Belfast, el corazón de Irlanda del Norte

El trayecto en ferry desde Liverpool a Belfast duraría unas 8 horas. Aquel día sería perfecto para navegar, pues el tiempo era magnífico y apenas había oleaje. A pesar de viajar sin asiento, el trayecto no se me haría nada pesado, pues el barco estaba bien equipado..cafeterías, restaurantes, salas de juegos, de televisión..y era fácil encontrar un lugar en el que descansar o incluso dormir un par de horas. A mitad de camino divisaríamos a lo lejos la Isla de Man, y en torno a las 7 horas, la isla de Irlanda...tan sólo quedaba 1 hora para atracar en el puerto de Belfast, la capital de Irlanda del Norte.

Belfast era un destino que me costaba imaginar...durante años, las pocas noticias o imágenes que veía en relación con la ciudad se centraban exclusivamente en conflictos políticos o militares, y la imagen que se transmitía de Belfast, incluso en las muchas películas relacionadas con este tema, era la de una ciudad fría, desapacible y lluviosa en la que sucedían multitud de altercados. Paradójicamente, este es el tipo de destinos que más me suelen atraer, pues en ellos suelen cumplirse dos reglas: la primera, es que la realidad nunca se asemeja a la ficción, y la segunda, que la mala fama creada hace que estos lugares apenas sean visitados, resultando mucho más auténticos, interesantes y sorprendentes que los destinos más convencionales...y por supuesto esperaba que Belfast no fuera una excepción.

 

             

                                                  Llegando a Belfast en Ferry                          Muelle del Puerto de Belfast

 

Al llegar al puerto de Belfast, no encontré ningún autobús que fuera al centro, ni tampoco un conductor que me acercara, asique me tocó caminar durante aproximadamente 45 minutos hasta el centro de la ciudad.

Belfast, con una población de 250.000 habitantes, y un área metropolitana cercana a los 500.000, es la capital de Irlanda del Norte, uno de los países que junto a Inglaterra, Escocia y Gales constituye el Reino Unido. A grandes rasgos, podemos decir que la isla de Irlanda ha estado históricamente formada por 4 provincias, Leinster, al este, donde la ciudad más importante es Dublín, Munster, al sur, cuya ciudad más importante es Cork, Connacht, al oeste, y con capital en Galway, y el Ulster, al norte, con capital en Belfast. Las 3 primeras provincias, Leinster, Munster y Connacht, forman la República de Irlanda, país totalmente independiente del Reino Unido, con capital en Dublín y cuya moneda es el euro, y la última, la provincia del Ulster, formada a su vez por 9 condados, está dividida de forma que 3 de estos condados pertenecen a la República de Irlanda, y 6 a Irlanda del Norte, país perteneciente al Reino Unido. Mi objetivo durante esta parte del viaje sería visitar las 4 provincias históricas del país, haciendo especial hincapié en las dos ''capitales'', Belfast y Dublín.

 

            

                                                   Ayuntamiento de Belfast                                  Catedral de Santa Ana

 

Tras llegar a un albergue cercano a la Universidad, ubicado al sur de la ciudad y por el que pagaría unas 7£ la noche, comenzaría mi paseo por Belfast, un lugar que a primera vista me pareció mucho más tranquilo de lo que en principio podía imaginar. El centro neurálgico de la ciudad es la Plaza Donegall, en la que se encuentra el ayuntamiento, construído en 1906 y rodeado de zonas verdes y estatuas conmemorativas, como la dedicada a la Reina Victoria o a los caídos durante la II Guerra Mundial.

Algo que me llamó la atención fue la presencia de carteles en idioma gaélico, que nada tiene que ver con el inglés...por ejemplo, Ayuntamiento de Belfast, que en inglés sería ''Belfast City Hall'', en gaélico es ''Halla na Cathrach Béal Feirste'', o muchas gracias, se traduciría por ''go raibh maith agat''...aunque el idioma predominante en la ciudad es el inglés, dada la gran influencia británica...de hecho, en Irlanda del Norte no sólo se conduce por la izquierda o se utiliza la libra esterlina, también los sistemas de medidas propios del Reino Unido como las millas, los galones, las pintas...

Desde la Plaza Donegall parten la mayoría de calles principales de la ciudad, como May St, Chichester St, Queen St o la propia Calle Donegall, al norte, que comunica la plaza con la zona más comercial de la ciudad, en la que destaca el centro comercial Victoria Square, repleto de tiendas y todo tipo de restaurantes. Desde el centro comercial, me dirigí hacia uno de los principales templos de la ciudad, la Catedral de Santa Ana, ubicada a tan sólo 10 minutos a pie. Su entrada es gratuíta, y aunque no es excesivamente grande, su atmósfera es muy especial. Una de las cosas que más llaman la atención del templo, es el contraste entre su arquitectura clásica y una nueva estructura con forma de aguja, realizada en el año 2009, denominada ''The Spire of Hope'', o ''Aguja de la Esperanza''.

Muy cerca de la Catedral, se encuentra otro de los monumentos mas visitados de Belfast, la torre del Albert Memorial Clock, construído a mediados del siglo XIX, así como la zona del puerto, en la que destaca el monumento del ''Big Fish'', de 10 metros de largo y construído a modo de mosaico con piezas de cerámica blancas y azules, y que tras su finalización, en 1999, pretende ser uno de los símbolos de la ciudad.

 

           

                                                           Victoria Square                                        Universidad de Belfast

 

Pero sin duda una de las zonas que más me gustaba de Belfast era la zona sur, próxima a mi albergue...en ella se encontraba la Universidad, uno de los edificios más bonitos de la ciudad, así como el jardín botánico, de entrada gratuíta, que además de todo tipo de plantas, poseía grandes extensiones de prados y zonas verdes, perfectas para descansar.

Belfast tenía un ambiente peculiar...por un lado, su centro histórico parecía el de una ciudad importante...grandes avenidas, edificios monumentales...sin embargo, a poco que caminaba durante 10 minutos en cualquier dirección, tenía la sensación de encontrarme en un ''pueblo grande''...casas bajas, zonas verdes, pequeño comercio, alguna iglesia, muchos pubs y sobre todo gente joven, algo que me sorprendió.

Sin embargo, Belfast no ha sido siempre una ciudad tranquila...a pesar de que actualmente la situación parece estar mucho más calmada, la ciudad ha sido durante décadas testigo del conflicto que ha costado centenares de víctimas entre católicos, defensores de la pertenencia de la totalidad del Ulster a la República de Irlanda, con protestantes, considerados ''unionistas'', a favor de la pertenencia de Irlanda del Norte al Reino Unido. Estas diferencias se siguen plasmando hoy en día en algunos de sus barrios, divididos por muros, en los que se han realizado numerosos ''murales'', pinturas que plasman desde diferentes puntos de vista lo allí acontecido, así como reivindicaciones u otro tipo de conflictos a nivel mundial.

Esta es una visita que dudaba en hacer, pues en ocasiones había leído que se trataba de algo poco recomendable, no desde el punto de vista histórico, cuya riqueza es incuestionable, sino más bien del de la seguridad, ya que el visitante no siempre es bien recibido. Sin embargo, terminaría por decidirme a visitar por mi cuenta el barrio católico, y si bien es cierto que el ambiente es algo ''tenso'', siempre que realicemos la visita con respeto, y evitemos llamar la atención con el uso de cámaras etc, no tiene por qué haber ningún tipo de problema. Es cierto que existe la posibilidad de realizar esta visita a modo de ''tour'' en los llamados ''Black Taxis'', algo recomendable teniendo en cuenta que el conductor os contará la historia de cada mural, pero en mi opinión, hacer la visita a pie, además de gratis, es mucho más ''auténtico''.

 

            

                                               Jardín botánico de la ciudad                   Murales del barrio católico de Belfast

 

Belfast es una ciudad de la que tendré buen recuerdo...durante los 3 días que estuve en ella pude disfrutar de un lugar agradable, interesante, lleno de historia, y en el que parece que más que al pasado se trata de mirar al futuro. También conocí gente estupenda, como un chico de Huelva que trabajaba en mi albergue y me dejó parte de su preciado aceite de oliva para poder cocinar, o una pareja de malagueños, que tras haber estado una temporada en Waterford, al sur de Irlanda, habían decidido venir al norte para disfrutar de unos días de vacaciones...y es que, casualidades o no, allá donde voy siempre termino haciendo amistad con otros españoles!

Tras despedirme de la ciudad, de su ayuntamiento, sus murales y hasta del ''Big Fish'', me dirigí a la estación de autobuses para emprender el rumbo hacia una nueva capital: próximo destino, Dublín.

 

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