continuar la marcha a paso ligero, y citarnos media hora después en un puesto de té de los alrededores.

Afortunadamente, todo llegó a la calma, y media hora más tarde, pudimos disfrutar de un té a la menta en compañía de la mujer que regentaba el local, y su hijo, un niño de apenas 5 años que jugaba con sus amigos al fútbol utilizando la entrada como portería. A partir de aquel momento, sería de las mujeres y los niños de los únicos que me fiaria en la medina de Fez...tenían la mirada limpia, y su amabilidad y educación era exquisita, lejos de las intenciones de los estafadores que por allí merodeaban. Al contarle nuestra experiencia buscando las curtidurías, ella misma se disculparía apenada, ofreciéndose a acompañarnos junto a su hijo de forma gratuíta. De esta forma, emprendimos el camino a través de un ''atajo'' que un así nos hizo emplear más de media hora de paseo, aunque finalmente, llegamos a nuestro objetivo, las ansiadas curtidurías!

 

                      

                                                                  Plaza el-Rcif                                           Medina al anochecer

 

Tras despedirnos de la mujer, que se negó a aceptar dinero por acompañarnos, le dimos una propina a su hijo, quien fue corriendo con sus amigos a comprar todo tipo de dulces y chucherías. Nos encontrabamos en las curtidurías, algo que se hacía evidente por un motivo: el olor. No exagero cuando digo que jamás había sentido un olor así...una mezcla de humedad, agua encharcada, amoniaco y basura...prácticamente insoportable. Al llegar a los edificios mediante los cuales se accede a los balcones que permiten ver una panorámica de las mismas, un hombre nos dió hojas de menta para que nos las pusiéramos junto a la nariz, y disimular así el terrible hedor.

Es una visita que impresiona..al margen de lo ya comentado, lo curioso del proceso, o el colorido de las charcas, el ver a tanta gente trabajando en un entorno tan complicado, con unas condiciones que en occidente calificaríamos como pésimas, y que aun así, muchos lo hagan con una sonrisa, lleva a plantearse muchas cosas.

Tras la visita, Andrei volvería a la ''ciudad nueva'' y yo continuaría recorriendo una medina por la que ya empezaba a orientarme, y en conseuencia, a sentirme bastante cómodo...apenas se veían turistas, y la sensación era la de viajar en el tiempo siglos atrás. Las mezquitas, madrazas, plazas que surgían de la nada, callejones, patios interiores...seguramente la medina de Fez sea una de las más auténticas de todo Marruecos, y ya sea con guía, o sin él, es una visita imprescindible en cualquier viaje por el país.

Al anochecer, el índice de estafadores parecía aumentar exponencialmente..era inquietante el hecho de andar por la calle, detenerse, y darse cuenta de como grupos de 2 o 3 hombres se detenían al mismo tiempo y comenzaban a mirarte inquisitivamente. Afortunadamente nada fue a mayores, y al tiempo que la mayoría de puestos comenzaba a cerrar, me dirigiría a la Plaza el-Rcif para tomar un taxi de vuelta a ''casa''...12 horas inmerso en la medina de Fez bien merecían un descanso.

A la mañana siguiente, tocaba madrugar, despedirme de mis compañeros de habitación, y emprender el camino hacia un nuevo destino...esta vez no eran 3 horas de tren, sino 8! había llegado la hora de atravesar el centro de Marruecos y llegar a la capital del sur...próximo destino: Marrakech!

 

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