Entrevista al viajero Jorge Sánchez

Para Jorge Sánchez la pregunta de cuántos países conoce tiene fácil respuesta: todos.

Nacido en Hospitalet de Llobregat, comenzaría a viajar en solitario a los 13 años, cuando se escapó de casa de sus padres para llegar al Sáhara español. Ya con la mayoría de edad, emprendería un viaje de 2 años por buena parte de Europa occidental, que además de ayudarle a aprender idiomas, le serviría como preparación para las innumerables aventuras que estaban por llegar.

Dar la vuelta al mundo en 7 ocasiones, visitar la totalidad de países reconocidos por las Naciones Unidas o acceder a territorios ''prohibidos'' para un occidental son algunas de las líneas de un currículum viajero que, al menos en España, no tiene comparación, y es que Jorge es una de las personas más viajadas del mundo...

 

Mapamundi de Jorge Sánchez, con todos sus viajes

 

Jorge, ¿Cuál fue tu primer viaje en solitario?
Aunque cuando tenía 13 años abandoné el hogar paterno y meses más tarde acabé en el entonces Sáhara español, donde los legionarios no me dejaron proseguir a Mauritania y me devolvieron a la península, considero mi primer viaje el que realicé de los 18 a los 20 años recorriendo durante 2 años 11 países de Europa occidental, trabajando en diversos lugares (fui pastelero en la Isla de Wight, mozo de maletas en un hotel de Bruselas, vendedor de quesos en Génova, aprendiz en un laboratorio de prótesis dental en París...), practicando el autostop y alojándome en dormitorios de los albergues de juventud o entre el follaje de la naturaleza. 
 
Mi objetivo era aprender lenguas extranjeras y lo que se suele llamar mundología, para emprender en un futuro de viajes de más envergadura a otros continentes. Tuve que interrumpir ese viaje a los 20 años para incorporarme como recluta en el Servicio Militar en San Javier, Murcia, pues en esos tiempos era obligatorio en España o si no te declaraban prófugo y no podía visitar a mi familia durante 7 años, cosa que yo no deseaba.
 
 
 
¿Cómo se lo tomó tu familia?
Mis padres hubieran preferido que me quedara siempre en casa, encontrara un trabajo, me casara con una mujer virtuosa y viviera como la mayoría de las personas. Pero yo debía ser fiel a mi naturaleza, que me exigía conocer el mundo de primera mano, con mis propios ojos. Nunca me sentí culpable de viajar, pues en casa éramos 4 hermanos, y a los otros 3 nunca les ha gustado viajar, así que mis padres nunca estuvieron solos. Yo les enviaba siempre una postal desde cada ciudad nueva que visitaba. Siempre estuve a su lado en los momentos más cruciales y he interrumpido más de un viaje por ellos. Ser un buen hijo es más importante que ser un buen viajero.
 
 

 

En Samarcanda, Uzbekistán

 

Desde entonces has dado 7 vueltas al mundo. ¿Cuál recuerdas con más cariño?

La primera vuelta al mundo es como el primer amor, nunca se olvida. Por ello la primera es mi preferida. Además, duró exactamente 1.001 días, como los cuentos de las 1001 noches de Scheherezade. Otras vueltas al mundo que he realizado también han sido muy exóticas, como en la que crucé el Estrecho de Bering desde Provideniya en Chukotka (Rusia) hasta Nome en Alaska (Estados Unidos). Las vueltas al mundo son los viajes más perfectos que existen pues en ellas se abraza al planeta Tierra de un extremo al otro, y el viajero lo siente al traspasar la línea del tiempo en el centro del océano Pacífico.

 

¿Qué consejos le darías a alguien que quiera dar una vuelta al mundo?
Que, por favor, ¡nunca jamás abandone esa maravillosa idea y la realice! será una de las mejores cosas que haga en su vida pues una vuelta al mundo es algo que nunca se olvida, es un logro personal que siempre te dará satisfacción. Considero que tener un hijo, escribir un libro, plantar un árbol y dar una vuelta al mundo son las cuatro cosas básicas e importantes que una persona ha de hacer en su vida para sentirse completo.
 
 
 
¿Qué es lo mejor de viajar solo?, ¿Y lo peor?
Hay muchas ventajas en viajar solo, como por ejemplo relacionarse más fácilmente con las gentes locales de los países que se visitan, pues si te ven acompañado no toman la iniciativa para entablar conversación contigo y temen molestarte. Cuando vas solo te suelen abordar y hacer preguntas ya que suscitas curiosidad. Lo peor es que a veces quisieras compartir con alguien las cosas bellas que visitas o sientes y no tienes a nadie a tu lado. Yo generalmente comienzo un viaje en solitario pero suelo relacionarme por el camino con los locales y hago amistad con ellos, y con frecuencia comparto parte de mi viaje con otro viajero (o viajera) que lleva mi mismo itinerario.
 

 

 

                                             

                          Junto al Indian Express, tren que une Sydney y Perth                                                      En Levuka, Isla de Fiji

 

¿Qué 5 países recomendarías visitar a todo viajero?
Mis 5 países favoritos por continente son: India en Asia, Etiopía en África, México en América, Papúa Nueva Guinea en Oceanía y España en Europa. Tengo predilección por los países de cultura ancestral.
 
 
 
¿Qué continente te parece el más interesante?
Sin duda Asia. Siempre me ha fascinado y es el continente en el que he pasado más años de mi vida viajera. Podría vivir felizmente en Calcuta (India), amo esa ciudad, lo mismo que Kashgar en China, Yazd en Irán, Bujara en Uzbekistán, y sobre todo Jerusalén, en Israel. Sin embargo, la mayoría de mis amigos viajeros sienten más pasión por África.
 
 
 
Rusia es un destino al que has viajado en múltiples ocasiones. ¿Qué es lo que más te atrae del país?
Rusia es especial y he llegado a conocer todas sus 85 divisiones territoriales, desde Kaliningrado a Vladivostok, desde las islas Kuriles a la península de Kola. Rusia es un paraíso para un viajero que ama la aventura por ser el país más grande del planeta (puede contener a España 34 veces) y estar muy inexplorado, sobre todo Siberia. 
 
En mi caso, Rusia es doblemente especial porque el destino me ha unido sentimentalmente para siempre a ese país debido a mi familia rusa (estoy ahora escribiendo desde la ciudad de Blagoveshchensk, en la region del Amur, donde estoy viviendo junto a mi esposa y mi hijo de 3 años). De Rusia me atrae la cultura de las etnias del Ártico, su gastronomía tan mezclada con la de los países de Asia Central y del Cáucaso, la naturaleza, los personajes universales y sabios que ha dado, como Aleksandr Solzhenitsyn, san Serafin de Sarov, Nikolai Roerich o Andrei Rubliov, Y, todo hay que decirlo, de Rusia también me ha atraído la belleza de sus mujeres.
 
 
 
¿Consideras que es más fácil viajar ahora o en tus inicios, en los años 70?
En mis años mozos no había internet ni guías de viaje (aunque yo jamás las he utilizado) ni vuelos económicos de líneas denominadas de bajo coste, como en la actualidad. En compensación, todo era virgen, llegabas por ejemplo a poblados de Vietnam, China o Filipinas y con frecuencia eras el primer extranjero que los nativos veían, algunos te tocaban los pelos del pecho para ver si eras real. Yo prefiero esos tiempos románticos, todo era descubrimiento y admiración. Había servicios internacionales de barco que hoy han desaparecido porque han surgido vuelos que son más baratos. Hoy todavía quedan sitios vírgenes, pero es más complicado acceder a ellos, como por ejemplo a poblados habitados por algunas etnias de Siberia, donde para llegar se necesitan permisos especiales, además del visado ruso. 
 
Sin necesidad de cometer la temeridad de intentar llegar a las islas Nicobar (donde los nativos te pueden matar con flechas si te acercas) se pueden ver tribus practicando costumbres ancestrales en las islas Andamán, también en el norte de Myanmar o en los siete estados indios del noreste (Nagaland, Mizoram, Arunachal Pradesh, etc.), o incluso en las profundidades de la Amazonía y en la isla de Nueva Guinea.
 
 

 

                                             

                                                        En Miyajima, Japón                                                                En el Parque Nacional de Trakai, Lituania

 

En tus viajes nunca faltan visitas a monasterios. ¿Cuáles te han impactado más?
El que más me impactó fue el primero donde viví una temporada como un monje, al norte de Kioto, en Japón. Era un monasterio budista zen. Algunas de sus lecciones me impresionaron de tal manera que no las he olvidado y aún hoy las practico, como sentir el aquí y el ahora en todo momento, recordando que la vida es preciosa, un milagro, que un día morirás y no hay que desperdiciar ni un momento tratando de vivir de manera correcta y tratar de averiguar el sentido de tu existencia. También me enseñaron a amar todo cuanto respira. 
 
El Monasterio Dionisius, del Monte Athos, uno de los diez que visité en el año 1984, también lo recuerdo con nostalgia por sus monjes, que me enseñaron cosas básicas pero muy importantes en la vida. Y, sin ir más lejos, me subyugó la bondad de los monjes del Monasteio de Zenarruza, en Vizcaya, España, donde pernocté cuando realicé a pie el Camino del Norte a Santiago.
 
 
 
Hay algún destino que se te haya resistido y quieras visitar en el futuro?
En el año 2003, tras aterrizar en Somalia, logré visitar el último país de las Naciones Unidas que me faltaba por conocer. Sin embargo, me tuve que contentar con pasar tres días en Hargeysa, en Somalilandia, pues no me dejaron entrar en la capital Mogadisho debido a la situación de guerra que padecía; sólo pude escalar en su aeropuerto durante unas pocas horas. 
 
Mogadisho es, junto a Riad (Arabia Saudita) una de las dos únicas capitales de país de las Naciones Unidas donde no he estado. Así pues, Mogadisho es una ciudad que quisiera concocer en un futuro, cuando la situación bélica cese. Otro destino que se me ha escapado por falta de dinero es el Polo Sur Geográfico, pero nunca iré pues aunque consiguiera los 50.000 euros que cuesta volar allí, antes preferiría mil veces gastar ese dinero en el bienestar de mi familia.
 
 
 
Has plasmado tus viajes en más de 20 libros. Si solo pudiéramos comprar uno, ¿cuál recomendarías?
Los libros que uno escribe son creaciones íntimas, casi como hijos y a todos se ama por igual. El primero que edité fue Viaje a la Sudamérica exótica y aún hoy, al releerlo, me emociono al comprobar lo osado y temerario que era en mi juventud (ahora ya no lo soy tanto al tener responsabilidades familiares). Sin embargo, mi libro favorito es La Vuelta al Mundo en Mil y un Dias, donde narro mi primera vuelta al mundo desde abril de 1982 a diciembre de 1984. Viajar va acompañado de escribir. Siempre, al llegar la noche tengo necesidad de anotar mis impresiones del dia. Otro libro de los que estoy orgulloso es: Rusia, un viaje a sus 85 territorios, pues es único. Nunca antes se había escrito un libro abarcando en un solo tomo todas las divisiones de ese inmenso país, ni siquiera en lengua rusa.
 
 
 
 
                           
 
 
 
 
¿Qué has sacrificado para viajar durante más de 30 años netos de tu vida?
Yo creo que lo que he ganado y aprendido durante mis viajes supera ampliamente lo que haya podido sacrificar. Claro, he sacrificado tener una vida holgada. Prácticamente todo el dinero que he ganado en diversos trabajos lo he invertido en los viajes, por eso hoy no tengo ni coche (nunca he tenido) ni una cuenta bancaria con muchos ceros a la derecha. Pero no lo lamento pues soy feliz viviendo de manera simple, modestamente, con lo puesto (aún me pongo a veces un jersey que me dieron en la mili hace más de 40 años). 
 
Sólo tengo un par de pantalones, el de diario y el de los domingos, una camiseta a rayas como la del caco Bonifacio que me pongo en verano, más otra de invierno, para cuando vengo a Rusia, un par de botas para el frío y unos zapatos que me compré de oferta hace años en Kazajstán. No obstante, si volviera a nacer volvería a ser viajero.
 
 
 
¿Qué le dirías a alguien que quiera dedicar su vida a viajar?
Que sea fiel a ese deseo y viaje, naturalmente, pues viajar te abre al mundo, te hace más maduro, te ayuda a ver las cosas con tu propia perspectiva y sin la nefasta influencia de las televisiones o diarios, que te distorsionan la realidad, te adoctrinan. Viajar te ayuda a eclosionar. Sin embargo, el viajero ha de comprender que no todo es viajar en la vida; hay otras cosas más importantes. Viajar es un instrumento muy útil para desarrollarte como ser humano y adquirir conocimientos de humanidades, pero en algún momento se han de abandonar los viajes para dedicarte a algo más trascdendental, como por ejemplo formar una familia y educar a tus hijos.
 

 

Muchas gracias por la entrevista Jorge, siempre es un placer estar en contacto contigo y aprender de tus experiencias.

 

Si queréis leer más sobre Jorge Sánchez os recomiendo visitar su blog. En él cuenta con detalle muchas de las aventuras que ha vivido a lo largo de sus viajes...experiencias en monasterios, visitas a lugares declarados Patrimonio de la Humanidad, sus viajes más peligrosos...y podéis encontrar los más de 20 libros que ha publicado. Yo me he leido la mayoría y os aseguro que ninguno defrauda.

Hace ya unos años, en Barcelona, tuve la oportunidad de conocer a Jorge personalmente, y si algo me llamó la atención más que su currículum viajero, fueron la humildad e ilusión con las que cuenta sus experiencias. Un viajero de otra época, de los que ya no quedan y con el que muy pronto espero poder volver a tomarme un café.

Hasta pronto Jorge!

 

 

¿Cuál fue tu primer viaje en solitario?

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