Llegada a Marruecos: Rabat y Casablanca

Para cualquier amante de los viajes, pocas sensaciones son comparables a la de pisar por primera vez un nuevo país...el hecho de llegar a una frontera desconocida, el nerviosismo, muchas veces infundado, causado por la incertidumbre de si finalmente podremos o no cruzarla, la curiosidad por saber qué nos encontraremos al otro lado...sin embargo, hay un acontecimiento capaz de llevar todas estas sensaciones a su máximo exponente: el hecho de visitar un nuevo continente. Aquel 22 de enero de 2014, tras una breve espera en el aeropuerto de Barajas, había llegado la hora de partir hacia África.

Marruecos era uno de esos destinos que parecía resistirse...a tan sólo una hora de avión desde España y sin embargo, tan diferente cultural y socialmente..no podía esperar a experimentar todos los contrastes del que muchas veces es considerado como el país cercano más lejano de todos...por ello, cuando vi un vuelo por 40€ ida y vuelta desde Madrid, no me lo pensé...primer destino de 2014: Rabat!

 

                    

                                                       Aeropuerto de Rabat-Salé                   Mezquita As Souna al anochecer

 

Llegaría al aeropuerto de Rabat-Salé a media tarde. No era un aeropuerto grande, pero las instalaciones parecían nuevas, y todo estaba bastante bien cuidado. Pronto llegaría al control de fronteras, donde tendría que rellenar un papel que previamente me habían dado en el avión...datos personales, propósito del viaje, primera dirección en Marruecos...tras entregarlo, el oficial de fronteras sellaría mi pasaporte..ya estaba en Marruecos.

Desde la salida del aeropuerto, caminaría unos 100 metros hasta una especie de parada de autobús en la que la mayoría de pasajeros de los diversos vuelos hacía cola...en poco tiempo, por el equivalente a 2€ llegaría a la estación de Rabat-Ville, en la Avenida Mohamed V, ubicada en pleno centro de la ciudad. El ticket del autobús podía comprarse directamente al conductor..era bastante cómodo, y el trayecto duraría unos 20 minutos. Eran las 6 de la tarde y comenzaba a anochecer...en ese momento, sonaría la llamada a la oración desde la elegante mezquita de As Sounna, ubicada en el extremo sur de la avenida...parecía hora punta, grupos de niños volvían juntos del colegio, y el tráfico era considerable. 

Tras recorrer la zona, emprendería mi camino hacia la plaza Bab el Had, donde se ubicaba el albergue en el que me alojaría las dos próximas noches. Durante el paseo, de unos 15 minutos, atravesaría el centro de la ciudad hasta llegar a la entrada de la Medina. Rabat parecía una ciudad muy viva...no era fin de semana, sin embargo las calles estaban repletas de gente paseando, comprando en los mercadillos, o disfrutando de los tradicionales batidos y zumos de frutas en las muchas cafeterías dedicadas a tal fin.

Al llegar al albergue, por el que pagué el equivalente a 6€ la noche, conocería a un grupo de viajeros de Madrid, con los que saldría a recorrer la Medina. Los precios, especialmente de la comida, eran bastante buenos...por menos de 4€ cenaríamos todo tipo de productos. Pronto empezaría a llover, y sería hora de volver ''a casa''...había sido un día muy largo y tocaba descansar.

 

                     

                                                                Costa de Rabat                                       Medina de la ciudad

 

Al día siguiente comenzaría mi recorrido por Rabat a primera hora de la mañana. Tras caminar unos 15 minutos llegaría a la zona costera más próxima a la Medina..estaba frente al Atlántico, y se notaba...a pesar del buen tiempo, el mar estaba muy movido y las olas rompían con fuerza contra las rocas de la playa. Durante buena parte del tiempo, las gaviotas fueron las únicas que me acompañaron a lo largo de mi paseo...acababa de amanecer, y la ciudad parecía seguir dormida..la calma era absoluta.

De vuelta en la medina, los primeros puestos comenzaban a abrir sus puertas, y la calma parecía transformarse en el tumulto propio de una gran ciudad. No obstante, los vendedores no resultaban agobiantes, y la estructura de las calles, relativamente rectas, ayudaba a orientarse con facilidad. Tras mi paseo entre puestos con todo tipo de artículos, entraría en el mercado central de Rabat, que sin ser especialmente grande, poseía una enorme variedad de carnes, frutas, especias...incluso una zona que hacía las veces de lonja, en la que los pescadores traían el género que habían obtenido durante la noche.

Desde allí, emprendería mi camino por la Avenida Hassan II, una de las principales arterias de Rabat, que cruza la ciudad de este a oeste. Tras casi media hora de paseo, llegaría a la Plaza 16 de Noviembre, y tras 15 minutos más de subida, llegaría a dos de las principales atracciones turísticas de la ciudad, el Mausoleo de Mohamed V, en el que se encuentran los sarcófagos de diversos miembros de la familia real (el propio Mohamed V, Hassan II, y el príncipe Moulay Abdellah) y la Torre de Hassan.

Se trata de una zona agradable...turistas y no turistas paseaban por sus inmediaciones, y mucha gente aguardaba su turno para fotografiarse con los miembros de la guardia real que custodiaban el Mausoleo. Es frecuente que varios guías, oficiales o no, se acerquen para ofrecer sus servicios a cambio de una propina, pero no llegan a ser agobiantes, y en cualquier caso, el precio que os pedirán rondará los 10 Dirham...el equivalente a un euro.

Tras recorrer la zona, y visitar las mezquitas de los alrededores, cogería por poco más de 1€ un taxi desde el Mausoleo hasta la Plaza Bab el Had, donde tomaría algo de comer. Había sido una larga mañana de camino y tocaba darse un respiro.

 

                    

                                                        Mausoleo de Mohamed V                   Explanada de la Torre de Hassan

 

Me gustaba Rabat...realmente no era una ciudad muy grande..en apenas un día ya había recorrido su centro histórico, medina, sus principales avenidas, paseado por la playa, y degustado todo tipo de zumos y batidos. La idea era tomar al día siguiente el primer tren hacia Meknes, por lo que disponía de media tarde libre...había llegado la hora de improvisar.

Durante la preparación del viaje, había dudado si visitar o no Casablanca...por un lado me habían hablado de una ciudad caótica, desordenada, repleta de tiendas y edificios al estilo ''europeo'', algo que no me atraía especialmente, pues lo que buscaba era conocer el Marruecos ''de verdad''...sin embargo, nunca me había gustado juzgar los sitios antes de estar en ellos, y realmente visitar Casablanca era una opción con la que no tenía nada que perder...a tan sólo una hora en tren, el precio del billete era de sólo 2€...además, ¿cuándo tendría la oportunidad de volver a Casablanca?...era una oportunidad que no podía rechazar.

En poco más de 15 minutos, volvería a la Avenida Mohamed V, a la que había llegado desde el aeropuerto 24 horas atrás. Una vez en la estación, compraría el billete en unas máquinas automáticas muy fáciles de usar...en 10 minutos partiría el próximo tren a Casablanca.

 

                     

                                           Avenida Mohamed V, centro de Rabat                 Estación de tren Rabat-Ville

 

El viaje duraría algo menos de una hora. El tren llegaría a la estación de Casa Port, que cuyo propio nombre indica, se encuentra junto al puerto de la ciudad. Era una estación pequeña..algo destartalada, en la que los taxistas se arremolinaban para captar clientes, a ser posible extranjeros...sin saber muy bien hacia donde, comencé a caminar en dirección este, cuando a lo lejos, divisé la principal razón por la que había decidido venir a Casablanca.

Inaugurada en 1993, la Mezquita de Hassan II es el templo más alto del mundo, y tras la mezquita de La Meca, el más grande. Su grandeza y modernidad tratan de representar el poderío de la capital económica de Marruecos, y lo cierto es que el lugar impresiona. Durante más de 2 Km, caminé en dirección a la mezquita guiándome gracias a su minarete..al llegar, y coincidiendo con la llamada a la oración, multitud de fieles acudieron a ella. Era un lugar diferente..es difícil que un templo tan moderno pueda llegar a tener el encanto de un antiguo, pero la verdad que sólo por visitar esta mezquita merece la pena ir a Casablanca. Además, su ubicación, algo elevada y junto a la costa, permiten disfrutar de una buena panorámica de la ciudad.

 

                      

                                             Mezquita Hassan II, en Casablanca                           Costa de Casablanca

 

Tras ver anochecer, tomaría un taxi a la estación...aquí, a diferencia de Rabat, se usaba el taxímetro, aunque el viaje, de unos 15 minutos, me costaría aproximadamente igual que en Rabat, cerca de 1€. Una vez en la estación, adquiriría el billete para vovler a Rabat, y una hora después, ya estaba en la estación de Rabat-Ville.

Aquella noche, volvería a salir a cenar por la medina, y tomaría el que hasta el momento sería mi último batido de dátiles en la capital marroquí. A la mañana siguiente, vuelta a Rabat-Ville, para continuar mi viaje en dirección este...próxima parada: Meknes.