Londres, una semana en la capital británica (II)

Tras llegar a Londres y tener mi primera toma de contacto con la capital británica, visitando la mayoría de lugares emblemáticos de su centro histórico, comenzaría mi segundo día de viaje dirigiéndome hacia una de las zonas más pintorescas de la ciudad, Nothing Hill. Ubicado entre los distritos de Kensington y Chelsea, y a unos pasos de Hyde Park, Nothing Hill es uno de los barrios más ''alternativos'' de Londres..repletos de tiendas y mercadillos de música, antigüedades, ropa y objetos de segunda mano, atrae a miles de turistas cada año..el barrio saltó a la fama gracias a la película protagonizada por Julia Roberts y Hugh Grant, del mismo nombre, allá por 1999, y desde entonces son muchos los curiosos que se acercan en busca de la librería en la que se desarrolla la trama o la casa de William, uno de sus protagonistas.

Una vez recorrida Portobello road, la calle principal que atraviesa el barrio de norte a sur, tomaría el metro hasta el centro de Chelsea, una de las zonas más exclusivas de la ciudad. Allí visitaría Stamford Bridge, el estadio de fútbol del equipo local, donde es posible realizar un tour de un par de horas a lo largo de todo el recinto..vestuarios, museo, sala de prensa, etc...aunque el precio es elevado, superior a las 20 libras, por lo que dado mi bajo presupuesto, decidí dar una vuelta por el estadio, y aprovechar que una de sus puertas estaba abierta, para entrar y realizar mi ''tour particular''. Siempre me han gustado los estadios de fútbol británicos..salvo un par de excepciones (Wembley, Old Trafford..) no son excesivamente grandes, pero en todos ellos se respira un ambiente de fútbol espectacular.

 

           

                                           Tienda de música en Nothing Hill              Stamford Bridge, estadio del Chelsea

 

Desde Stamford Bridge, tomaría un autobús hasta uno de los centros comerciales más exclusivos no sólo de Londres, sino de todo el mundo, los Almacenes Harrods. En ellos es posible encontrar prácticamente de todo...y a cualquier precio. Desde ositos de peluche a 4000 libras, pasando por camellos de juguete a tamaño natural, joyas de todo tipo, zapatos, ropa hecha de las pieles más exclusivas, mariscos, material deportivo...o lo que es lo mismo, 90.000m² repartidos en 5 plantas repletas de artículos de lujo. Unos grandes almacenes que, tras pertenecer al empresario egipcio Al-Fayed, fueron adquiridos por la familia real de Qatar por un precio que oscila los 1500 millones de libras. Un lugar digno de visitar.

Tras recorrer los grandes almacenes, caminaría a través de la calle Knightsbridge para llegar a uno de los pulmones más importantes de la ciudad, Hyde Park...un parque que con sus más de 140 hectáreas lleva siendo durante décadas el principal lugar de esparcimiento para los habitantes de la ciudad, y lo cierto es que su visita merece la pena. Amplísimas zonas verdes, senderos, lagos, zonas equipadas con tumbonas, y una gran amalgama de lugares en los que se practican todo tipo de actividades lúdicas. Me encanta visitar los parques más importantes de las grandes ciudades, pues nos permiten hacer un alto en el camino, y recargar las pilas para proseguir nuestra ruta entre rascacielos y grandes avenidas.

Hasta el momento había tenido mucha suerte con el tiempo...no sólo no llovía, sino que los días eran soleados y las temperaturas permitían incluso vestir de manga corta, algo poco habitual en Inglaterra a principios del mes de abril. En cuanto a la comida, mantenía mi presupuesto de 10 libras diarias entre desayuno, comida y cena, algo que, si bien resultaba complicado y me obligaba a evitar restaurantes y comparar precios continuamente, era posible gracias a los sandwiches y platos precocinados de los supermercados Tesco. Aparte de lo destinado a comida, sólo gastaba dinero en transporte público, que gracias a la Oyster card era bastante rentable...tampoco gastaba dinero en entradas a atracciones o lugares turísticos, algo que en Londres resulta bastante caro (a excepción de museos, como la National Gallery, cuya entrada es gratuíta), o en souvenirs como las camisetas, sudaderas o todo tipo de accesorios que vendían en las zonas más comerciales del centro...parece que no, pero en este tipo de detalles es donde se ''pierde'' gran parte de nuestro presupuesto, y fue tras mis primerios viajes, en los que caía en la trampa de comprar estos artículos, donde entendí que eran totalmente prescindibles, y que con el dinero que gastamos en ellos, fácilmente podríamos adquirir el billete de avión para un próximo viaje.

 

          

                                              Grandes almacenes Harrods                                        Hyde Park

 

Tras mi media hora de descanso en el césped de Hyde Park, continuaría mi camino a través de una de las calles más conocidas de la ciudad, Oxford Street. Con más de 300 tiendas repartidas a lo largo de sus casi 2Km de longitud, Oxford Street está considerada como la calle comercial por excelencia de la ciudad de Londres. Tiendas de lujo, grandes almacenes, librerías, factorías deportivas...lo cierto es que es una calle capaz de volver loco a cualquier amante de las compras, sin embargo, lo que más me gusta de ella es su vitalidad...el pasear por ella y ver el ir y venir de miles de personas a prácticamente cualquier hora del día, el tráfico, el continuo devenir de los típicos autobuses rojos de dos pisos...algo similar a lo que justo un año antes había vivido en la 5ª avenida de Nueva York, con las tiendas de lujo y los tradicionales taxis amarillos.

Al finalizar mi recorrido por Oxford Street, llegaría a la zona del Soho, enclavada en pleno centro de la ciudad y conocida por sus pubs, restaurantes, clubs y ambiente nocturno. Siempre había oído hablar del Soho como una zona poco recomendable, una especie de ''barrio rojo'', pero lo cierto es que, al menos durante aquellas horas de la tarde, había un ambiente de lo más normal, siendo la mayoría de sus paseantes familias y grupos de turistas. Tras visitar el Soho, caminaría hasta la cercana Picadilly, y desde allí, tomaría el metro hasta una zona cercana a mi hostel, que hasta el momento no había podido visitar. Se trataba de ''La city'', conocida por ser el distrito financiero de la ciudad, una zona repleta de edificios de oficinas, bancos y rascacielos, donde se encuentra la sede de la Bolsa de Valores o el Banco de Inglaterra.

Pero sin duda, una de las principales atracciones de sus inmediaciones es la célebre Catedral de San Pablo. Considerada como la 2ª más grande del mundo (tan sólo superada por la de Basílica de San Pedro, en Roma) esta impresionante catedral anglicana sería construída entre 1676 y 1710 bajo las órdenes del arquitecto Christopher Wren. Gracias a sus 110 metros de altura, sería el edificio más alto de Londres durante más de 250 años, en los que ha sido testigo de funerales como los de Nelson o Winston Churchill, de bodas como la del príncipe Carlos con Diana Spencer, o de los jubileos de las reinas Victoria e Isabel II. Tras visitar la Catedral y ver anochecer en sus inmediaciones, volvería caminando a mi habitación, ubicada a unos 20 minutos a pie, dando así por terminado mi 2º día de visitas en la ciudad.

 

           

                                                           Oxford Street                                           Catedral de San Pablo

 

Al día siguiente madrugaría, como de costumbre, para emprender mi camino por el centro de Londres. Ya había visitado la mayor parte de lugares de interés, a excepción de dos que, al igual que la Catedral de San Pablo, se encontraban relativamente cerca de mi albergue, la Torre y el Puente de la Torre de Londres.

Era domingo y hacía un tiempo excepcional, casi veraniego. Aquel día se celebraba la maratón de Londres, una de las más multitudinarias del mundo...la ciudad estaba engalanada para la ocasión, y el dispositivo de seguridad era bastante considerable. Caminando a orillas del Támesis, me dirigí hacia el famoso Puente de la Torre de Londres, por el que casualmente transcurría la carrera, provocando las ovaciones de los allí presentes.

Construído en 1894, este puente levadizo de estilo victoriano es uno de los elementos más representativos de Londres, y como tal, ha aparecido en multitud de películas, series de televisión y elementos de la cultura popular británica. Lo cierto es que el lugar me sorprendió gratamente...pues en persona me parecería mucho más bonito que en fotografías, donde me daba la sensación de ser algo lúgubre o tétrico. Sin embargo, se trataba de una zona muy agradable..tras recorrer el puente a pie, deteniéndome para observar cada detalle de su cuidada estructura, llegaría a la otra orilla del Támesis, en la que me esperaba una atracción casi más popualar que la que acababa de visitar.

Prisión, fortaleza o residencia real, la Torre de Londres ha sido, desde el momento de su construcción en el año 1078 por Guillermo I, uno de los símbolos más feacientes de la historia de la ciudad de Londres. Desde la White Tower, o edificio central, pasando por las Joyas de la Corona Británica, sus capillas, o los célebres cuervos que merodean por sus alrededores, la visita a la Torre de Londres es casi fundamental durante nuestro recorrido por la capital británica...parece un lugar de cuento, de leyenda..y lo cierto es que para los aficionados de la historia es un lugar digno de mención.

 

            

                                            Puente de la Torre de Londres                                   Torre de Londres

 

Londres es un lugar que da para más de mil y una visitas...durante el resto de mis días de estancia en la ciudad, visitaría lugares como Covent Garden, los mercadillos de Camden Town, The Monument, o el peculiar edificio del Ayuntamiento de Londres, recientemente construído.

También tendría tiempo de reencontrarme con viejos amigos, conocer la vida nocturna de la ciudad, tomar alguna pinta, y acostumbrarme a cruzar la calle mirando al lado opuesto, a calcular las distancias en millas o a pagar en libras, además de probar cada una de las variedades de sandwiches de los supermercados Tesco. Tras 4 días inolvidables, volvería a tomar el metro en London Bridge, esta vez con dirección a la estación Victoria.

Por delante me esperaban casi 4 horas de trayecto hasta una nueva capital, esta vez la del País de Gales..próxima parada, Cardiff.

 

 

 ©2017 Mis Rutas por el Mundo