Liverpool, la ciudad de Los Beatles

El autobús desde Manchester a Liverpool tardaría menos de 1 hora. A pesar de ser una ruta frecuente, apenas habían subido otros pasajeros, por lo que sería un viaje tranquilo, en el que iría prácticamente todo el camino charlando amigablemente con el conductor.

Pronto llegaríamos a una de las estaciones de autobuses de la ciudad, ubicada en Norton St, algo a las afueras. Afortunadamente se encontraba muy próxima al barrio de Everton, en el que había reservado un hostal por 7₤ la noche...el precio más bajo de los que encontraría durante mi estancia en el Reino Unido.

La primera impresión de Liverpool sería muy positiva...hay lugares en los que desde el principio te encuentras bien, y en mi caso, Liverpool sería uno de ellos. Mientras caminaba desde la estación al albergue, comenzaría a llover al tiempo que anochecía...sin embargo, sería un paseo muy agradable. Las afueras de Liverpool son similares a las de un pueblo grande...la mayoría de las viviendas son unifamiliares, con 1 o 2 alturas, y abundan las zonas verdes, en las que a pesar de la lluvia, muchos niños jugaban al fútbol, un deporte que sin duda ha contribuído a la actual fama de la ciudad.

 

               

                                                  Port of Liverpool Building                      Museum of Liverpool, en Pier Head

 

Con una población cercana a los 450.000 habitantes, y un área metropolitana de más de 800.000, Liverpool es una de las ciudades más importantes de Inglaterra, especialmente de la zona norte, en la que junto a Manchester, es el centro económico, social y cultural. A priori puede parecer un destino poco turístico, pero a pesar del pasado portuario e industrial de la ciudad, Liverpool resulta una ciudad acogedora y con muchos más atractivos de los que en un primer momento podemos imaginar.

A la mañana siguiente de mi llegada, caminaría desde Everton hacia el centro de la ciudad, en dirección al Puerto de Liverpool, una de sus principales atracciones. A principios del siglo XIX, Liverpool se convertiría en uno de los puertos más importantes del mundo, gracias a su importante actividad comercial basada en la exportación e importación de productos como azúcar, café, acero o algodón, algo que provocaría un importante desarrollo económico e industrial en toda la región.

Fruto de esta época de expansión económica se construiría a principios del siglo XX, y en las inmediaciones del Río Mersey, Pier Head, un conjunto arquitectónico formado por edificios de estilo clásico, como el Royal Liver Building o el Port of Liverpool Building, monumentos como el de los caídos de la marina mercante o el dedicado a los ingenieros que perderían la vida en el Titanic, o el recientemente construído Museum of Liverpool, inaugurado en el año 2011 y en el que serían invertidas algo más de 70 millones de libras.

Una zona que en el año 2004 sería designada como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y que muchos visitantes consideran como la principal atracción turística de la ciudad. Además, en sus inmediaciones se encuentra el muelle de Albert Dock, uno de los lugares más representativos de Liverpool y que en el momento de su construcción, a mediados del siglo XIX, se convertiría en el conjunto de edificios más grande del país. En la actualidad, Albert Dock ha sido remodelado, y en él podemos encontrar tiendas, restaurantes y museos, como el de los Beatles, uno de los más visitados de la ciudad.

 

           

                                                 Albert Dock, junto al puerto                          Calles del centro de Liverpool

 

Y es que precisamente los Beatles, el grupo más famoso de la historia de la música, es uno de los elementos más representativos de la cultura popular de Liverpool...y qué mejor forma de empaparse de este ambiente que visitando ''The Cavern'', el local en el que el grupo haría algunas de sus primeras actuaciones, y en el que actualmente se conservan todo tipo de instrumentos, guitarras, baterías, e incluso el primer contrato que firmaron con Brian Epstein, el que posteriormente sería su manager, allá por 1961.

De esta forma, caminaría desde la zona del puerto en dirección a The Cavern, ubicado en el número 10 de Mathew Street, una zona bastante céntrica de la ciudad. Una vez allí, el ambiente es incomparable...realmente parece que viajas atrás en el tiempo y que en cualquier momento John, Paul, Ringo o George van a aparecer para tocar alguna de sus canciones. Además del pequeño museo, y la obligada tienda de souvenirs (pues el local es igualmente una atracción turística), la decoración parece seguir intacta décadas después, lo cual conserva el encanto que se le presupone a uno de los clubs de rock and roll más famosos del mundo. Sin duda un lugar que por su historia, ambiente y tipismo, merece la pena visitar.

                  

          

                                              The Cavern, una visita obligada            Instrumentos utilizados por los Beatles

 

Pero Liverpool también es una ciudad monumental, y prueba de ello son construcciones como el St George's Hall, un enorme edificio de estilo neoclásico, construído en 1854, que actualmente cumple funciones tan dispares como la de teatro, sala de reuniones o juzgado de la ciudad. Además, en Liverpool hay dos catedrales...una anglicana, cuya construcción comenzaría a principios del siglo XX y sería concluída en el año 1978, en la que se utilizaría como principal material la arenisca roja, y otra católica, conocida como Catedral Metropolitana de Liverpool, ubicada a menos de 1Km de distancia, y aunque algo más antigua, con un aspecto mucho más moderno que la anterior.

Tras caminar concienzudamente por el centro de Liverpool, me daría cuenta de que se trata de una ciudad con mucha más vida de la que imaginaba...al igual que días atrás me sucediera en Manchester, la impresión de lugar gris o apagado se vino abajo cuando, quizás por el buen tiempo de aquella semana, veía como las calles se llenaban de gente paseando o entrando a las muchas tiendas y centros comerciales de la ciudad...además el ambiente nocturno era bastante bueno, y resultaba fácil encontrar locales con todo tipo de música en directo en los que conocer gente, y más viajando solo, no resultaba complicado.

Sin embargo, una de las zonas que más me gustaba de la ciudad era el barrio de Everton, en el que se encontraba mi hostal...es cierto que no es un barrio lujoso, ni atractivo a ojos del turista, pero me resultaba muy agradable, especialmente por sus parques y zonas verdes, como el de Ruper Lane, que además se encontraba en una pequeña colina desde la que es posible ver una buena panorámica de la ciudad.

Además, muy cerca de esta zona se encuentra la sede de una de las instituciones que junto a los Beatles ha paseado el nombre de Liverpool por todo el mundo, su equipo de fútbol. Lo cierto es que en Liverpool hay dos equipos, el Liverpool F.C, equipo inglés con más Copas de Europa en su palmarés (5) y sede en el estadio de Anfield, que toma el nombre de la ciudad, y el Everton, con sede en el estadio de Goodison Park, que toma el nombre del distrito, aunque ambos estadios se encuentren en Everton. La situación es algo curiosa, pues ambos estadios, cuyos equipos mantienen desde hace décadas una rivalidad histórica, se encuentran separados por apenas 800 metros, o lo que es lo mismo, el parque Stanley, en el que además se encuentra un cementerio.

Durante mi estancia visitaría el estadio de Anfield, con capacidad para 42.000 espectadores, y lo cierto es que, si ya de por sí en los estadios británicos se respira un ambiente excelente, en este la atmósfera es todavía más especial.

 

         

                                             Anfield, estadio del Liverpool F.C                    Liverpool desde el río Mersey

 

Me gustaba Liverpool...su ambiente, sus calles, su gente..incluso mi hostal de 7₤ la noche resultó ser mucho más acogedor de lo que en un principio había imaginado, pero el viaje debía continuar...es cierto que me sentía bien allí, pero la ciudad no es excesivamente grande, y al 3er día ya tenía la sensación de haber visitado todo...además, mi próximo destino me hacía especial ilusión, pues para llegar a él, debía atravesar durante más de 7 horas el Mar de Irlanda en uno de mis medios de transporte favoritos...el barco.

Tras despedirme de Liverpool y dirigirme al puerto de Birkenhead, al otro lado del río Mersey, ya estaba listo para embarcar...Próximo destino: Belfast

 

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