Avanos, Parque Nacional de Goreme y Estambúl (II)

El tiempo en Nevsehir transcurría muy rápido. Si bien las mañanas las dedicábamos a participar en diversas actividades relacionadas con el proyecto, las tardes estaban destinadas a conocer los enormes encantos de una zona que sabíamos que nos iba a sorprender. Tras familiarizarnos con la vida de la ciudad, comenzamos a visitar distintos puntos de interés de los alrededores, entre los que destacaría el pueblo de Avanos.

A unos 20 km de Nevsehir, y con cerca de 35.000 habitantes, Avanos sería uno de mis lugares favoritos de Capadocia. Dividido en dos por el río Kızılırmak, el más largo de Turquía, Avanos es un lugar repleto de vida, con numerosos bazares y pequños talleres de alfarería, donde pasear por los alrededores de la mezquita principal, ubicada a los márgenes del río, resulta un verdadero placer.

Otra de las atracciones principales de la zona, es el Parque Nacional de Goreme, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1985. En él, podemos apreciar el típico paisaje cárstico de Capadocia, además de monumentos, monasterios, iglesias e incluso viviendas, actualmente habitadas, construídas en el interior de las cuevas. En general toda la zona está bien preparada para el turismo, pues es fácil encontrar bazares, restaurantes y puestos con souvenirs a lo largo del camino, aunque en ningún momento tendría la sensación de estar en un lugar masificado.

 

            

                                                     Mezquita de Avanos                               Parque Nacional de Goreme

 

En general toda Capadocia tiene una riqueza cultural única, dada la influencia recibida por asirios, hititas, persas, helenos, romanos y bizantinos, todos ellos habitantes, en algún momento, de una zona ubicada en un enclave especial. Además de Avanos o el Parque de Goreme, en Capadocia pueden visitarse ciudades como Kayseri (la más poblada de la zona), Aksaray o Ürgüp, donde enontraríamos la única discoteca de la zona, abierta hasta altas horas de la madrugada. También son característicos algunos restos de ciudades subterráneas, como los de Kaymaklı o Derinkuyu, o el valle de Zelve, en el que apreciaremos paisajes similares a los del Parque de Goreme.

En cuanto al clima, este dependerá en gran medida de la época del año en la que nos encontremos, pues existen grandes contrastes entre verano e invierno. Si bien en verano se alcanzan los 40º, en invierno las temperaturas bajan con frecuencia de 0º, dada también la altitud de la zona (siempre por encima de 1000 metros), de modo que, aunque viajemos en primavera u otoño, siempre será recomendable llevar algo de ropa de abrigo.

Tras finalizar con éxito el proyecto, y despedirnos de parte de los miembros de la expedición, pondriamos rumbo a Estambul para tomar el vuelo de vuelta, no sin antes visitar una ciudad que a la ida tan solo pudimos contemplar desde el autobús.

El viaje de vuelta lo realizaríamos por la misma ruta, volviendo a recorrer de noche las 14 horas de trayecto entre Nevsehir y la ciudad de Estambul. Recuerdo atravesar de madrugada la capital, Ankara, una ciudad de enormes avenidas y repleta de edificios diplomáticos. Unas horas más tarde, volveríamos a cruzar el estrecho del Bósforo, frontera natural entre Asia y Europa, para llegar a nuestro destino, el centro de Estambul.


            

                                    Puente fronterizo entre Asia y Europa                       Lateral de la Mezquita Azul

 

Estambul es una ciudad única en el mundo. Con 12 millones de habitantes, es la 3º ciudad más poblada de Europa, y probablemente la más extensa de todo el continente. Tras ser capital del Imperio Romano de Oriente, y posteriormente del Imperio Otomano, cedió su papel de capital de Turquía a Ankara en 1923, aunque nunca ha dejado de ser el centro económico, social y cultural del país.

Probablemente el lugar más carismático de la ciudad sea Santa Sofía, antigua basílica patriarcal ortodoxa, reconvertida a mezquita y recientemente habilitada como museo. Realmente pasear por los alrededores de Santa Sofía es un espectáculo, dada la belleza del lugar. Las colas para entrar suelen ser largas, por lo que debéis de armaros de paciencia para entrar, aunque la espera seguro que merecerá la pena.

A unos 400 metros de Santa Sofía se encuentra otro de los lugares más visitados de la ciudad, la Mezquita Azul, o Mezquita del Sultán Ahmed, cuyos 6 minaretes y más de 20.000 azulejos azules a buen seguro no os dejarán indiferentes.

Tras visitar ambos lugares, vajamos hasta una zona costera, desde la cual podíamos apreciar el Estrecho del Bósforo, y la cantidad de barcos de grandes dimensiones que cruzaban de un lado a otro del mismo. Otra de las atracciones de la ciudad es el Gran Bazar, en el que desde un primer momento, intrépidos vendedores tratarán de ofrecernos todo tipo de productos, en su mayoría falsificados, a precios ventajosos. No conviene olvidar nunca la idea del regateo, pues se convierte en obligación, ya que es algo con lo que desde un principio cuentan todos los vendedores a la hora de inflar los precios.

Aunque no seamos amantes de las compras, es recomendable visitar el bazar, pues la diversidad de gentes, colores, olores y sabores seguro que nos sorprenderá.

 

            

                                                En el Estrecho del Bósforo                                 Interior del Gran Bazar

 

Esa misma tarde volveríamos al aeropuerto de la ciudad para emprender el camino de vuelta a casa.

Nunca he sido fan de los viajes organizados o en grupos numerosos, pero aquella ocasión fue especial. Desde el primer momento los integrantes de aquel grupo formamos una gran familia, y juntos disfrutamos de unos días difíciles de olvidar.

Unas 4 horas y media después aterrizaríamos en Madrid, y María, Helena y yo, nos despediríamos para dar definitivamente la aventura por concluída.

El próximo destino no se haría esperar, aunque en aquel momento tendría tiempo para únicamente recordar las cantidad de experiencias positivas que había vivido en Anatolia Central... Hasta siempre Turquía!

 

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