Teheran: mi experiencia en la capital de Irán

El viaje en autobús desde Isfahán a Teherán duraría unas 8 horas. La primera sorpresa del viaje fueron las buenas condiciones del autobús, mejor que cualquiera de los que hubiera utilizado antes en Europa. La familia con la que me alojé en Isfahán me aconsejó contratar un autobús VIP, que por 10€ el trayecto (precio muy razonable para 450km de recorrido) ofrece asientos completamente reclinables, agua, una caja con galletas y zumos y aire acondicionado. Una opción que sin duda recomiendo.

Tras un viaje bastante ameno en el que haríamos una parada a mitad de camino, llegaría a Teherán a primera hora de la tarde. Lo primero que me llamó la atención de la ciudad fue la cantidad de tráfico, había atascos por todas partes y el sonido del claxon nos acompañaría la hora de trayecto que empleamos en llegar a la estación desde las afueras, y es que Teherán es una ciudad inmensa. La capital de Irán cuenta con más de 8 millones de habitantes y buena parte del tejido industrial del país, siendo considerada una de las grandes capitales del mundo islámico y a buen seguro, una de las ciudades de mayor tamaño que he visitado.

Mucha gente ignora Teherán a nivel turístico, considerándola una urbe caótica y contaminada, pero como nunca me ha gustado juzgar los sitios antes de conocerlos había decidido darle una oportunidad y pasar tres días completos en ella. Una ciudad de este tamaño, historia y población algo debía de tener...

 

                           

                                     Torre Milad, la más alta de Irán                                                                      Panorámica nocturna de Teherán

 

Una vez encontrado mi hostel, ubicado junto a la estación de metro de Baharestán y por el que pagaría tan sólo 7€ la noche (en habitación compartida), comenzaría mi recorrido por Teherán. 

El primer lugar que visité fue la Torre Milad, situada en una colina al norte de la ciudad. Con 435 metros es la torre más alta de Irán, así como la sexta torre de comunicaciones más alta del mundo. Además de un centro comercial, restaurantes, galerías de arte y un centro de congresos, alberga un observatorio a más de 300 metros de altura, desde el que se puede observar una panorámica de 360º de la ciudad. Una buena idea es acudir al observatorio al atardecer, para ver la puesta de sol y disfrutar así de las vistas tanto de día como de noche.

Al día siguiente, tras una primera toma de contacto más que satisfactoria, comenzaría mi recorrido por el Palacio de Golestán, uno de los lugares de visita obligada en Teherán. Declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, este complejo palaciego sirvió como residencia real durante la dinastía Kayar (1785 - 1925) y actualmente, alberga buena parte de los tesoros históricos de la ciudad. Además de los distintos museos que en él podemos encontrar, me llamaron la atención sus cuidados jardines, por los que resulta realmente agradable pasear. La entrada al recinto cuesta 150.000 riales, dando derecho a visitar los jardines y las estancias más importantes, como el Salón de recepciones o la Sala de los Espejos. Para otras estancias y exposiciones es necesario adquirir una entrada aparte, cuyo precio oscila entre los 50.000 y los 150.000 riales (entre 1 y 3€).

 

                           

                                              Palacio de Golestán                                                                                                   Sala del Palacio

 

Muy próxima al Palacio de Golestán se encuentra la principal atracción turística de Teherán, el Gran Bazar, considerado el más grande del mundo. Realmente adentrarse en este bazar es toda una aventura...pasillos kilométricos repletos de puestos con alfombras, especias, joyas, frutos secos, ropa, dulces...y un ir y venir continuo de carros, mercancías y motocicletas sorteando a los miles de transeúntes que lo recorren cada día. 

Algo que se percibe en el Gran Bazar es que Teherán no es una ciudad turística, pues apenas encontraremos tiendas con imanes, postales o souvenirs, resultando un lugar mucho más auténtico en el que se venden productos del día a día. Por otro lado, al contrario de lo que sucede en bazares como los de Estambúl o norte de África, los vendedores no tratan de seguirte y agobiarte ofreciéndote sus productos, y aunque es posible regatear, en ningún momento tuve la sensación de que trataran de estafarme con precios prohibitivos. Aunque en ocasiones se asocie a Irán con los países árabes, el carácter de los persas es muy diferente y más allá de la religión, poco tienen en común con saudíes, libaneses o emiratíes, por poner un ejemplo.

Más allá de las compras puntuales que podamos hacer, recorrer el Gran Bazar es la mejor forma de integrarnos en el día a día de Teherán, conocer su ideosincrasia, funcionamiento y en definitiva, tomarle el pulso a la ciudad. Además resulta un lugar totalmente seguro, por lo que no debéis tener miedo a perderos por sus calles...los propios bazaríes os indicarán la mejor forma de retomar vuestro camino y serán los primeros que se alegrarán de que fotografiéis sus productos.

 

                           

                                         Calle próxima al Gran Bazar                                                                               Puesto del Gran Bazar

 

Otro de los puntos más emblemáticos de Teherán es la Torre Azadi, que por su peculiar arquitectura y significado histórico es considerada símbolo de la ciudad. Fue inaugurada en el año 1971 para conmemorar los 2500 años del imperio persa, y aunque inicialmente fue llamada Torre Shahyad (en honor al Shah) la revolución iraní de 1979 hizo que adoptara su nombre actual.

Al encontrarse algo retirada del centro, decidí que la mejor forma de llegar a ella sería en transporte público (y así evitar el tráfico). Para ello tomaría la línea 4 del metro (amarilla) hasta la estación Meydan-e Azadi. El billete de metro cuesta unos 0,20€ y es moderno, seguro y eficiente. Al salir de la estación me encontraría con numerosos taxis, autobuses...y es que la Torre se encuentra en un verdadero nudo de comunicaciones, entre una de las principales estaciones de autobuses de la ciudad (Teheran West) y el Aeropuerto de Mehrabad. A pesar de ello, y tras sortear decenas de vehículos de todo tipo, llegaría a los jardines que rodean la Torre Azadi. Dado el mal tiempo de aquel día, con cielos nublados y lluvias ocasionales, sería el único visitante, por lo que aprovecharía el momento para tomar algunas fotografías y pasear con tranquilidad.

 

                           

                                                       Torre Azadi                                                                                      Mezquita del centro de Teherán

 

Visitadas las principales atracciones de Teherán, dedicaría el resto de mi estancia en la ciudad a pasear, degustar la gastronomía local, volver a perderme por el Gran Bazar, visitar alguna de las muchas mezquitas que encontraba a mi camino y sobre todo, reflexionar sobre lo que había sido mi experiencia en Irán.

Por un lado, Teherán no tiene la belleza y el misticismo que había encontrado anteriormente en Isfahán o que presumiblemente tengan otras ciudades del país (Shiraz, Yazd, Persépolis..) pero no deja de ser una ciudad interesante, repleta de historia y cuya visita, de al menos un par de días, recomiendo para entender la realidad y el día a día de Irán. Por otro lado, me alegraba enormemente haber dado el paso de visitar Irán, un destino maltratado por la opinión pública del que se suele obviar su enorme patrimonio histórico y cultural. Además, Irán es uno de esos destinos que gana en las distancias cortas, donde el trato con la gente, su amabilidad y hospitalidad hacen que muchos de los prejuicios con los que llegamos al país se vengan abajo y podamos disfrutar de una experiencia única en un país diferente.

Al tercer día de mi llegada volvería a tomar el metro, y después un autobús, para llegar al Aeropuerto Iman Jomeini y dar por finalizado mi viaje....hasta pronto Irán! Espero volver a visitarte algún día..

 

 

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