Galway, la ciudad más bonita de Irlanda

Desde que comenzara el viaje por Reino Unido e Irlanda, Galway era uno de los lugares que más ganas tenía de conocer...sí, es cierto que había estado 4 días en Dublín, pero siempre he pensado que para conocer la esencia de un país, y en este caso de Irlanda, es necesario ir más allá de su capital...perderse por carreteras secundarias, visitar pueblos alejados de la ''gran ciudad'', disfrutar de paisajes repletos de verde, y en definitiva, vivir en primera persona el verdadero ambiente de un lugar sin duda peculiar...eso es lo que buscaba precisamente en Galway, vivir la ''Irlanda de verdad''.

Tras mi paso por la ciudad puedo afirmar que sí...cumplió todas mis espectativas...es cierto que en parte es un destino turístico (sobre todo por los visitantes que acuden a la zona de los Acantilados de Moher o las Islas Aran) y que tampoco podemos considerarla un pueblo (es, con 75.000 habitantes, el tercer núcleo urbano del país), pero su tipismo y ambiente calmado, tranquilo, bucólico en ocasiones...convierten a Galway en el destino ideal para relajarse, pasear y disfrutar de un entorno de lo más agradable.

 

         

                                            Eyre Square, centro de Galway                                    Shop Street

 

El viaje desde Dublín a Galway dura alrededor de 2 horas y media...en mi caso realizaría el trayecto en un autobús de la compañía Citylink, y pagaría un total de 11€. La frecuencia de autobuses entre ambas ciudades es bastante alta (alrededor de 1 cada hora) por lo que siempre suelen haber plazas libres, no siendo necesario reservar el billete con antelación.

Justo a la hora prevista, sobre el mediodía, llegaría a la estación de autobuses de Galway, ubicada en el centro de la ciudad, muy cerca de Eyre Square, plaza principal y centro neurálgico de la localidad. Desde allí caminaría hacia mi albergue, al que llegaría en menos de 10 minutos...se trataba de una casa baja, con jardín, en el que 3 de sus 4 trabajadores eran chicos jóvenes españoles, que al igual que muchos otros, habían emigrado a Reino Unido o Irlanda para buscar trabajo y al mismo tiempo, aprender inglés, dada la falta de oportunidades que encontraban en España. Tras compartir inquietudes, planes de futuro e información sobre la propia Galway, volvería a Eyre Square para comenzar mi recorrido por la ciudad.

Desde allí caminaría a través de William, Shoop y High Street, 3 calles en una que suponen la zona comercial por excelencia de Galway....pubs, restaurantes, pequeño comercio, tiendas de souvenirs, y en definitiva un ambiente animado a prácticamente cualquier hora del día. Lo que más me gustaba de esta zona, y del centro histórico de la ciudad en general, era el colorido de sus edificios...verdes, amarillos, azules...cada casa era de una tonalidad diferente, lo que unido a la limpieza y buen cuidado de la zona, hacían de este un lugar muy agradable.

Pronto llegaría a la zona de la bahía, una de las más bonitas de todo Galway, donde además, comenzaría a percibir la cantidad de historia que posee la ciudad, y es que me encontraba junto a uno de sus lugares más visitados, el Arco Español.

 

            

                                                  Paisaje costero de Galway                 Arco Español, construído en el siglo XVI

 

Durante décadas, irlandeses y españoles teníamos un enemigo común, Inglaterra...por ello, a lo largo del siglo XVI se firmaron multitud de tratados militares, económicos o comerciales entre ambos países, y dada la ubicación geográfica de Galway, con uno de los puertos más importantes de la costa atlántica del país, la ciudad se convertiría en uno de los principales lugares de encuentro e intercambio de materias primas y todo tipo de productos...fruto de esta época, se realizarían construcciones como el Arco Español, parte de la muralla que unía la Martin's Tower con la zona de Claddagh, al otro lado del río Corrib.

Desde esta zona, comenzaría mi paseo de más de 1 hora por la bahía de Galway, un área repleta de zonas verdes, campos de rugby, pequeños embarcaderos, casas de colores y zonas habilitadas para el descanso, en las que numerosos grupos de jóvenes se reunían para charlar, tocar algún instrumento o disfrutar de un picnic. Al llegar el atardecer, emprendería mi camino en dirección norte, hacia otro de los atractivos turísticos más visitados de la ciudad, su templo más importante, la Catedral Católica de Nuestra Señora de la Ascensión y San Nicolás, construída en 1965. Se trata de un templo de dimensiones importantes, al menos en comparación con el resto de la ciudad, que a pesar de su reciente construcción, mantiene parte del encanto de la arquitectura tradicional irlandesa, siendo lo más bonito su interior, en el que destacan sus coloridas vidrieras.

Justo al lado de la Catedral volvemos a encontrarnos con el río Corrib, así como con uno de sus puentes más célebres, el Salmon Weir, que debe su nombre al embalse rico en salmones ubicado pocos metros más al norte. Igualmente, se trata de uno de los puentes con más historia de Galway, ya que su construcción data del año 1818, en el que era necesario comunicar el Palacio de Justicia con la cárcel de la ciudad (ubicada en el mismo sitio que la actual catedral).

 

          

                                                  Parque al sur de Galway                                   Catedral de Galway

 

Mis días en Galway pasaban con tranquilidad...charlas con los trabajadores del albergue, barbacoas, rutas por los diferentes senderos que parten desde la bahía, paseos por las calles del centro repletas de pequeño comercio, o partidas de billar en un pub cercano a mi alojamiento, en el que televisaban partidos de todo tipo de deportes y en el que el dueño, que hacía las veces de camarero, terminó aprendiendo mi nombre.

Tras conocer cada palmo del centro de Galway, y disfrutar de su gente, ambiente y tranquilidad, emprendería el camino hacia Cork, segunda ciudad de Irlanda, ubicada en el sur del país, y desde la que tomaría mi avión de regreso a casa.

Durante el trayecto, que duraría unas 3 horas y media, y por el que pagaría 13€, el autobús se detendría en ciudades como Limerick o Malow, antes de llegar a la mencionada Cork, donde me encontraría, a modo de recibimiento, con una de las mayores tormentas que he presenciado. Tanto es así, que durante el día y medio que pasé en la ciudad ni siquiera me atreví a sacar ninguna de las dos cámaras por miedo a que se mojaran...una lluvia muy intensa, con viento y horizontal, de las que empapan por completo..

 

              

                                     Paisaje del recorrido entre Galway y Cork                        Aeropuerto de Cork

 

De esta forma, con un breve paseo bajo el agua por las calles de Cork, pondría punto y final a mi aventura por el Reino Unido e Irlanda...un viaje de casi 3 semanas que superaría por completo todas mis espectativas, y en el que disfrutaría de grandes capitales, ciudades con mucha personalidad y pueblos repletos de encanto, practicaría mi inglés, ''llenaría'' mis ojos de verde y viviría multitud de experiencias dignas de contar...algo que no hacía sino aumentar mi deseo de volver a emprender el camino hacia un nuevo destino, que en ese momento, todavía estaba por determinar... ; )

 

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